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A L B I O N - BRITANNIA y VASCOS

Historia vascos EXPANSION DE JUTOS y SAJONES
INDICE DE ESTA PÁGINA
Inicios celtas
Bajo Roma
Los Pictos
Anglos, Jutos y Sajones
Germanización de Inglaterra
Patricio
El vikingo Canuto rey de Inglaterra
Siglos XVII y XVIII
Wellington en 1813
PRIMER MILENIO ANTES C.
A principios del primer milenio, grupos del celtas cruzaron el Canal de la Mancha, en busca de territorios para asentarse. Su superioridad militar frente a las gentes del Campaniforme significó el establecimiento de los primeros asentamientos definitivos, focos sin duda para la expansión hacia casi todos los lugares de Britania, relegando y asimilando a las culturas previas.El hierro no solo les daba ventaja en la guerra, sino que permitía la fabricación de mejores útiles agrícolas, así como el fácil trabajo de la madera, lo que les permitió erigir murallas y ciudades, construir carros y otros elementos que sin duda hicieron de los celtas una pueblo muy desarrollado.
Pero ¿qué pueblos vivían en Britania durante este periodo?
Lo cierto es que la heterogeneidad es tan grande que nos es difícil esbozar si acaso pequeño boceto de la situación. Si atendemos a las fuentes antiguas, César ya se dio cuenta, en sus dos expediciones a la isla, que los pueblos que vivían en el bajo Támesis tenían cierto paralelismo con los galos que habitaban la actual Bélgica, pueblos a los que conocía muy bien tras años de campaña en aquella región.

Hoy sabemos que había al menos tres grandes grupos célticos repartidos por las islas, a saber, los BELGAS, los BRITONES y los GAÉLICOS (instalados en Irlanda). Los más avanzados eran los belgas, herederos de la tradición cultural de la Téne, y asentados en el sureste de la isla, la región más rica.

Las tribus más importantes, entre otras, eran los TRINOBANTES, con capital en Colchester, al norte del Támesis, mientras que la desembocadura y la zona baja del río lo ocupaban los CANTIOS.
Los brigantes tenían su capital en York. Al norte de los trinobantes estaban los ICENOS, los CATUVELLAUNOS al norte de Londres, mientras que al sur estaban los REGNENESES. Los dobouni al este de Gales, a orillas de Severn, y los cornovos hacia el oeste, mientras que la llanura de Salisburi, emplazamiento de nuestro círculo de Stonehege, la ocupaban los DUROTRIGES.

En Gales citaremos dos de sus tribus más importantes, los ordovices al norte y los silures – pueblo del caudillo Caratacus – al sur. Cornualles mientras estaba habitada por la tribu de los dumnones.
Al norte del estuario del Firth, en la actual Escocia vivían los PICTOS, un pueblo celta o no del que apenas se sabe nada, poseedores de una lengua por descifrar, y cuyos avatares conocemos tan solo por fuentes indirectas, tanto romanas como irlandesas y britanas después, lo que hace de ellos uno de los pueblos más misteriosos de la isla.
Poco podemos decir por ahora de ellos, salvo que llevaban los cuerpos tatuados y que tenían costumbres un tanto chocantes, si hacemos caso a las acusaciones por parte de las fuentes vecinas, que hablan de crueldad desmedida, ritos incomprensibles, prácticas terribles como la antropofagia etcétera.

Lo cierto es que la Céltica estaba viviendo momentos difíciles en el continente: por el norte los germanos se expandían hacia el oeste, atravesando el Rhin. Roma mientras, hostigaba a los celtas por su flanco sur. - Los galos pues se encontraban entre el martillo y el yunque -. Los celtíberos de la vieja Hispania hacía tiempo que habían sucumbido y empezado el duro camino de la romanización. Esta agonía no tardaría en expandirse a las islas británicas.
Por Carlos de Miguel


BAJO ROMA

A Calígula le sucede su tío Claudio, en el año 41.Bajo este nuevo emperador, la conquista de Britania empezará a ser una realidad.

En el año 43, un poderoso ejército de 50 mil hombres desembarca en Kent, al igual que un siglo antes lo hicieran las legiones de César.

La invasión fue metódica y efectiva, a pesar de la lógica resistencia que suponemos a los celtas. Los habitantes de buena parte del sur y este de la isla - tierras bajas – cayeron entonces, de un modo u otro, bajo el yugo romano.

El hijo de Teodosio, de igual nombre y apodado el Grande fue emperador del 379 al 395. El último gran emperador de una Roma unida. A su muerte, la parte occidental sucumbió definitivamente a los bárbaros.

Doce años después, las últimas legiones que quedaban en Britania partieron hacia el continente. Fuera porque se las necesitara en otros puntos para sostener la horda bárbara o fuera por simples conspiraciones entre romanos (como así fue), ninguna legión volvió nunca a la isla. Empiezan los siglos oscuros.
vascos ESCOCIA PICTOS
LOS PICTOS

Una vez que las legiones partieron para no volver más, es de creer que los pictos (escoceses) continuaron sus incursiones hacia el sur aún con más fuerza, si esto es posible, ya que si en tiempos de Teodosio el Viejo llegaron hasta Londres, que no harían ahora, sin una unidad política fuerte capaz de hacerlos frente. Según Gildas, en su Exidio Britanniae o Ruina de Britania, los britanos piden ayuda a Roma en torno al 450, piden legiones para defenderse de los bárbaros.

El general romano Aecio, ocupado como estaba con los Hunos no puede hacer nada por ellos. Roma era más importante que aquella isla perdida.

Los pictos, además, es de suponer que no estaban solos. Como ya va dicho, los irlandeses saqueaban las costas occidentales de la isla, se instalaban en Gales y Cornualles e incluso en la propia Escocia.

Las incursiones terrestres irlandesas desde el reino de Dal Riada perseguían el mismo fin que los pictos, saquear las ricas tierras de los britanos. Así no es de extrañar que hubiera confederaciones o algún tipo de alianzas puntuales.

Los matrimonios mixtos entre pictos y scotti son muy comunes, y muy mencionados en las crónicas. Incluso los invasores germanos, que ya estaban al caer, tendrían tratos con ellos.

Así se sabe que cierto Eanfred era hijo de sajón y de una princesa picta. A su vez el hijo de éste llegó a ser rey picto a principios del siglo VII.

Imaginémonos pues a toda suerte de bárbaros, pictos, irlandeses o todos a la vez saqueando la antigua provincia romana hasta sus más ocultos rincones. Los britanos mientras aún estupefactos ante aquello deberían tomar algún tipo de solución si no querían perecer.

La Historia nos enseña que cuando un pueblo está amenazado por otro, o cuando hay guerras civiles entre ellos, la costumbre más socorrida es llamar a otro pueblo, el más fuerte que se pueda encontrar para que reestablezca el orden.

Normalmente cuando esto se ha conseguido, el pueblo recién llegado suele hacerse amo de la situación, con lo cual las cosas suelen acabar peor que antes. En la Hispania visigoda una de las facciones que pugnaba por hacerse con la corona del rey Rodrigo llamó a los musulmanes del norte de África, y el resultado final es el que todos conocemos. En la Galia los secuanos llamaron los suevos de Ariovisto contra sus enemigos los eduos, que a su vez llamaron a César.

Así germanos y romanos los estrujaron como a un limón maduro, fue el fin de la Céltica en la Galia.

VORTIGUERN, personaje histórico y legendario a un tiempo, fue dux britanniarum cuando Roma ya se había ido, lo cual da prueba de que los britanos intentaron, en la medida de lo posible, continuar el legado romano, sus instituciones y su civilización, aunque con reservas debemos decir que esto afectaba más a los nobles que al pueblo.

Más a las urbes que a las áreas rurales. Sea como fuere, Vortiguern debía ser un gran jefe de los britanos, que como acabamos de ver, aguantaban a duras penas los embates de pictos e irlandeses.

Vortiguern luchó también contra lo suyos. En su desmedida ambición, el caudillo britano debió de enfrentarse a los hijos de Constantino el Bendito, a saber, Constantino el Menor, llamado también Constante, a quien mandó asesinar, y de quien pudo ser su senescal, Ambrosius Aurelius (figura histórica reconocida que al parecer fue dux britanniarum) y Uther Pendragon (personaje legendario, y padre de Arturo). Muerto Constante, los dos hermanos que quedaban se exiliaron en Armórica, la futura Bretaña, mientras Vortiguern se hacía con el poder en la isla.
Tradicionalmente a CONSTANTE se le ha considerado algo más que dux britanniarum, es decir, algo de mayor categoría que un caudillo, y se habla de rex britanniarum, el primer rey de los britanos, fundador a la vez de una monarquía que acabaría heredando el propio Arturo.

Vortiguern tuvo que enfrentarse a los herederos legítimos, en este caso a Ambrosius Aurelius, una figura cuyo nombre nos indica su grado de romanización, y que seguramente tendría algo de sangre romana, si no toda.


La tradición nos dice que Vortiguern mando llamar a los sajones, cuyos caudillos se llamaban Hengist y Horsa, y que les ofreció tierra a cambio de librarle de la molestia que suponían tanto los bárbaros pictos e irlandeses como sus enemigos políticos.

Así los germanos, envalentonados y con la posibilidad real que tenían de hacerse con todo el país, siguieron presionando al rey, que pronto hubo de retirarse a las zonas más inaccesibles, las menos romanizadas de Britania, en este caso a Gales, en donde la leyenda cuenta que se hizo construir un castillo.

Aprovechando quizá este momento de debilidad del rey Vortiguern, los exiliados de Armórica vuelven, quizá ya convertidos en hombres, y atacan al usurpador, por cuya culpa la Britania que ellos conocieron se estaba derrumbando. Casi todas las fuentes coinciden en que Vortiguern murió en el ataque a la fortaleza, la cual se incendió con él dentro.

Muerto el tirano se suceden algunas décadas de resistencia organizada y hasta cierto punto eficaz.

Por Carlos de Miguel


LLEGAN LOS ANGLOS, SAJONES, JUTOS



La visión tradicional de la invasión de Britania por estos pueblos está cargada de pasión independientemente del punto de vista que se utilice, así no solo celtas y romanos, sino a veces las propias fuentes anglosajonas, hablan de devastación y muerte a sangre y fuego de las gentes de la isla.

Para empezar, no solo podemos hablar de tres pueblos germanos bien diferenciados, a saber, anglos, sajones y jutos – tal como nos indica Beda el Venerable -. Lo cierto es que el galimatías de pueblos es importante, y a esa tríada ya dicha podríamos añadir cuanto menos otra en la que andarían ALAMANES, FRISIOS y FRANCOS, al menos que se sepa.

Lo cierto es que desde el siglo II y III ya se tiene noticia de estos pueblos, y muchas de las fortificaciones romanas para contener el pillaje estaban guardadas por mercenarios germanos.

El origen geográfico de los conquistadores podemos situarlo en la región del continente que se extiende entre la península de Jutlandia y la desembocadura del Rhin.

Al contrario que otros pueblos como los Godos o los Suevos, los germanos que pasaron a Britania tenían gran vocación marítima, y en sus actividades piráticas se ha querido ver un precedente de lo que cuatro siglos después harían los vikingos por buena parte de Europa.

Las causas que llevan a estas gentes a plantarse en las playas de Britania son muchas y variopintas:

Se habla de superpoblación, algo parecido a lo que ocurriera con los scottos de Irlanda, que les hizo fundar reinos en Escocia, pero lo cierto es que este fenómeno no es aplicable a esta área continental, y más en un contexto de migraciones continuas por tierra en donde ningún pueblo parecía echar raíces fuera del territorio Romano. Así nadie parecía estar lo suficientemente asentado en ninguna parte como para hablar de superpoblación.

La única excepción quizá se encuentre en la región comprendida entre los estuarios del Elba y el Ems, tal como nos cuentan los hallazgos arqueológicos. Sin embargo lo acontecido en un área tan pequeña no se hace extensible al resto.

Si bien sus maestros astilleros aún no eran tan diestros como lo serían los vikingos, podemos decir que frisios, sajones, jutos o anglos dominaban ya una técnica constructiva y de fabricación naval que sin duda no pasó desapercibida a los piratas escandinavos.

Así en las naves que llegaron a Britania en estos tiempos tenemos los ancestros de los drakkars.

Las principales diferencias entre los navíos de este tiempo y los dragones vikingos estiban en que los anglosajones daban gran importancia a los remos, con velamen y mástil aún poco desarrollados, así como en las dimensiones más pequeñas. Sin embargo el armazón, aún de quilla más reducida, se construía de forma similar, con la unión superpuesta de planchas con clavos, y consiguiendo el esbelto perfil característico de las naves vikingas.

Sajones, frisios, anglos y jutos, si no los únicos, son los pueblos más importantes de esta región entre el bajo Rhin y Jutlandia. Así sería vital hacer, si acaso someramente, un análisis de cada uno de ellos.

Sea pues:

Los SAJONES, junto con los anglos, son el pueblo que más renombre ha adquirido con el tiempo. A ello contribuyó sin duda el hecho de que los celtas britanos utilizaran solo este nombre, al referirse al conglomerado germánico de pueblos invasores.

Tolomeo es el primero que los cita, en el siglo II dC, y los ubica al sur de la península de Jutlandia. Lo cierto es que hablamos de las gentes más dinámicas de toda la zona, por lo que pronto asimilarán a otros pueblos es su devenir hacia el sur, hasta la desembocadura del Weser, y llegando hasta el Elba por el este.
Además eran brillantes saqueadores ya desde finales del siglo II, incluyendo en sus itinerarios tanto las costas continentales como las de Britania. Así a finales del siglo III lanzan ataques sobre Normandía y Bretaña, en donde llegarían incluso a instalarse algunos grupos reducidos ya en plena época de descomposición del Imperio.

Mientras en Britania, había ya contingentes de sajones desde finales del siglo III, en calidad de mercenarios de Roma - como luego veremos -, sembrando el precedente que supondría la llegada más numerosa y por libre a partir del siglo V.

El resto de sajones, los que decidieron no emprender la aventura britana y quedaron en tierra, acabarían por someterse a los carolingios tras feroz resistencia, aceptando forzosamente el cristianismo a principios del siglo IX.

Los ANGLOS son el otro gran pueblo que desembarcó en la isla, que al igual que los sajones, fundaría varios de los reinos más poderosos de Britania.

Su origen lo encontramos también al sur de la península de Jutlandia, en Schlewig, más concretamente en la región oriental, donde aún existe el nombre de Angel (o Angeln).

También se les sitúa en la isla de Fyn, en el Báltico. Se cree que fueron directamente a Britania, con lo cual no podemos asignarles aventuras previas como a los sajones, aunque la similitud de ambos pueblos es tal que no podemos descartar nada, ni si quiera que muchas de las acciones de rapiña sajona no fueran compartidas por los anglos.

El JUTO es considerado un pueblo menor en comparación con los dos anteriores. Lo cierto es que aunque se les asigna la colonización - según Beda - de Kent, la isla de Wright y de otras regiones britanas, su identidad como pueblo desaparece con el tiempo.

Su origen le encontramos también en Jutlandia - es previsible que fueran los vecinos norteños de anglos y sajones -.

Los restos encontrados en Kent nos hablan de presencia juta allí, pero nos hablan también de otros pueblos como los francos – hay quien dice que los jutos en realidad eran francos del bajo Rhin - y otros vestigios de origen escandinavo, noruego sobre todo.
Sin duda Beda - nuestra mayor fuente escrita - simplificó mucho este caos de pueblos.

El último gran pueblo de la zona son los FRISIOS. Su origen continental está en parte de la actual costa holandesa y en las islas Frisias.

Sin duda contingentes de este pueblo partieron hacia Britania, Procopio les nombra como un pueblo más en la invasión, sin embargo la mayoría permanecieron en el continente, y es muy probable que ocuparan el vacío dejado por los sajones.

Por Carlos de Miguel



GERMANIZACIÓN DE INGLATERRA O DE BRITANIA


Desaparecen la lengua celta y latina, y el paganismo vuelve a campar a sus anchas, exceptuando los riscos y los bosques en donde los celtas viven como si fueran poco menos que alimañas.

Hoy sabemos que si todos los habitantes britano-romanos se hubieran refugiado en los escondrijos del oeste, existirían pruebas de hacinamiento, y no las hay ni en Gales ni en Cornualles.

Así aunque muchos fueron al oeste, tanto desde las tierras bajas como desde el norte - inútiles ya los muros de contención -, hubo una importante asimilación de la cultura previa, que se traduce en matrimonios mixtos o en el uso de nombres britanos por parte de los recién llegados, así la lista de reyes de Wessex está llena de nombres celtas tales como Cerdic, Cynric o, Ceawlin - por citar a los tres primeros de la lista -.

Los topónimos, o la influencia celta en la artesanía sajona reflejan también esa mezcla, dándonos la prueba de la diversidad de estas sociedades, a pesar de que con el tiempo, las crónicas, intentaran labrarse un pasado más homogéneo.

Tampoco fue homogéneo el aspecto religioso. Así debemos decir algo sobre la pervivencia del cristianismo. No cabe duda de que los anglosajones eran paganos, y que, como nuevos señores de la isla, su religión y sus dioses pasaron a un primer plano.

Sin embargo parece claro que gran parte de la población celta era cristiana, tanto la que vivía lejos de la influencia anglosajona - incluyendo Irlanda - , como la que fue asimilada por los conquistadores.

Un cristianismo difuso si se quiere, que en absoluto había olvidado los fundamentos druídicos, y que tuvo en el pelagianismo uno de sus pilares.

La Historia nos ha demostrado que muy pocos han apostatado una vez cristianizados, y en caso de hacerlo no adoptan otros ritos que no sean los de sus antepasados. Es decir, sería muy raro ver a la población Britania renegando de Cristo y arrodillándose de golpe ante la tosca efigie de Wodan o Thor.

Así, en las zonas ocupadas por los anglosajones es de creer que existieran comunidades de creyentes - clandestinas o no -, lo cual quedaría confirmado cuando el rey Etelbert de Kent contrajo matrimonio con la cristiana Berta, hija del rey franco Coribert.

La nueva reina no solo obtuvo permiso para practicar su religión, sino que vino acompañada por el obispo Liudhard.

Por todos es sabido que los obispos no van a ningún sitio sin una sede desde la que ejercer su ministerio, y por supuesto, una comunidad de fieles, lo que nos está indicando la presencia de cristianos allí, que de algún modo allanaron el camino a los misioneros que pronto llegarían de Roma.


Por Carlos de Miguel

vascos IRLANDA
PATRICIO EN IRLANDA

Contemporáneo de Pelagio, y de Germán de Auxerre fue el britano PATRICIO, a quien se atribuye la cristianización de Irlanda.

Sin embargo a la antigua Hibernia ya habían llegado anónimos misioneros, y es bastante probable que hubiera comunidades cristianas allí desde antes. Es seguro que Patricio tuvo un precursor en la persona de Palladio, enviado por el mismo papa en calidad de obispo, y por tanto, para organizar comunidades ya existentes.

Nada sabemos de la vida del obispo allí, salvo, que quizá, no tuvo mucho éxito, ya que en el 432 encontramos a Patricio predicando a los scottos de Irlanda.

Sabemos que nació en torno al 387 entre los britanos de Strathclyde, y que era hijo y nieto de clérigos. Contando con pocos años fue raptado por los scottos, que eran piratas entre otras muchas cosas, y permaneció en Irlanda varios años, hasta que logró escapar.

Su estancia en la isla como siervo de un mago, quizá un druida, sin duda le hizo conocer bien la religión de estos pueblos, lo que luego aprovechó en su predicación, sintetizando los principios celtas con los cristianos - aquí está la clave de su éxito -.

Tras algunos años en Auxerre y Roma, Patricio regresará a Irlanda en calidad de obispo, para organizar y convertir a aquel pueblo que tan bien conocía.

Sabemos que predicó en la región del Ulster, en donde logro algunas conversiones importantes.

Patricio hizo que el cristianismo se adecuara a las necesidades espirituales de los scottos, renovando de alguna manera los principios druídicos, que por aquellas fechas parecían estar en decadencia.

Los fili eran miembros de la clase culta, y parece ser que se encargaban de las labores de adivinación, así como de la narración de historias y de la poesía. Con el tiempo fueron arrinconando no solo a los propios druidas sino a los bardos - en calidad de poetas cultos -.

En este momento llegó Patricio, quien en mitad de la pugna quiso ponerse al lado de los fili, de quienes aprovecha su mayor vigor místico.

Así va expandiendo su mensaje, convirtiendo a muchos de ellos, que veían en el cristianismo un arma poderosa para imponerse a los druidas.

Patricio además siempre respetó su sabiduría, y jamás quiso imponerles nada por la fuerza. De este modo los fili le dieron su apoyo y adoptaron la nueva religión de modo natural, adoptando sus postulados y principios, y protagonizando, sin saberlo, una regeneración espiritual sin precedentes en Irlanda.

Patricio, sin embargo, creó en la isla un entramado cristiano igual que el que se estaba desarrollando en las provincias del imperio, a la romana o basado en la supremacía del obispado. Dicha organización no se mantuvo en absoluto y desapareció por completo tras su muerte.

Sin embargo el barniz cristiano perduró en buena parte de la isla.
Desapareció la infraestructura pero el mensaje se mantuvo, por lo que los scottos organizaron el nuevo credo a su manera, adaptando el cristianismo a su sistema social y político.

Así poco después tenemos a la santa Brígida dirigiendo un monasterio mixto en calidad de abadesa, algo impensable en el continente. El cristianismo celta de Irlanda, tan peculiar, comienza su andadura.


vascos NAVE VIKINGA
EL VIKINGO CANUTO, Rey de INGLATERRA (1.013)


Canuto, hijo de Sven I Barba de Horquilla, rey de los daneses, conquistó Inglaterra en 1013. Cuando murió su padre al año siguiente, fue proclamado rey de Inglaterra por sus guerreros daneses.

No obstante, el Witenagemot, un órgano asesor de los reyes anglosajones, reinstauró al rey ELTEREDO II, y Canuto se retiró.
Regresó en 1015 y pronto sometió toda Inglaterra, excepto Londres.

Después de la muerte de Etelredo en 1016, los londinenses nombraron rey a su hijo Edmundo II.
En el consiguiente conflicto, los londinenses fueron derrotados en Ashington (Essex) en octubre de 1016. Edmundo falleció el mes siguiente y Canuto obtuvo de forma indiscutida el reino.
Gobernante práctico y sabio, mantuvo la paz con las potencias continentales. Contrajo matrimonio con la viuda del rey Etelredo, Emma de Normandía, apoyó a la Iglesia, y en 1027 fue a Roma a la coronación del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Conrado II.
A efectos administrativos, dividió Inglaterra en cuatro condados: Mercia, Northumberland, Wessex y East Anglia.

Canuto continuó residiendo en Inglaterra incluso después de heredar la corona de Dinamarca en 1018.
Pronto inició una disputa con Olaf II de Noruega, cuyo dominio reclamaba.
Forzado Olaf al exilio en 1028, Canuto instaló a su joven hijo Sven en el gobierno de Noruega; tras la derrota de Olaf en Stiklestad, en 1030, su poder se mantuvo estable.

El imperio nórdico de Canuto se hundió después de su muerte. Sus dos hijos ascendieron por separado a los tronos de Inglaterra y Dinamarca, en tanto que el hijo de Olaf II le sucedió en Noruega.

SIGLOS XVII y XVIII

vascos CROMWELL
Mientras el continente eu­ropeo se desgarraba en el conflicto entre Reforma y Con­trarreforma, la Inglaterra de Enrique VIII optó por un comportamiento cuando menos peculiar.

El monarca inglés provocó un cisma con Roma, pero, a la vez, se manifestó ferozmente antiprotestante persiguiendo a los partidarios de la Reforma y manteniendo un sistema dogmático sus­tancialmente católico.

Sólo la llegada al trono de su hijo Eduardo permitiría que en Inglaterra se iniciara una re­forma muy similar a la que estaba experimentando el con­tinente.

Es cierto que la reina María Tudor (conocida por sus súbditos como "la Sanguinaria" por la persecu­ción desencadenada contra los protestantes) intentaría desandar ese camino, pero su hermana Isabel, una vez en el trono, consolidó la orientación protestante del reino es­pecialmente tras ser excomulgada por el papa.

Con todo, la manera tan peculiar en que el proceso había sido vivido en Inglaterra tuvo notables consecuen­cias. Mientras que un sector considerable de la Iglesia an­glicana se sentía a gusto con una forma de protestantismo muy suave que, históricamente, se consolidaría como la confesión protestante más cercana a Roma, otro muy rele­vante abogaba por profundizar esa reforma amoldando la realidad eclesial existente a los modelos contenidos en el Nuevo Testamento.

Los partidarios de esta postura reci­bieron diversos nombres: puritanos, porque perseguían un ideal de pureza bíblica; presbiterianos, porque sus iglesias se gobernaban mediante presbíteros elegidos en lugar de siguiendo un sistema episcopal como el católico romano o el anglicano; y también calvinistas, porque su teología estaba inspirada vehementemente en las obras del reformador francés Juan Calvino.

Este último aspecto tuvo enormes consecuencias en muchas áreas (entre ellas las de un enorme desarrollo económico y social en Ingla­terra) pero nos interesa especialmente su influjo en la política.

El calvinismo político se resumía en cuatro puntos:

1. La voluntad popular era una fuente legítima de poder de los gobernantes.

2. Ese poder podía ser delegado en repre­sentantes mediante un sistema electivo.

3. En el sistema eclesial, clérigos y laicos debían disfrutar de una autori­dad igual aunque coordinada.

4. Entre la Iglesia y el Esta­do no debía existir ni alianza ni mutua dependencia.

Sin duda, se trataba de principios que, actualmente, son de reconocimiento prácticamente general en Occidente pero que en el siglo XVI distaban mucho de ser aceptables.

Durante el siglo XVII, los puritanos optaron funda­mentalmente por dos vías. No pocos decidieron emigrar a Holanda -donde los calvinistas habían establecido un peculiar sistema de libertades que proporcionaba refugio a judíos y seguidores de diversas fes- o incluso a las co­lonias de América del Norte.

De hecho, los famosos y ci­tados Padres Peregrinos del barco MayFlower no eran sino un grupo de puritanos. Por el contrario, los que permane­cieron en Inglaterra formaron el núcleo esencial del parti­do parlamentario -en ocasiones hasta republicano- que fue a la guerra contra Carlos I, lo derrotó y, a través de di­versos avatares, resultó esencial para la consolidación de un sistema representativo en Inglaterra.

La llegada de los puritanos a lo que después sería Es­tados Unidos fue un acontecimiento de enorme impor­tancia para el futuro desarrollo de la Constitución.

Desde luego, la influencia educativa fue esencial, ya que no en vano Harvard -como posteriormente Yale y Princeton- fue fundada en 1636 por los puritanos.

Cuando estalló la revolución americana a finales del siglo XVIII, el peso de los puritanos en las colonias inglesas de América del Norte era enorme. De los aproximada­mente tres millones de americanos que vivían a la sazón en aquel territorio, 900.000 eran puritanos de origen escocés, 600.000 eran puritanos ingleses y otros 500.000 eran cal­vinistas de extracción holandesa, alemana o francesa.

Por si fuera poco, los anglicanos que vivían en las colonias eran en buena parte de simpatías calvinistas, ya que se re­gían por los Treinta y Nueve Artículos, un documento doctrinal con esta orientación.

Así, dos terceras partes al menos de los habitantes de los futuros Estados Unidos eran calvinistas y el otro tercio en su mayoría se identifi­caba con grupos de disidentes como los cuáqueros o los bautistas.

La presencia, por el contrario, de católicos era casi testimonial y los metodistas aún no habían hecho acto de presencia con la fuerza que tendrían después en Esta­dos Unidos.

El panorama resultaba tan obvio que en Inglaterra se denominó a la guerra de independencia de Estados Uni­dos "la rebelión presbiteriana" y el propio rey Jorge III afirmó: "Atribuyo toda la culpa de estos extraordinarios acontecimientos a los presbiterianos."

No se equivocaban y, por citar un ejemplo significativo, cuando Cornwallis fue obligado a retirarse para, posteriormente, capitular en Yorktown, todos los coroneles del ejército americano salvo uno eran presbíteros de Iglesias presbite­rianas.

Por lo que se refiere a los soldados y oficiales de la totalidad del ejército, algo más de la mitad tambiénperte­necían a esta corriente religiosa.

Sin embargo, el influjo de los puritanos resultó especial­mente decisivo en la redacción de la Constitución. Cierta­mente, los cuatro principios del calvinismo político arriba señalados fueron esenciales a la hora de darle forma, pero a ellos se unió otro absolutamente esencial que, por sí solo, sirve para explicar el desarrollo tan diferente segui­do por la democracia en el mundo anglosajón y en el res­to de Occidente.

La Biblia -y al respecto las confesiones surgidas de la Reforma fueron muy insistentes- enseña que el género humano es una especie profundamente afectada en el área moral como consecuencia de la caída de Adán.

Por su­puesto, los seres humanos pueden hacer buenos actos y realizar acciones que muestran que, aunque empañadas, llevan en sí la imagen y semejanza de Dios. Sin embargo, la tendencia al mal es innegable y hay que guardarse de ella cuidadosamente. Por ello, el poder político debe dividirse para evjtar que se concentre en unas manos -lo que siempre derivará en corrupción y tiranía- y tiene que ser con­trolado.

Esta visión pesimista -¿o simplemente realista?­de la naturaleza humana ya había llevado en el siglo XVI a los puritanos a concebir una forma de gobierno eclesial que, a diferencia del episcopalismo católico o anglicano, dividía el poder eclesial en varias instancias que se frena­ban y contrapesaban entre sí evitando la corrupción.

Esa misma línea fue la seguida a finales del siglo XVIII para redactar la Constitución americana.

De hecho, el pri­mer texto independentista norteamericano no fue, como generalmente se piensa, la declaración de independencia redactada por Thomas Jefferson sino la obra de la que el futuro presidente norteamericano la copió. Ésta no fue otra que la Declaración de Mecklenburg, un texto suscri­to por presbiterianos de origen escocés e irlandés, en Ca­rolina del Norte, el 20 de mayo de 1775.

Mientras que el optimismo antropológico de Rousseau derivaba en el terror de 1792 y, al fin y a la postre, en la dictadura na­poleónica, y el no menos optimista socialismo propugna­ba un paraíso cuya antesala era la dictadura del proleta­riado, los puritanos habían trasladado desde sus iglesias a la totalidad de la nación un sistema de gobierno que podía basarse en conceptos desagradables para la autoestima humana pero que, traducidos a la práctica, resultaron de una eficacia y solidez incomparables.


WELLINGTON y el SAQUEO de SAN SEBASTIAN por ANGLOS en 1.813
MANIFIESTO QUE EL AYUNTAMIENTO CONSTITUCIONAL, CABILDO ECLESIASTICO, ILUSTRE CONSULADO Y VECINOS DE LA CIUDAD DE SAN SEBASTIAN, PRESENTARON A LA NACION, SOBRE LA CONDUCTA DE LAS TROPAS BRITANICAS Y PORTUGUESAS EN DICHA PLAZA, EL 31 DE AGOSTO DE 1813 Y DIAS SIGUIENTES.

"La ciudad de San Sebastián ha sido abrasada por las tropas aijadas que la sitiaron, despues de haber sufrido sus habitantes un saqueo horroroso y el tratamiento más atroz de que hay memoria en la Europa civilizada. He aqui la relación sencilla y fiel de este espantoso suceso:

"Después de cinco años de opresión y de calamidades, los desgraciados habitantes de esta infeliz ciudad, aguardaban ansiosos el momento de su libertad y bienestar, que lo creyeron tan próximo como seguro, cuando en 28 de Junio último vieron con inexplicable júbilo aparecer en el alto de San Bartolomé los tres batallones de Guipúzcoa al mando del coronel D. Juan José de Ugartemendía.

Aquel dia y el siguiente salieron apresurados muchos vecinos; ya con el anhelo de abrazar a sus libertadores, ya también para huir de los peligros a que les exponia un sitio, que hacian inevitables las disposiciones de defensa que vieron tomar a los franceses, quienes empezaron a quemar los barrios extramurales de Santa Catalina y San Martín.

"Aunque el encendido patriotismo de los habitantes de la ciudad les persuadía, que en breves días serían dueños de ella los aliados, sin embargo iban a dejarla casi desierta; pero el general francés Rey, que la mandaba, les prohibió la salida, y la mayor parte del vecindario con todos sus muebles y efectos (que tampoco se les permitieron sacar) hubo de quedar encerrado.

"Los días de aflicción y llanto que pasaron estas ínfelíces familias desde que el bloqueo de la plaza se convirtió en asedio con la aproximacíón de las tropas inglesas y portuguesas que al mando del teniente general Sir Thomas ORAHAM relevaron a las españolas, no es necesario explicarlos.

"Solo pudieron hallar algunas treguas a su dolor en procurar auxilios a los prisioneros ingleses y portugueses. La ciudad los socorrió al instante con vino, chocolate, camisas, camas y otros efectos. Los heridos fueron colocados en la parroquia de San Vicente y socorridos por su párroco.

"Era entre tanto mayor el cúmulo de males, pues desde el 23 de julio hasta el 29 se quemaron y destruyeron por las baterías de los aliados 63 casas en el barrio cercano a la brecha; pero este fuego se cortó y extinguió enteramente el 27 de julio por las activas disposiciones del ayuntamiento, y no hubo después fuego alguno en el cuerpo de la ciudad hasta la tardeada del 31 de Agosto, después que entraron los aliados.

"Llegó por fin dicho día 31, día que se creyó debía ponerles término, y por lo tanto deseado como el de su salvación por los habitantes de San Sebastián.

"Se arrecia el tiroteo; se ven correr los enemigos azorados á la brecha: todo indica un asalto; por cuyo feliz resultado se dirigían al Altísimo las más fervorosas oraciones. Son escuchados estos ruegos; vencen las armas aliadas, y ya se sienten los tiros dentro de las mismas calles.

"Huyen los franceses despavoridos arrojados de la brecha sin hacer casi resistencia en las calles; corren al castillo en el mayor desorden, y triunfa la buena causa, siendo dueños los aliados de toda la ciudad a las dos y media de la tarde.

"El patriotismo de los leales habitantes de San Sebastián, comprimido largo tiempo por la severidad enemiga, prorrumpe en vivas, vitores y voces de alegría y no sabe contenerse.

"Los pañuelos que se tremolaban en ventanas y balcones, al propio tiempo que se asomaban las gentes a solenmizar el triunfo eran claras muestras del afecto con que se recibía a los aliados: pero insensibles estos a tan tiernas y decididas demostraciones corresponden con fusilazos a las mismas ventanas y balcones de donde les gritaban, y en que perecieron muchos, victimas de su amor a la patria. ¡Terrible presagio de lo que iba a suceder!

"Desde las 11 de la mañana, a cuya hora se dió el asalto, se hallaban congregados en la sala Consistorial los capitulares y vecinos mas distinguidos con el intento de salir al encuentro de los aliados. Apenas se presentó una columna suya en la plaza nueva, cuando bajaron apresurados los alcaldes, abrazaron al comandante, y le ofrecieron cuantos auxilios se hallaban a su disposición.

"Preguntaron por el general, y fueron inmediatamente a buscarle a la brecha caminando por medio de cadáveres; pero antes de llegar a ella y averiguar en donde se hallaba el general, fué insultado y amenazado con el sable por el capitán inglés de la guardia de la puerta, uno de los alcaldes.

"En fin, pasaron ambos a la brecha y encontraron en ella al mayor General Hay, por quien fueron bien recibidos, y aun les dió una guardia respetable para la casa consistorial, de lo que quedaron muy reconocidos.

"Pero poco aprovechó esto; pues no impidió que la tropa se entregase al saqueo mas completo y a las mas horrorosas atrocidades, al propio tiempo que se vió no solo dar cuartel, sino también recibir con demostraciones de benevolencia a los franceses cogidos con las armas en la mano.

"Ya los demás se habían retirado al castillo, contiguo a la ciudad; ya no se trataba de perseguirlos ni de hacerles fuego: y ya los infelices habitantes fueron el objeto exclusivo delfuror del soldado.


"Queda antes indicada la barbarie de corresponder con fusilazos a los victores, ya este preludio fueron consiguientes otros muchos actos de horror, cuya sola memoria extremece.

"¡Oh día desventurado! ¡Oh noche cruel en todo semejante a aquella en que Troya fué abrasada! Se descuidaron hasta las precauciones que al parecer exigían la prudencia y arte militar en una plaza a cuya extremidad se hallaban los enemigos al pié del castillo, para entregarse a excesos inauditos, que repugna describirlos a pluma.

"El saqueo, el asesinato, la violación, llegaron a un término increible, y el fuego que por primera vez se descubrió hacia el anochecer, horas despues que los franceses sé habían retirado al castillo, vino a poner el complemento a estas escenas de horror. Resonaban por todas partes los ayes lastimosos, los penetrantes alaridos de mujeres de todas edades que eran violadas sin exceptuar ni la tierna niñez, ni la respetable ancianidad.

"Las esposas eran forzadas a la vista de sus afligidos maridos, las hijas a los ojos de sus desgraciados padres y madres; hubo algunas que se podían creer libres de este insulto por su edad, y que sin embargo fueron el ludibrio del desenfreno de los soldados.

"Una desgraciada joven ve a su madre muerta violentamente y sobre aquel amado cadáver sufre ¡increible exceso! los lúbricos insultos de una vestida fiera en figura humana.

"Otra desgraciada muchacha cuyos lastimosos gritos se sintieron hacia la madrugada del 1° de Septiembre en la esquina de la calle de San Geronimo, fué vista cuando rayó el día rodeada de soldados, muerta; atada a una barrica, enteramente desnuda, ensangrentada y... (suprimimos el resto del relato por respeto a nuestros lectores).

"En fin, nada de cuanto la imaginación pueda sugerir de más horrendo, dejó de practicarse. Corramos el velo a este lamentable cuadro, pero se nos presenta otro no menos espantoso.

"Veremos urna porción de ciudadanos no solo inocentes, sino aun beneméritos, muertos violentamente por aquellas mismas manos que no solo perdonaron, sino que abrazaron a los comunes enemigos cogidos con las armas en las suyas.

"Don Domingo de Goicoechea, eclesiástico anciano y respetable, D. Javier de Artola, D. José Miguel de Mayora, y otras muchas personas que por evitar prolijidad no se nombran, fueron asesinadas.

El infeliz José de Larrañaga, que despues de haber sido robado quena salvar su vida y la de su hijo de tierna edad que llevaba en sus brazos, fué muerto teniendo en ellos a este niño infeliz; y a resultas de los golpes, heridas y sustos mueren diariamente infinidad de personas, y entre ellas el presbitero beneficiado D. José de Mayora, D. José Ignacio de Aspide y D. felipe Ventuta de Moro.

Si dirigimos nuestras miradas a las personas que han sobrevivido a sus heridas, o que las han tenido leves, se presentará a nuestros ojos un grandisimo número de ellas.

"Tales son el tesorero de la ciudad D. Pedro Ignacio de Olañeta, don Pedro José de Beldarrain, D. Oabriel de Bigas, D. Angel Llanos y otros muchos.

"A los que no fueron muertos ni heridos no les faltó que padecer de mil maneras. Sujetos hubo, y entre ellos eclesiásticos respetables, que fueron despojados de toda la ropa que tenían puesta, sin excepción ni siquiera de la camisa.

"En aquella noche de horror se veian correr’despavoridos por las calles muchos habitantes huyendo de la muerte con que les amenazaban los soldados. Desnudos enteramente unos, con sola la camisa otros, ofrecian el espectáculo más misero y hacian tener por feliz la suerte de algunas personas (sobre todo del sexo femenino) que ya subiéndose a los tejados o ya encenagándose en las cloacas hallaban un momentáneo asilo

¿Cuál podria ser éste, cuando unos continuos y copiosos aguaceros vinieron a aumentar las desdichas de estas gentes, y cuando ardió la ciudad, habiéndola pegado fuego los aliados por la casa de Soto en la calle Mayor, casi en el centro de la población en un parage en que ya no podia conducir a ningún suceso militar?

"¿Cuántas otras casas fueron incendiadas igualmente por los mismos?

"Solo este complemento de desdichas y de sastres faltaba a los habitantes de San Sebastián, que ya saqueados, privados aun de la ropa puesta, los que menos maltratados, otros mal heridos y algunos muertos, se creia haber apurado el cáliz de los tormentos.

"En esta noche infernal, en que a la obscuridad protectora de los crímenes, a los aguaceros que el cielo descargaba y al lúgubre resplandor de las llamas, se añadía cuanto los hombres en su perversidad puedan imaginar de más diabólico, se oian tiros dentro de las mismas casas, haciendo unas funestas interrupciones a los lamentos que por todas partes llenaban el aire.

"Vino la aurora del primero de Septiembre a iluminar esta funesta escena, y los habitantes, aunque aterrados y semivivos, pudieron presentarse al general y alcaldes suplicando les permitiese la salida.

"Lograda esta licencia huyeron casi cuantos se hallaban en disposición; pero en tal abatimiento y en tan extrañas figuras, que arrancaron lágrimas de compasión de cuantos vieron tan triste espectáculo.

"Personas acaudaladas, que habían perdido todos sus haberes, no pudieron salvar ni sus calzones; señoritas delicadas, medio desnudas, o en camisa o heridas y maltrechas; en fin, gentes de todas clases que experimentaron cuantos males son imaginables, salían de esta infelíz ciudad que estaba ardiendo, sin que los carpinteros que se empeñaron en apagar el fuego de algunas casas, pudiesen lograr su intento; pues en lugar de ser escoltados como se mandó a instancias de los alcaldes, fueron maltratados, obligados a enseñar casas en que robar, y forzados a huir.

"Entre tanto se iba propagando el incendio y aunque los franceses no disparaban al cuerpo de la plaza ni un solo tiro desde el castillo, no se cuidó de atajarlo, antes bien se notaron en los soldados muestras de placer y alegría, pues hubo quienes despues de haber incendiado a las tres de la madrugada del 1° de Septiembre una casa de la calle Mayor, bailaron a la luz de las llamas.

"Mientras la ciudad ardia por varias partes, todas aquellas casas a que no llegaban las llamas, sufrían un saqueo total.

"No solo saqueaban las tropas que entraron por asalto, no solo las que sin fusiles vinieron del campamento de Astigarraga, distante una legua, sino que los empleados en las brigadas acudían con sus mulos a cargarlos de efectos, y aun tripulaciones de transportes ingleses, surtos en el puerto de Pasajes, tuvíeron parte en la rapiña, durando este desorden varios días despues del asalto, sin que se hubiese visto ninguna providencia para impedirlo, ni para contener a los soldados, que con la mayor impiedad, inhumanidad y barbarie robaban o despojaban fuera de la plaza hasta de sus vestiduras a los ha bitantes que huian despavoridos de ella; lo que al parecer comprueba que estos excesos los autorizaban los jefes, siendo también de notarse que los efectos robados o saqueados dentro de la ciudad y a las avanzadas, se vendian poniéndolos de manifiesto al público a la vista e inmediaciones del mismo cuartel general del ejército sitiador por ingleses y portugueses.

"Uno de esta última nación traia de venta el copón de la parroquia de San Vicente que encerraba muchas fortunas consagradas, sin que se sepa que paradero tuvo su preciosísimo contenido.

"La plata del servicio de la parroquia de Santa María, que se hallaba guardada en un parage secreto de la bóveda de la misma, fué vendida por los portugueses despues de la rendición del castillo.

"Cuando se creyó concluida la expoliación, pareció demasiado lento el progreso de las llamas, y además de los medios ordinarios para pegar fuego que antes practicaron los aliados, hicieron uso de unos mixtos que se habian visto preparar en la calle de Narrica en unas cazuelas y calderas grandes, desde las cuales se vaciaban en unos cartuchos largos.

"De estos se valian para incendiar las casas con una prontitud asombrosa, y se propagaba el fuego con una explosión instantánea. Al ver estos destructores artificios, al experimentar inútiles todos los esfuerzos hechos para salvar las casas (despues de perdidos todos los muebles, efectos y alhajas), varias personas que habian permanecido en la ciudad con dicho objeto, tuvieron que abandonarla, mirando con dolor la extraordinaria rapidez con que las llamas devoraban tantos y tan hermosos edificios.

"De este modo ha perecido la ciudad de San Sebastián. De 600 y mas casas que contaba dentro de sus murallas, solo existen 36, con la particularidad de que casi todas las que se han salvado están contiguas al castillo que ocupaban los enemígos, habiéndose retirado a él todos mucho antes que principiase el incendio.
"Tampoco se comunicó éste a las dos parroquias, pues que servian de hospitales y cuarteles a los conquistadores, teniendo igual destino y el de alojamientos la hilera de casas preservadas según se ha expresado en la calle de la Trinidad al pié del Castillo. Todo lo demás ha sido devorado por las llamas. Las mas de las casas que componían esta desdichada ciudad, eran de tres y cuatro altos pisos, muchas suntuosísimas y casí todas muy costosas.

"La consistorial era magnífica, lindísima la Plaza nueva, y ahora causa horror su vista. No menos lastimoso espectáculo presenta el resto de la ciudad. Ruinas, escombros, balcones que cuelgan, piedras que se desencajan, paredes al desplomarse, he aquí lo que resta de una plaza de comercio que vivificaba a todo el pais comarcano, de una población agradable que atraia a los forasteros.

"El saqueo y los demás excesos rápidamente mencionados, aunque tan horrorosos, no hubieran llevado al colmo la desesperación, si el incendio no hubiera completado los males, dejando a mas de 1.500 familias sin asilo, sin subsistencia, y arrastrando una vida tan miserable que casi fuera preferible la muerte.

"Los artesanos se ven sin pan, los comerciantes arruinados, los propietarios perdidos. Todo se robó o se quemó, todo pereció para ellos. Efectos, alhajas, muebles, mercaderias, almacenes riquisimos, tiendas bien surtidas fueron presa o de una rapacidad insaciable o de la violencia de las llamas.

"En fin, nada se ha salvado, pues aun los edificios se han destruido. San Sebástián, tan conocida por sus relaciones comerciales en ambos hemisferios, San Sebastián, que era el alma de esta provincia, ya no existe.


Excede de 100 millones de reales el valor de las pérdidas que han sufrido sus habitantes, y este golpe funesto se hará sentir en toda la monarquia española e influirá en el comercio con otros paises.

"Mas no es esto todo. No solo se han perdido todas las existencias sino que padecerán aún los tristes residuos de las fortunas de los comerciantes y propietarios con la quema de sus papeles y documentos.

"Todos los registros públicos, escrituras y documentos que encerraban las diez numeiras de la ciudad, los que se custodiaban en su antiguo y precioso archivo y el del ilustre Consulado, cuantos contenian los de los particulares, los libros y papeles de los Comerciantes los libros parroqu!ales, todo, todo se ha reducido a cenizas; y ¿quién, puede calcular las consecuencias funestas que puede producir una cosa así.

"¡Victimas inocentes dignas de suerte menos lastimosa! ¡Víctimas antes de la tiranía francesa y ahora de una rapacidad sin par! ¡Rapacidad que no contenta con la expoliación total que se ha indicado, revolvia los escombros todavia calientes, para ver si algo encontraba entre ellos! ¡Rapacidad que no ha perdonado a efectos desenterrados, y que a los 24 días despues del asalto se ejercía en materias poco aprecíables!

"Infelicísima ciudad, lustre y honor de la Guipúzcoa, madre fecunda de hitos esclarecidos en las armas y en las letras, que has producido tantos defensores, que has hecho tantos servicios a la patria

¿Podías esperar tan cruel y espantosa destrucción en el momento mismo en el que creiste ver asegurada tu dicha y prosperidad?


"¿En este instante que con increible constancia y con extraordinaria fidelidad lo miraste siempre como término de tus males, y de cuya llegada nunca dudaste a pesar de tu situación geográfica y a pesar también de todas las tramas de nuestros implacables enemigos?

¿Tu que distes muestras públicas, nada equívocas y sin duda imprudentes de tu exaltado amor a tu rey y de tu alto desprecío al intruso, cuando en 8 de Julio de 1808 paseó éste sus calles y se aposentó en tu recinto: muestras tales que obligaron al sufrido José a manifestar a uno de los alcaldes la sorpresa que le había cáusado, pudiste pensar que al cabo de cinco años de opresión, vejaciones y penas, serías destruida por aquellas mismas manos que esperabas rompiesen tus cadenas?

"Cuan pesadas hayan sido estas no hay que ponderarlo, cuando con aquellas primeras demostraciones diste a los franceses pretexto para agravarlas más y más y cuando con tu constante adhesión a la justisima causa nacional manifestada a pesar de las bayonetas que te oprimían, ocasionaste que fuesen castigados con contribuciones extraordinarias, con prisiones y deportaciones a Francia muchos de tus vecinos. ¿Y podías esperar que el premio de tan acrisolada fidelidad sería tu destrucción?

"Pero ni esto ha bastado para entibiar en lo mas minimo tu entusiasmo. Entre esas humeantes ruinas, sobre esos escombros has proclamado con júbilo, has jurado con ansia la inestimable Constitución politica de la monarquía española, concurriendo tus más principales vecinos, dispersos en varíos pueblos a tan solenmes actos.


"¡Espectáculo único en el mundo, que suspendiendo el curso de las lágrimas amargas que arrancaba la vista de tantos lastimosos objetos, daba lugar en aquellos patrióticos corazones a impresiones más halagüeñas, haciendo formar en un obscuro porvenir esperanzas que sirven de lenitivo a sus males! Tus ciudadanos se unen más íntimamente a la gran masa nacional, y se felicítan de haber salído de la opresión enemiga aunque sea de una manera tan dolorosa. Ellos en su prímera representación a los duques de Ciudad Rodrigo han dicho estas memorables palabras:

"Si nuevos sacríficios fuesen posibles y necesarios no se vacilaría un momento en resignarse a ellos. Finalmente, si la combinación de las operaciones milítares, o la seguridad del territorío español lo exigiese, que renunciásemos por algún tiempo o para siempre a la dulce esperanza de ver reedificada y restablecida nuestra ciudad, nuestra conformidad sería unánime; mayormente, si como es justo, nuestras pérdidas fuesen soportadas a prorrata entre todos nuestros compatriotas de la península y Ultramar».

CUANTAS ASEVERACIONES VAN ESTAMPADAS SON CONFORMES A LA MAS EXACTA VERDAD Y DE ELLAS RESPONDEMOS CON NUESTRAS CABEZAS TODOS LOS VECINOS DE SAN SEBASTIÁN QUE ABAJO FIRMAMOS.

Enero 16 de mil ochocientos y catorce,


y vienen las firmas y nombres de un centenar de notables locales.

vascos SAN SEBASTIAN INCENDIADA


JAVIER AROCENA

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