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TRES SINGULARIDADES y VASCOS
historia vascos ATARDECER EN LA CONCHA de Trigo
CONTIENE

Señorío de Oñate
Pirineos inalterados en 2.000 años
El Lauburu o Lábaro cántabro
Aquitania
historia vascos SEÑOR DE OÑATE
EL SEÑORÍO DE OÑATE

Los de Guevara disfrutaban del Señorío de Oñate desde 1149 y hasta 1845 en calidad de señores feudales. Hasta la anexión de Guipúzcoa a Castilla (año 1201) eran vasallos del reino de Navarra, y posteriormente de Castilla. Por tanto, la villa no pudo ser guipuzcoana o alavesa y su señor dependía directamente del rey. Era una de las principales facciones gamboinas, y durante los siglos XIII y XIV se apoderaron del patronato del monasterio de San Miguel (de carácter episcopal) y de las ferrerías de Zubillaga. Sus clérigos dependían de la diocésis de Calahorra. Los habitantes de la Villa de Oñate pretendieron en numerosas ocasiones desprenderse de los privilegios del Señorío y unirse a Alava o a Guipúzcoa, pero siempre fracasaron ante los Guevara.
En 1388, 87 hidalgos presentaron un listado de desafueros para desligarse del señorío feudal, y Beltrán de Guevara los procesó criminalmente, mandando quemar sus casas, talar sus manzanales y desterrarlos. Pedro Vélez de Guevara acordó que los alcaldes de la villa los designaba él directamente, así como que era él único Juez en primera instancia de todo el señorío.Fue el responsable directo de la quema de Mondragón en 1448. en las luchas de gamboínos y oñacinos.
Iñigo Vélez de Guevara se enfrentó al Condestable de Castilla, que hizo caso a los vecinos para sanar las injusticias del señor, pero el de Guevara se salió con la suya y evitó que la ciudad se incorporase a las Juntas o hermandad de Guipúzcoa. A pesar de que el señorío era refugio de bandidos y perseguidos de la Justicia y de que el rey ordenase la entrada violenta del Corregidor con sus tropas en la ciudad, sólo se consiguió que el de Guevara entregase a algunos de los foragidos, pero sin mermar sus derechos feudales.
Los derechos señoriales consistián en : administraba la Justicia, designaba a los alcaldes de Oñate y Salinas de Leinz, a los escribanos (notarios), cobranza de tributos pecuniarios y capitanía de guerra de la gente armada del señorío., cobraba los derechos de carcelaje de los presos y dictaba sentencias de horca. También disfrutaba del derecho de "puerco ezkurbeste" y que consistía en que de cada rebaño de puercos que se engordasen en los montes, le hubiesen de dar uno al señor.
Se regía por la leyes del reino de Castilla para los temas con hidalgos, y por el fuero navarro respecto a los labradores y plebeyos. En 1539 el obispo Mercado y Zuazola donó al señorío la construcción de una Universidad, siendo a su costa la construcción de los edificios y dotaciones.
Diversos alcaldes e hidalgos principales se rebelaron sucesivamente, siendo notable la del alcalde Juan Pérez de Lazarraga, pero siempre hubieron de doblegarse al señorío quien los desterraba tras despojarlos de todos sus bienes.Durante las guerras carlistas, Oñate fue una de la capitales y cuartel general del Pretendiente, refugio de tropas carlistas derrotadas, sin que Espartero ni demás sucesivos generales se atreviesen a entrar en la Villa.
Funcionó una fábrica de armas y una maestranza, se tiró la Gazeta oficial del reino y ejército carlista. Por fin, en 1845 se llegó a la anexión de Oñate a GUIPUZCOA, como querían sus habitantes, y dependió desde esa fecha de la Juntas Generales en todo lo relativo a a lo político, administrativo, judicial y económico. Esta anexión la aceptó el Señor de Oñate bajo determinadas condiciones que fueron aceptadas:

a) que se construye una carretera de coches desde Ormaiztegi a Oñate, b) que la Provincia le pagase 20.000 reales anuales y c) que se le aumentase a la Universidad de Oñate la asignación de mantenimiento.
Y a partir de ahí, Oñate se incorporó como miembro a las Juntas Generales de Guipúzcoa y se le asignó el segundo asiento a mano izquierda del Corregidor (Gobernador del Rey).
Historia vascos PIRINEOS
PIRINEOS INALTERADOS

El mito de una Arcadia feliz en que habría vivido el "pueblo vasco" con plena identidad de tal, soberano y libre y bajo un régimen patriarcal y democrático es un absurdo histórico, pero alimenta hoy políticas letales.

También lo son otros mitos más precisos sobre la época medieval referidos a que "los vascos" elegían libremente a su señor, o que pactaron su integración en la Corona de Castilla.

Pero el problema más grave, que supera al historiador, es que tales mitos han adquirido en este caso "potencia homicida", como ha escrito Martínez Gorriarán, y en su sentido estricto.

Así ocurre cuando las distintas corrientes del nacionalismo vasco, sin distinción, pretenden que, si esa fabulosa Arcadia dejó de existir, se debió necesariamente a la agresión de fuera, a la ocupación militar de ese inexistente País Vasco de cuento de hadas por parte de esa "nación enteca y miserable" que era España para el orate Sabino Arana; o por los Estados español y francés, nada menos.

Los nacionalistas necesitan sentirse víctimas inocentes de un enemigo exterior. Las realidades son más simples y menos malévolas.

No sólo nunca existió esa llamada Euskal Herría a caballo del Pirineo (la soñada "Siete en Uno" o Zazpiak Bat de Arana); tampoco un ente político ni siquiera administrativo "País Vasco" que englobara a las tres provincias vascongadas.

Jamás ha existido un "pueblo vasco" democrático, de individuos libres e iguales. Jamás hasta que -al margen el abortado precedente de 1936-37- se ha desarrollado el Estatuto de Guernica, aprobado con entusiasmo por la sociedad vasca y emanado de la Constitución española de 1978.

En este escenario se advierte que, precisamente donde el Pirineo no es un obstáculo serio, los parentescos entre los montañeses caristios y várdulos (vascones) de la franja Nervión-Bidasoa y las gentes del otro lado, que ocupan tierras más abiertas y de contornos más indefinidos, no fueron un lazo bastante fuerte como para que puedan advertirse los rasgos de una comunidad medianamente formada siquiera.

Tras la conquista romana las tierras más o menos eusquéricas de la Galia quedaron englobadas en la provincia de Aquitania y las tribus de la zona ibérica en la Tarraconense de Hispania, adscritas al convento jurídico de Clunia, al sur de la actual provincia de Burgos.

Hoy sabemos muy bien que no sólo Álava y Navarra fueron tan intensamente romanizadas como otras zonas de España, como escribiera Caro Baroja, sino que las propias Vizcaya y Guipúzcoa lo fueron también mucho más de lo que se creía y los buscadores de peculiaridades identitarias se complacen en afirmar.

Cohortes enteras de vascos hispanos combatieron bajo estandarte romano en Italia o Inglaterra.

También es cierto que la pobreza y marginalidad de estas tierras facilitaron que sus gentes no se incorporaran en masa al modo de vida romano y mantuvieran su inestabilidad y su tendencia al bandolerismo y las incursiones violentas en zonas vecinas más ricas; pero su fama de irreductibles y belicosos no estaba para el historiador Lacarra del todo justificada.

Con la salvedad que señalaré, esa frontera pirenaica hasta la desembocadura del Bidasoa ha permanecido INALTERADA durante más de DOS MIL AÑOS, un caso verdaderamente excepcional en Europa.

El IPARRALDE (Euskadi Norte) del absurdo irredentismo nacionalista de hoy nunca alcanzó a tener una identidad diferenciada dentro de Francia ni a establecer unos lazos particulares con nuestra zona vasca.

Con otras muchas tierras formó parte del DUCADO de GASCUÑA (nombre que parece deberse a inmigrantes vascones peninsulares en el s. VI) inserto a su vez en el REINO CAROLINGIO DE AQUITANIA, que después y como un inmenso feudo y categoría de ducado estuvo en manos de la Monarquía de Inglaterra entre 1154-1204 y 1259-1453.

Alfonso VIII de Castilla, soberano legítimo de las tres provincias vascas, intentó en 1204-05 hacerse con Gascuña porque era la dote de su esposa, Leonor de Inglaterra; no sólo fracasó ante la lejana Burdeos sino que también Bayona se le resistió con éxito.

Tan sólo en los inicios del s. XIII el rey navarro Sancho VII el Fuerte aprovechó hábilmente las circunstancias para obtener la sumisión de algunos señores ultrapirenaicos, con lo que se iniciaba el dominio formal y la integración de la luego llamada Merindad de Ultrapuertos (Baja Navarra) que permaneció en manos de la Monarquía de Pamplona y luego de la castellana y española hasta su cesión definitiva a Francia por Carlos I en 1529-30.

Labourd-Lapurdi y Soule-Zuberoa no conocieron nunca una relación semejante con ningún dominio navarro o vasco hispano ni conformaron ninguna entidad común.

Cuando la Asamblea Nacional de 1789, al comienzo de la gran Revolución Francesa, dividió el país en departamentos como medida fundamental para superar las rémoras históricas y los poderes de los grupos privilegiados de un Antiguo Régimen a enterrar, ambas comarcas, con la Baja Navarra (cuyos diputados sí protestaron tímidamente contra la medida) quedaron integradas en el Departamento de los Bajos Pirineos y ésa es la realidad que persiste hoy, más de dos siglos después.

Pero, precisamente por ello, cabe preguntarse y debatir sin prejuicios sobre si no fue la actitud contemporizadora de la Monarquía con ciertas particularidades de las tierras vascas -entre otros motivos de fondo por su propia pobreza y marginalidad- la que ha contribuido a las posteriores fabulaciones, como ha ocurrido en Aragón o Cataluña.

Gonzalo Martínez Díez ha estudiado, por ejemplo, cómo se sostuvo durante mucho tiempo que la cofradía alavesa de Arriaga (1258) era una "formación política independiente" y que, a partir de ahí, "se inventó un gobierno electivo e independiente para Álava ya desde el s. VIII", falsedad que se aplicó también a Guipúzcoa.

La realidad es muy otra.

Muy poco después de la invasión musulmana, de la que quedó libre de hecho la franja costera septentrional, nos encontramos a un Alfonso I de Asturias repoblando Las Encartaciones, hoy vizcaínas, o a un Alfonso II, hijo de una vasca, ayudando en 816 a sostenerse al naciente núcleo cristiano de Pamplona, que todavía tardará en englobar el NO. de la actual Navarra.

Con la creciente seguridad, los montañeses vascones, de vida aún muy primitiva, descienden al llano y contribuyen a repoblar tierras de Burgos, Álava y Rioja, mezclándose allí con inmigrantes mozárabes del sur.

En la zona Nervión-Bidasoa, algunas gentes más abiertas y, sobre todo, señores asturleoneses, parientes, vasallos y agentes de los reyes, van creando una "superestructura política" (Lacarra) y todo ello facilita su mayor integración en la zona de resistencia cristiana.

A partir de ahí se conocen bien las alternativas históricas que hacen que las tierras vascas, o sólo parte de ellas, queden englobadas bien en el reino de Castilla bien en el de Pamplona-Navarra, pero sin intervención de maléficas manos "antivascas".

Si en el siglo. X el primer conde de Castilla que se independiza de León es a la vez conde de Álava y de parte de la "tierra de los várdulos", el asesinato en 1020 de su descendiente, el joven García, es lo que permite al cuñado de éste, Sancho III el Mayor de Pamplona (que parece que no fue del todo ajeno al hecho) apropiarse de una Castilla extendida a Cantabria y de todas las tierras vascas, colocando al señor aragonés García Aznar como tenente-gobernador de Guipúzcoa, nombre que aparece ahora, y a Íñigo López como primer conde o señor de Vizcaya.

Sancho, un gran monarca por muchos motivos, se ha adueñado también de los condados del Pirineo central.

Entonces empieza a llamarse "Emperador de España" y, según Maravall, se convierte en "el primer actualizador conocido, entre los reyes, de la idea de España". Es el gran momento del reino medieval de Pamplona; suficiente para que ahora los nacionalistas quieran glorificarlo como padre del gran "estado vasco" que jamás existió. Ideología manda, historia pierde.

Esa situación dura cincuenta años y las tornas históricas cambian: en 1076 el asesinato por sus hermanos de Sancho IV en Peñalén altera el mapa de las Españas: una Navarra muy reducida, aunque con salida al mar, queda de hecho absorbida hasta 1134 por la pujante monarquía aragonesa, mientras las tierras vascas pasan de nuevo a Alfonso VI de Castilla-León, un reino ya muy extenso que ofrecía a los señores de tierras mejor abrigo y más posibilidades de desarrollo.


Aún habrá dos cambios de fronteras del mismo tipo: crisis castellana y minoría de Alfonso VIII dan ocasión a Sancho VI, primer rey que se denomina "de Navarra", de recuperar efímeramente Álava y el oeste de Guipúzcoa, en la que funda y da fuero a San Sebastián en 1180.

En 1200 Alfonso VIII se desquita y rinde fácilmente Vitoria y, por los mismos motivos de conveniencia y pragmatismo, los numerosos tenentes de tierras vascas, empezando por el nuevo señor de Vizcaya, Diego López de Haro, le juran fidelidad, sin más acciones de fuerza.

La incorporación [a Castilla] más que obra de las armas lo fue de las negociaciones, pero no con las provincias, que no tenían entidades políticas o administrativas, sino con sus tenentes

(Martínez Díez).


LAUBURU ¿VASCO o CÁNTABRO?
Historia Vascos lauburu




Desde hace bastantes años, se han popularizado en Cantabria y en el País Vasco dos símbolos denominados "lábaro" y "lauburu" cuya finalidad es representar respectivamente a ambos pueblos.

Se han llegado a hacer todo tipo de afirmaciones acerca de ellas, en algunos casos excesivamente dogmáticas y categóricas y en demasiadas ocasiones realizadas desde la ignorancia. A causa de ello, y de la extraordinaria repercusión que han tenido en la cultura popular de ambos pueblos, pretendemos hacer un somero análisis de su origen histórico.


Sabemos por Tertuliano y Minucio Félix que existía un estandarte militar romano denominado cántabrum. Consistía en un pendón de tela roja que estaba sujeto a un travesaño colocado perpendicularmente al asta de sujepción del estandarte.

Como los romanos poseían otro tipo de insignia que obedece a esta misma descripción (los vexilum) es de suponer que se diferenciase de estos por el motivo que iría bordado en la tela.

Este tipo de estandartes debía estar bastante difundido entre los pueblos célticos pues aparece representado en el Arco de Orange y en acuñaciones celtibéricas.

Se supone que el uso de esta insignia fue tomada de las tropas de auxiliares cántabros que prestaban servicio a Roma, del mismo modo que sabemos por Arriano que el ejército romano copió dos tácticas de caballería, el circulus cantábricus y el cantabricus impetus.

Posteriormente, el Codex Theodosianus nos habla de los cantabrarii, una especie de colegio encargado de portar el labarum, un famoso estandarte imperial romano.

Este estandarte nos es descrito por Eusebio como una tela de color púrpura ricamente enjoyada, que colgaba de un travesaño del asta.

En las acuñaciones de la época este estandarte nos es presentado con un símbolo cruciforme. A modo de curiosidad, este es el estandarte que Constantino vió poco antes de su conversión la cristianismo.

Tras esta conversión, el labarum se transforma en el crismón, el anagrama que representa a Cristo, consistente en una "X" sobre la que se superpone una "P", apareciendo frecuentemente respresentado en la iconografía romana.

Etimológicamente LABARUM proviene de la raíz (p)lab- `hablar´, de donde se ha derivado el adjetivo labaros, `orador´, ampliamente representado en las lenguas celtas: galés: llafar `habla´, `idioma´, `voz´, `orador´; antiguo córnico y bretón: lavar `palabra´; antiguo irlandés: labar `charlatán´, labrad `habla´, `lenguaje´; irlandés: labhar `locuaz´, `en voz alta´ y labhairt `palabra´, `habla´ < célt. (p)labro-.

En el fragor de la batalla, los estandartes eran utilizados para enviar órdenes o señales a las tropas, pues resulta imposible que una voz de mando se escuche en mitad de un combate en el que participan miles de hombres. De ahí su significado: "el que habla".

Varios autores, ante esta clara relación, han visto el origen del labarum como una influencia indirecta de los cántabros a través del estandarte militar denominado "cántabrum".

De hecho, como hemos visto, el término lábarum es CELTA, no latino.

Y en consecuencia no resulta demasiado descabellado pensar que los antiguos cántabros poseyeran un estandarte denominado lábaro que básicamente consistiese en un pendón de tela roja con un motivo cruciforme.

Ante estos datos, modernas interpretaciones, encabezadas por Montes de Neira, han identificado al lábaro con el símbolo cruciforme que aparece representado en varias estelas discoideas gigantes, como en la de Zurita (Cantabria).

El fenómeno de las estelas gigantes es típicamente cántabro, excepto por ejemplos aislados, como la de Coaña en Asturias y varios ejemplares hallados en Vizcaya.

Existen además infinidad de paralelismos con estelas, eso si, de menor tamaño, dentro de todo el ámbito celtiberico, siendo tal vez los ejemplos burgaleses los que presentan mayores semejanzas (Borobia, Lara de los Infantes y Clunia, entre otros).

Las estelas VIZCAINAS presentan la semejanza de poseer similares dimensiones a las estelas de los valles centrales de Cantabria, además de su típica decoración circular a base de triángulos en sus márgenes.

La estela de Coaña asturiana no posee ningún tipo de decoración o seguramente este tan erosionada que lo ha perdido.

Por su parte, los ejemplos burgaleses, encontrados algunos de ellos en contextos arqueológicos muy claros, que nos permiten datar el fenómeno desde finales del siglo I a.C. a mediados del I d.C., presentan enormes semejanzas en las representaciones figurativas de las estelas de Zurita y San Vicente de Toranzo.

No obstante, la representación astral formada por cuatro crecientes lunares rematados en circulos no se presenta mas que en otros escasos ejemplos, el mas próximo desde el punto de vista geográfico se trata de una estela aquitana.

Por lo demás, existen bastantes semejanzas en motivos ornamentales de tipo geométrico en algunos hallazgos arqueológicos de todo tipo que han aparecido por toda la península e incluso en Europa.

Con todo, pese a que esta representación astral posea pocos paralelismos fuera del territorio cántabro (circunscrito al mismo contexto epigráfico y funerario), no se puede afirmar mas allá de cualquier duda, que efectivamente el signo cruciforme que apareciese en el cantabrum fuese el representado en estas estelas discoidales.

Eduardo Peralta Labrador ha sido quien ha realizado el estudio mas serio sobre el tema y argumenta que, al ser el labarum una evolución del estandarte cántabro, lo lógico es que se le pareciese y por tanto fuera en realidad una X, similar a la CRUZ DE SAN ANDRÉS.

Se basa ademas en diversos datos, como en un ara dedicada al Genio et signis de la Cohors Filda Vardulorum Equitata acantonada en el campamento de Riechester (Elsdon, Gran Bretaña), en la que aparece representado un estandarte de este tipo.

Ademas, en diversas acuñaciones galas se nos presenta un guerrero en actitud de dominar una figura monstruosa mientras enarbola un estandarte con este símbolo. Supuestamente se trataria de Taramis, dios del rayo y vencedor del monstruo serpentiforme (tema muy difundido en la mitología céltica) y este estandarte representaría al rayo.
Segun Peralta, el uso de estandartes similares se encontraba muy extendido entre los pueblos celtas y germánicos. Aporta interesantes datos como la inscripción de una estela de Rairiz de Veiga (Orense) en la que se lee: "A Bandua, dios de los vexilla, socio de Marte", o un texto de Olao Magno que habla de los pueblos germánicos de Europa Septentrional:

"Pues, con atentas súplicas y con ritual más ceremonioso, veneran un paño rojo colgado de la parte alta de un asta o pértiga, pensando que reside en el cierta virtud divina, debido al color rojizo semejante a la sangre de los animales. Igualmente porque piensan que con su contemplación van a ser más afortunados en la matanza de bestias, bebiendo su sangre..."

Efectivamente, según Duzémil el rojo es el color que los pueblos indoeuropeos antiguos relacionaban a sus deidades guerreras y uno de los epítetos atribuidos al dios cántabro de la guerra es Erudinus, formado por la raíz celta rud- que significa "rojo" y al mismo tiempo "fuerte". Peralta relaciona el uso de este tipo de estandarte a las cofradías de guerreros de tipo indoeuropeo, a las cuales dedica otro amplísimo estudio en su obra.

Por tanto, segun Peralta el "cántabrum" sería un ejemplo más de una serie de insignias militares muy extendidas por el mundo indoeuropeo y seguramente fuera utilizado por mas pueblos del norte de Hispania.

En todo caso, Montes de Neira ha popularizado la idea de que el lábaro era "el estandarte mas antiguo de la humanidad".
Esta grandilocuente afirmación es, por supuesto, totalmente falsa. Se encuentran documentados estandartes SUMERIOS, ASIRIOS y EGIPCIOS que evidentemente son mas antiguos que el labarum.

Aparte de otros estandartes persas, sanmitas, celtas, romanos... pues como ya hemos dicho, el uso de este tipo de insignias era bastante común entre los pueblos de la antigüedad.

Además, en muchos casos se han dado deliberados intentos de falsificación histórica, al intentar presentar este símbolo astral en los escudos de los guerreros cántabros representados en el adverso de la Estela de Zurita y en las acuñaciones romanas, cuando en realidad no se pueden apreciar detalles de este tipo.

Como conclusión a todo esto, podemos afirmar que resulta innegable que este símbolo es típicamente "cántabro" (lo cual no significa que exclusivo) y que para este pueblo debía poseer un fuerte valor simbólico de algún tipo, religioso, seguramente.

Es importante destacar que en el adverso de la Estela de Zurita aparece representado un ritual funerario que es citado por Silio Itálico y Eliano entre los celtíberos y vacceos: la exposición de los cadáveres de los caídos en combate a los buitres, para que de esta forma accedan al mas allá.

Como el mas allá céltico se encontraba en el oeste, donde se oculta el sol, resulta perfectamente verosímil que una representación solar asociada a un vestigio con una finalidad funeraria (como es una estela), en la que además hay representada una escena de este tipo, trate de simbolizar el mas allá.

Resulta significativo que hasta principio del siglo XX se hayan conservado en algunas zonas de Cantabria la costumbre de rezar un padrenuestro mirando al sol en el ocaso, pues se pensaba que era allí donde moraban los muertos. El paraíso según la mitología irlandesa era Tir na n-Og ("la tierra de los Jóvenes"), situada al oeste, bajo el mar.

Lauburu vasco

Respecto al Lauburu vasco, su origen se remonta a las teorías vasco-cantabristas que estuvieron tan de moda entre varios historiadores vascongados entre los siglos XVI y XVIII.

Según estas teorías, los antiguos cántabros, el pueblo que "tan ferozmente había resistido al imperialismo romano", eran en realidad los ancestros de los modernos vascos.

En un intento de sustentar estas peregrinas teorías, los vasco-cantabristas no dudaron en falsear toda clase de datos históricos, llegándose a inventar un supuesto himno de batalla cántabro en vascuence, "el Canto de Lelo".

Aunque la puntilla definitiva para el vascocantabrismo fue la obra de Enrique Flórez "La Cantabria. Disertación sobre el sitio y extensión que en los tiempos de los romanos tuvo la región de los cántabros", publicada en el año 1768, estas ideas quedaron fuertemente arraigadas en Vizcaya y Gipúzcoa, siendo herederas de las mismas el movimiento fuerista del siglo XIX.

Al ser estas "teorias" completamente rebatidas por los estudios históricos, se paso a difundirse en el campo literario en novelas pseudo-históricas y leyendas completamente ficticias como "LA LEYENDA de AITOR" de Joseph Agustin CHAHO, "AMAYA, o los vascos en el siglo VIII" de Francisco Navarro Villoslada o "Leyendas vasco-cántabras" de Vicente Arana.

La intención de este movimiento literario era exaltar el orgullo vascongado e intentar servir de respaldo ideológico al movimiento fuerista, tratando de legitimizarlo desde el punto de vista histórico, inventado de esta forma una tradición inexistente mas acorde con sus postulados.

Por supuesto, el vasco-cantabrismo aportó su propia versión del lábaro. Como en vascuence lau significa "cuatro" y buru "cabeza", se buscó un símbolo que reuniese estas carácterísticas, en este caso uno de los muchos motivos astrales de origen prerromano indoeuropeo que se han conservado en todo el norte de España hasta nuestros días como un motivo ornamental mas.

Resulta significativo que pese a que muchos investigadores de la cultura vasca destaquen el origen ancestral y milenario de este símbolo, al mismo tiempo reconozcan que no se encuentran ejemplos anteriores al siglo XVI en Euskadi.

Simbología

Tanto al Lábaro cántabro como al Lauburu vasco se les ha asignado en épocas modernas toda clase de valores simbólicos. En el caso del Lauburu por ejemplo, algunos tales como "representar los cuatro elementos de la creación: agua, tierra, aire y fuego", simbolizar a "los dos sexos", a "las energías que conforman el universo" o "la lucha de la luz frente a las tinieblas".

Sin embargo, estas interpretaciones son bastante subjetivas y en muchas ocasiones no son mas que suposiciones, mas o menos acertadas, realizadas por personas de nuestra época y que responden a valores que estan hoy en día mas o menos de moda dentro de ambientes progresistas, pero que no necesariamente tendrían que estar asentados en la época.

En conclusión a todo esto, se puede afirmar lo siguiente:

1- Entre los antiguos cántabros existía un estandarte militar consistente en un pendón de tela rojo sobre el cual estaba bordado un símbolo cruciforme. Es probable que este estandarte fuera el origen del labarum romano.


2- La identificación de este símbolo con el que aparece en la estela de Zurita no está exenta de dudas.

3- No obstante, este símbolo es típico de la Cantabria Antigua y bastante característico, poseyendo sin duda algún importante valor simbólico, seguramente de tipo religioso (tal vez represente el mas allá).

4- El Lauburu vasco es una interpretación moderna del Lábaro cántabro basándose en la errónea premisa de que los antiguos cántabros eran los ancestros de los modernos vascos.

5- Este símbolo no es exclusivamente vasco, posee además un origen indoeuropeo y es mas frecuente en otras zonas penínsulares, tales como Asturias.

6- Los valores simbólicos que se suelen atribuir a las "estelas" y otros símbolos astrales de origen indoeuropero son interpretaciones modernas, carentes de base histórica. Tal vez alguna de ellas se corresponda a la realidad, pero en todo caso resulta indemostrable.





ENRIQUE III de NAVARRA y IV de FRANCIA
Historia vascos EnriqueIV de Francia
AQUITANIA o "Iparralde"
Hijo de Antonio de Borbón y de Juana de Albret, en 1562 heredó el reino de la BAJA NAVARRA o Ultrapuertos, con el nombre de Enrique III de Navarra.

BAJA-NAVARRA está constituida por los cantons de : Iholdi, Baigorri, Donibane Garazi y Donapaleu.Superficie :1. 214,2 km² es decir 121.418 hectáreas.Población : 24.565 habitantes actualmente.

Formó parte del Reino de Navarra junto con la actual Comunidad Foral de Navarra (Alta Navarra) hasta 1512, fecha en la que fue conquistada por Fernando el Católico, con la incorporación del territorio que logró controlar (la Alta Navarra) a la Corona de Castilla.
Las comunas que lo componen forman parte de los cantones de Bidache (parcialmente), Hasparren (parcialmente), Iholdy, La Bastide-Clairence (parcialmente), Saint-Étienne-de-Baïgorry, Saint-Jean-Pied-de-Port y Saint-Palais (parcialmente). Todos en el distrito (arrondissement) de Bayona.
Hugonote por educación, partícipa de las guerras de religión de Francia.
El 30 de abril de 1589, se reconcilia con Enrique III de Francia, el cual le reconoce como su sucesor. El 2 de agosto del mismo año, muere Enrique III durante el asedio de París. La Liga, el Papa y Felipe II de España, se niegan a reconocerle como rey de Francia, porque es protestante, y proponen al cardenal Carlos de Borbón (Carlos X).
El 25 de julio de 1593 se convierte al catolicismo. Con este gesto pacificó el país, tanto en política exterior como en el interior, por medio del edicto de Nantes (1598). Firma la paz de Vernins con España.
El 17 de diciembre de 1600 se casa con María de Médicis, con quien engendró a su sucesor, Luis XIII.
Mantiene un gobierno absolutista. Bajo su reinado, Francia vivió un importante avance económico. Se fundan las primeras colonias francesas en Canadá.
Murió el 14 de mayo de 1610 asesinado por Ravillac, un fanático católico.

La Aquitania, en cuya región está incluída la zona de Gascuña o territorio fronterizo con el País Vasco español, estuvo sucesivamente bajo dominio romano, visigodo, franco, británico, y por último a partir de 1.610 en manos de la corona francesa.
Alarico II (484-507), desde los inicios de su regencia, tuvo que hacer frente a la constante amenaza de Clodoveo, rey de los francos salios, cuyo afán expansionista llevó a constantes enfrentamientos a visigodos, francos y burgundios. Las relaciones inestables y las tensiones entre francos-católicos y visigodos-arrianos, obligaron a Alarico a enfrentarse en el campo de batalla contra Clodoveo en el año 507.
Las tropas de uno y otro ejército se encontraron en las cercanías de Vogladum (Vouillé, cerca de Poitiers). Los visigodos fueron derrotados y Alarico murió en el enfrentamiento. Las consecuencias de esta derrota cambiaron de forma radical el futuro del pueblo visigodo que, abandonando sus asentamientos aquitanos, se vio obligado a huir hacia el sur penetrando por los pasos pirenaicos en la Península Ibérica.

Esta victoria abre a Clodoveo I el camino hacia el sur, conquista Toulouse, hasta entonces capital de los visigodos, Aquitania, Gascuña y Limousin. Tras la derrota, los visigodos sólo conservaron la Septimania en el actual territorio francés.

La Dinastía Merovingia fue una familia de estirpe germánica que gobernó la actual Francia y parte de Alemania entre los siglos V y VIII. Eran descendientes de Meroveo, jefe militar franco, fundador de la dinastía. Clodoveo I (¿466? – 511) fue el primer monarca de la dinastía.

A su muerte el reino franco fue dividido entre sus hijos, según la costumbre de los merovingios. Otro monarca destacado de la dinastía fue Dagoberto I (¿? – 639) que después de muchos años de división territorial, volvió a unir los reinos francos bajo su gobierno.

Después de Dagoberto I, el poder de los merovingios se fue disgregando y a medida que pasó el tiempo, los Mayordomos de palacio acabaron siendo los verdaderos dirigentes del reino franco.
Los mayordomos de palacio Carlos Martel, y su hijo Pipino el Breve (fundador de la dinastía Carolingia), acabaron con el poder de los monarcas merovingios y Pipino destronó al último rey merovingio, Childerico III, para proclamarse rey de los francos. La dinastía merovingia, fue substituida entonces por la dinastía Carolingia.
Merece destacarse, también, a Adelaida de Aquitania ( v 945 - 1004 ), duquesa de Aquitania y reina consorte de los Francos (987-996).Nacida el año 945 siendo hija de Guillermo III de Aquitania, conde de Poitiers y duque de Aquitania, y su esposa Adela de Normandía. Fue hermana pequeña del también duque Guillermo IV de Aquitania.
Se casó el año 968 con Hugo Capet, primer rey de los Francos de la dinastía Capet. De este matrimonio nacieron cuatro hijos.
El año 987, a la muerte de Luis V, último rey de la dinastía Carolingia, Hugo Capet fue escogido nuevo rey de los Francos. Hugo Capet fue proclamado rey en Noyon y coronado en Reims, iniciándose así la nueva dinastía Capet, y convirtiendo a Adelaida en reina consorte.
En 1137 los territorios de la Aquitania (incluídos Laburdi, Zuberoa) fueron aportados en dote por Leonor, heredera del ducado franco de Aquitania, al matrimonio que realizó con Luis VII, rey de Francia.
No debe de olvidarse que todo este periodo es de dominio señores feudales y obispos que actuan de forma muy independiente aunque sometidos a un rey a los efectos de vasallaje.
Pero tras el divorcio, la misma Leonor en el año 1152 incorporó sus dominios como dote al nuevo matrimonio con Enrique Plantagenet, rey de Inglaterra desde 1154.
Este rey Enrique II tuvo que luchar contra los señores feudales de Aquitania, contra su mujer Eleonor y contra su hijo Ricardo Corazón de León.
Sin embargo éste último Ricardo Corazón de León se instaló en Poitiers como duque de Aquitania en 1169.
A pesar de todo, la Baja Navarra (actualmente la zona de Ultrapuertos )fue cedida al reino de Pamplona antes de 1189.
En 1191 Berenguela, hija de Sancho VI el Sabio de Navarra, se casó con Ricardo Corazón de León,rey de Inglaterra, el cual donó a su mujer en viudedad la GASCUÑA.
En julio de 1512 Fernando el Católico invadió con las armas el reino de Navarra. El 5ºduque de Alba se posesionó por la fuerza de San Juan de Pie de Puerto.
Dos tentativas de los reyes navarros, de dinastía francesa, de reconquistar sus tierras fracasaron. Pero Carlos V que abandonó provisionalmente la Baja Navarra en 1521, lo hizo de modo definitivo en 1530.
Los intentos anteriores de los reyes Albret por recuperar la Baja Navarra aconsejaron a Carlos V retirar el ejército de 10.000 hombres que tenía en la zona.
Porque después de la pérdida del reino en 1512, en enero de 1516 Juan de Albret con el ánimo de reconquistar el reino, había entrado en la Baja Navarra y conquistado San Juan de Pie de Puerto poniendo sitio a la ciudadela.
Del mismo modo Enrique II de Francia había tomado San Juan de Pie de Puerto el 15 de mayo de 1521, con el ánimo de pasar a la conquista de Alta Navarra.
La batalla de NOAIN de 1521 dejó definitivamente la Alta Navarra para Castilla, pero la suerte quedó indecisa en el territorio de Baja Navarra.
La dificultad de poder defender la Baja Navarra fue aprovechada por el rey legítimo de Navarra para organizar en Baja Navarra las instituciones al estilo de la vieja Corte en Pamplona.
En efecto los Estados Generales fueron restaurados en 1523, la Chancillería en 1524 y poco después la casa de la moneda en Saint-Palais etc.

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JAVIER AROCENA

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