HISTORIA VASCOS
GUIPUZCOA-VIZCAYA-ALAVA |PREBOSTES VASCOS |LOS AGOTES y VASCOS | TOPONIMIA y VASCOS | PESTES de 1348 y 1646 y VASCOS |PAIS VASCO |JUDIOS VASCOS |INDUSTRIA y VASCOS |LA BOINA y VASCOS |MACHINADAS y VASCOS |CONQUISTA ARABE y VASCOS |VISIGODOS-FRANCOS y VASCOS |GASCONES- VIKINGOS y VASCOS |ZUBEROA-BAJA NAVARRA y VASCOS |VASCOS NEGREROS |Enlaces |HISTORIA VASCOS | CRONOLOGIA y VASCOS |SEÑORÍOS PAMPLONES y AQUITANO |INICIOS y VASCOS | NAVARRA y el DUCADO DE VASCONIA | IDIOMA y VASCOS | NAVEGANTES VASCOS | ORIGEN DE LOS VASCOS |CARLISTADAS y VASCOS |OÑACINOS-GAMBOINOS y VASCOS |LIMPIEZA DE SANGRE y VASCOS |BATALLAS EN NAVARRA y VASCOS |MITOLOGIA y VASCOS |CONTEXTOS COETANEOS y VASCOS |TEMAS VARIOS y VASCOS |FORALISMO VASCO | ADN y VASCOS |CORSARIOS VASCOS |ILUSTRADOS VASCOS |RECONQUISTA y VASCOS |VASCOS EN EL MUNDO |CELTIBEROS y VASCOS |LIBERALES DEL XVIII y VASCOS | EL TURCO | ARAGÓN y VASCOS | ALBION | ESPADONES y VASCOS | TRES SINGULARIDADES y VASCOS
ARAGON y VASCOS


vascos Castillo Templario de MONZON
Entre los años 1214 y 1217, el futuro rey Jaime I permaneció bajo la tutela del gran maestre del Temple Guillém de Montrodón, siendo protegido por los templarios en el interior del castillo de Monzón durante su niñez hasta que fue proclamado rey a los nueve años de edad, saliendo entonces para dirigirse a Zaragoza. Este hecho le marcó el resto de su vida manteniendo siempre un fuerte vínculo con los Templarios.
vascos MAPA ARAGON y NAVARRA
En la corona de Aragón, que en realidad era una inestable confe­deración de aragoneses, catalanes, valencianos y VASCOS, cada cual con sus costumbres y su humor, por más que Jaime II los declarara indisolubles, también se produjo el pulso entre reyes y nobles privilegiados que había en Castilla, sólo que aquí lo per­dieron los reyes. Hombre culto y escasamente aficionado a la guerra, Carlos V de Francia confió la dirección de la misma a Du Guesclin, que arrebató a los ingleses el Poitou, el Aunis y la Sainton­ge. Sin embargo, la corona de Inglaterra conservaba Calais, Cherburgo, Brest y Burdeos, así como Aquitania. La Provenza no era entonces francesa, y Bretaña no lo sería hasta 1524, con el matrimonio de la duquesa Ana de Bretaña.
A finales del siglo XIV, Francia carecía de buenos puertos y dependía de los estados españoles o italianos para asegurar­se el aprovisionamiento tanto de mercancías de lujo como incluso de materias primas. Aragón, cuyas costas se exten­dían desde Montpellier hasta Valencia, abarcaba además Cerdeña y la mitad de Sicilia, lo que le otorgaba una posi­ción más que privilegiada en el Mediterráneo occidental.
vascos ALFONSO I
ALFONSO I EL BATALLADOR
Rey de Aragón y de Navarra (1073 - Poleñino, Huesca, 1134). Accedió al trono de ambos reinos en 1104, al morir sin descendencia su hermano Pedro I.

Intentó un acercamiento a Castilla, materializado en su casamiento con doña Urraca, por consejo de Alfonso VI (1109); pero dicho matrimonio, contestado por algunos grupos privilegiados, estuvo lleno de desavenencias, que terminaron con su anulación (1114).

Más tarde llegaría a tener enfrentamientos con su hijastro, Alfonso VII de Castilla, a propósito de territorios fronterizos en disputa (toma de Burgos, que permanecía en poder de Aragón); las Paces de Támara (1127) pusieron fin al conflicto, obligando a Alfonso I a renunciar al título imperial.

Alfonso dio un impulso definitivo a la reconquista del valle del Ebro: tras tomar Egea de los Caballeros, Tauste (1106), Tamarite (1107) y Morella (1117), y detener una ofensiva musulmana en la Batalla de Valtierra (1110), concentró sus fuerzas sobre Zaragoza; para ello obtuvo del Concilio de Toulouse los beneficios de Cruzada, consiguió ayuda económica del obispo de Huesca y concentró en Ayerbe un ejército expedicionario en el que predominaban los francos, mandado por Gastón de Bearne; con él puso sitio a Zaragoza durante siete meses, hasta que se la entregaron los almorávides (1118).

El empuje reconquistador prosiguió en los años siguientes con la toma de Tudela, Tarazona, Borja, Épila y Ricla (1119), la repoblación de Soria (1120) y la derrota de la contraofensiva almorávide en la Batalla de Cutanda (1120).

Su empresa más audaz fue, sin embargo, una expedición contra Granada, en la que se adentró profundamente en territorio musulmán, al frente de un ejército de aragoneses, normandos y bearneses: en menos de un año (1125-26) recorrió Teruel, Valencia, Játiva, Murcia, Baza, Granada, Motril, Málaga, Lucena, Córdoba, Alcaraz, Cuenca y Albarracín.

Aunque no hizo conquistas en aquella ocasión, sí logró un gran botín y se le incorporaron muchos mozárabes que, a su regreso, contribuyeron a repoblar el valle del Ebro.

Más tarde puso sitio a Valencia (1129), con la intención de tomar un puerto desde el que poder embarcarse para proseguir la Cruzada hacia Jerusalén; ocupó Mequinenza (1133) empleando una flota fluvial, con la que pretendía dominar el Ebro hasta su desembocadura; entró en conflicto con el conde Ramón Berenguer III de Barcelona por las aspiraciones de ambos a la conquista de Lérida; y fracasó en un largo asedio sobre Fraga (1133-34).

Otras acciones de este rey eminentemente guerrero se orientaron hacia el norte de los Pirineos, para mantener su poder sobre sus vasallos del sur de Francia (1131).

Al morir dejó sus reinos para las órdenes militares; pero los nobles no aceptaron dicho testamento, procediendo a dividir la herencia entre Ramiro II el Monje (Aragón) y García V el Restaurador (Navarra).

El desorden de aquel momento fue aprovechado por los almorávides para lanzar una gran ofensiva, en la que recuperaron algunos territorios del valle del Ebro.


RAMIRO II EL MONJE (1134-1137)
(Huesca, 1157) Rey de Aragón (1134-1137). Hijo de Sancho I Ramírez, fue obispo de Pamplona (1115) y de Roda de Isábena (1134).

Sucedió a su hermano Alfonso I el Batallador, pese a que en su testamento éste nombraba herederas a las órdenes militares; por ello se enfrentó a los reyes de Navarra y de Castilla y a las autoridades eclesiásticas.

Alfonso VII de Castilla conquistó Zaragoza y Ramiro II se vio obligado a huir a Cataluña, con cuyo apoyo recuperó su reino.

Tras el nacimiento de su hija PETRONILA, se pactó el matrimonio de ésta con Ramón Berenguer IV, quien gobernó el reino en calidad de príncipe y solucionó definitivamente los problemas sucesorios.

PETRONILA (1137-1164)
vascos PETRONILA REINA DE ARAGON y CATALUÑA
Reina de Aragón (1136-1173) y condesa de Barcelona (1150-1173).

Hija de Ramiro II el Monje, en 1137 fue prometida en matrimonio a Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, en el marco de una maniobra política de la nobleza aragonesa para sustraerse al control del rey de Castilla, Alfonso VII.

Éste pretendía casar a Petronila con su hijo Sancho y, al mismo tiempo, resolver la crisis provocada por el sorprendente testamento del anterior rey, Alfonso I el Batallador, que había dejado el reino en herencia a las órdenes militares.

De esta manera se produjo la unión entre CATALUÑA y ARAGÓN, una unión dinástica por cuanto ambos reinos conservaron sus instituciones y sus leyes de gobierno.

La ceremonia de la boda se llevó a cabo en 1150, y, en los años siguientes, Petronila no intervino en las funciones de gobierno, aunque, tras la muerte de su esposo, se apresuró a ceder el poder a su hijo Alfonso, para no provocar divisiones internas entre los dos reinos.

ALFONSO II el Casto

vascos ALFONSO II
(Barcelona, 1132-Perpiñán, 1196) Rey de Aragón (1163-1196) y conde de Barcelona (1162-1196).

Hijo de Ramón Berenguer IV y de Petronila de Aragón, se enfrentó a Raimon V de Provenza por sus derechos sobre Occitania.
Llevó a cabo una política agresiva respecto a los musulmanes de Valencia: fundó Teruel, en 1170, como puesto avanzado, y realizó una serie de incursiones que le llevaron hasta Játiva.

Gracias a una alianza, en 1186, con Castilla y León, contra Navarra, logró quedar eximido del vasallaje que su padre había jurado prestar a los reyes castellanos.

Además, mediante el tratado de Cazorla, estableció con Alfonso VII de Castilla el futuro reparto de las tierras conquistadas a los musulmanes.

Más adelante cambió sus alianzas y se enfrentó a los castellanos al lado de Navarra. Estas luchas entre los reinos cristianos finalizaron tras la derrota castellana de Alarcos, frente a los almohades, en 1194, que obligó a un mayor entendimiento frente a la amenaza común.

Heredó de su madre el reino de Aragón, de su padre el condado de Barcelona, despues el de Provenza, año de 1166, por haber muerto sin hijos su primo el último conde Don Ramon Berenguer, mas tarde el de Rosellon (1187), como sucesor de su poseedor el conde Gerardo, y falleció en Perpiñan el día 25 de abril de 1196.

Su cuerpo fué trasladado al monasterio de Poblet, legándole su corona con el señorio de Vinaroz. Desde entonces fué este monasterio el panteon de los reyes de Aragón, como antes lo habia sido el de San Juan de la Peña.

De su segunda mujer Doña Sancha, hija de Alfonso VII de Castilla y fundadora del monasterio de Sigena en año 1188, dejó a Don Pedro, que le sucedió, a Don Alfonso, a quien señaló los condados de Provenza, Ancillá, Gavalda y Roda, y a Don Fernando, que fué monje en Poblet.

Doña Sancha murió en 1208.
PEDRO II el Católico (1196-1213)
vascos PEDRO II
Rey de la Corona de Aragón (1196-1213). Hijo y sucesor de Alfonso II el Casto.

Durante su reinado se consolidó la institución del JUSTICIA MAYOR de Aragón y el rey concedió regímenes municipales autónomos a diversas poblaciones (Perpiñán, Lérida, Fraga y Cervera).

Para asegurar su posición en los condados ultrapirenaicos casó con María de Montpellier, que aportó en dote esta ciudad, y se hizo coronar en Roma por Inocencio III (1204).

Tras la muerte del conde de Urgel Armengol VIII (1209), anexionó el condado de Urgel a la corona.

Ayudó a Alfonso VIII de Castilla contra León (1198) y contra Navarra y participó en la batalla de las Navas de Tolosa (1212).

Arrebató a los musulmanes de Valencia el Rincón de Ademuz (1210). Sus intereses en el Languedoc le obligaron a intervenir en la zona con motivo de la cruzada contra la herejía albigense a partir de 1208. Sus intentos negociadores fracasaron tanto ante el rey de Francia como ante el papa Inocencio III y las tropas cruzadas a las órdenes de SIMON de MONFORT se apoderaron de la Gascuña y de Bearn.

Pedro el Católico, a pesar de la amenaza de excomunión, decidió intervenir militarmente en apoyo de sus vasallos languedocianos, pero fue derrotado y muerto en Muret (1213).

Uno de los primeros actos de su reinado fué pasar a Roma a coronarse por mano del Papa Inocencio III, ceremonia que tubo lugar el día 3 de noviembre de 1204, haciendo su reino tributario de la Santa Sede, con obligación de entregarle doscienta cincuenta maravedises de oro anuales.

Los reyes de Aragón no se coronaban antes con la pompa y solemnedidad que lo hicieron desde Pedro II. Con solo armarse caballeros cuando eran de edad de veinte años, o al tiempo que se casaban, tomaban el título de reyes y entraban a entender en el regimiento del reino con consejo y parecer de los ricos hombres de la tierra...

el Papa le otorgo el privilegio de que los reyes de Aragón pudiesen en lo sucesivo coronarse en Zaragoza por manos del metropolitano de Tarragona.

De vuelta a Aragón, Don Pedro II, para cubrir los gastos de su viaje a Roma, estableció en todo su reino un nuevo impuesto llamado monedaje, que era un derecho de un tanto para cada moneda. Novedades y tributos que ocasionaron algunos disgustos algunos disturbios entre el rey y sus súbditos.

El año 1213 se fué con sus tropas en auxilio de los condes de Tolosa, de Bearne y de Foix, jefes de los albigenses, que tenia muy apurados el jefe de la cruzada católica Simon de Montfort.

El 13 de septiembre los aragoneses, en unión con los albigenses, sitiaron Muret, plaza a orillas del Garona, cuando los de Simon de Montfort, aunque en pequeño número, acudieron al socorro de los sitiados, dieron una batalla en que pereció el monarca aragonés con veinte mil de los que le acompañaban.

De su matrimonio con Doña María, hija y heredera del señor de Montpeller, dejo a Don Jaime, que le sucedio.

El año mismo de su coronación se casó Don Pedro II con Doña María de Montpeller, hija única del conde Guillermo y de Eudoxia, la hija del emperador Manuel de Constantinopla.

Apenas casado, ceso de vivir conyugalmente con ella, y sin recato nínguno se distraia con otras damas allí mismo en Montpeller, donde la reina vivia, con desvio manifiesto de su legitima esposa.

Los cónsules y pro-hombres de Montpeller que veían con sentimiento y disgusto esta conducta del monarca y la falta de sucesión de la reina su condesa, celosos al propio tiempo de la honra y decoro de su señora, de acuerdo con un rico hombre de Aragón nombrado Guillen de Alcalá, discurrieron emplear una ingeniosa y estraña estratagema para que se realizase la unión, siquiera momentanea, de los dos separados ...

Hé aquí cómo lo refiere Montaner ... "Con arreglo al plan combinado, cuando todo el mundo dormia en el palació, veinticuatro pro-hombres, abades, priores, el oficial del obispo y varios religiosos, doce damas y otras tantas doncellas con cirios en la mano fueron al palacio real con dos notarios y llegaron hasta la puerta de la cámara del rey.

Entró la reina ... Los demas se quedaron fuera arrodillados y en oración toda la noche ...

El rey creia tener a su lado a la dama de quien era servidor. Las iglesias de Montpeller estuvieron abiertas, y todo el pueblo se hallaba en ellas reunido y orando según lo acordado.

Al amanecer los notables, los religiosos y todas las damas, cada una con una antorcha en la mano, entraron en la real camara.

El rey saltó de la cama asustado y echó mano a la espada: entonces se arrodillaron todos, y enternecidos exclamaron: "¡Por Dios señor, mirad con quién estais acostado!"

Reconocio el Rey a la reina y le esplicaron el plan y objeto de aquel suceso.

"Pues que así es, exclamó el rey, quiera el cielo cumplir vuestros votos".

En aquel mismo día montó el rey a caballo y salio de Montpeller ...

Así fué concebido el que se llamó mas tarde Don Jáime el Conquistador.

vascos REINO DE ARAGON
JAIME I EL CONQUISTADOR

vascos JAIME I

Rey de Aragón, conde de Barcelona y señor de Montpellier (1213-1276) y rey de Mallorca (1229-1276) y de Valencia (1239-1276).

Hijo del rey Pedro II el Católico y de María de Montpellier, Jaime I el Conquistador se convirtió en soberano de la Corona de Aragón con tan sólo cinco años, al morir su padre en la batalla de Muret, frente a los cruzados de Simón de Montfort en defensa de sus vasallos languedocianos (1213).

Tras una larga y turbulenta minoría de edad, en que los regentes del joven monarca, sus tíos el conde Sancho I de Rosellón y el infante Fernando de Aragón, sucesivamente, tuvieron que sofocar las continuas rebeliones de la nobleza aragonesa, Jaime I asumió la dirección de sus Estados en 1225 e intentó sin éxito conquistar Peñíscola.

Dos años después, la paz de Alcalá rubricó el definitivo triunfo de la monarquía sobre los nobles de Aragón y proporcionó al rey la estabilidad necesaria para permitirle iniciar sus campañas militares dirigidas contra los musulmanes del levante peninsular.

Ante el perjuicio que la competencia comercial y la piratería de los sarracenos de las Baleares ocasionaban a los mercaderes catalanes, Jaime I emprendió en 1229 la conquista de Mallorca con la victoriosa batalla de Portopí.

Tras la toma de Ciudad de Mallorca (diciembre de 1229), se apoderó de la isla en pocos meses, salvo un pequeño núcleo de resistencia musulmana, que logró mantenerse en la sierra de Tramontana hasta 1232.

Entretanto, el monarca estableció un protectorado sobre MENORCA, rubricado por el tratado de Capdepera, por el cual los sarracenos menorquines aceptaron su soberanía (1231). Por último, cedió la sumisión de Ibiza a la alta aristocracia catalana, que la hizo efectiva en 1235.

Dominadas las Baleares, Jaime I asumió en 1232 la dirección de la conquista de Valencia. Tanto en Mallorca como en Valencia, Jaime I decidió crear reinos autónomos, pero integrados en la CORONA DE ARAGÓN.

Los últimos años de vida de Jaime I fueron amargos, ya que, por una parte, asistió al fracaso de sus dos tentativas de realizar una cruzada en Tierra Santa (1269 y 1274) y, por otra, tuvo que hacer frente a la rebelión de su primogénito, el infante Pedro, y a los desórdenes feudales acaudillados por su hijo bastardo Fernando Sanchís de Castro.

Hombre culto e inteligente, Jaime I impulsó la expansión comercial catalana por el Mediterráneo, protegió a los judíos, organizó el Consell de Cent o gobierno municipal de Barcelona, promovió la redacción del Libro del Consulado de Mar, una compilación de derecho marítimo, y él mismo escribió o dictó una autobiografía conocida como Llibre dels feyts.

A su muerte, acaecida en Valencia el 27 de julio de 1276, dividió sus reinos entre sus hijos Pedro, al que correspondieron Aragón, Cataluña y Valencia, y Jaime, quien recibió las Baleares, el Rosellón y Montpellier.

PEDRO IV EL CEREMONIOSO

Rey de Aragón (Balaguer, Cataluña, 1319 - Barcelona, 1387).

El sobrenombre de el Ceremonioso le fué dado por su aficción a la etiqueta de palacio. Era hijo de Alfonso IV, a quien sucedió en 1336.
Se propuso el objetivo de reintegrar a la Corona catalanoaragonesa los territorios perdidos por sucesivas particiones sucesorias.
En primer lugar, anexionó las BALEARES (1343), el ROSELLÓN y la CERDEÑA (1344), alegando el incumplimiento de los deberes del rey de Mallorca Jaime III (que además era su cuñado) como vasallo de Aragón; para consolidar sus conquistas hubo de rechazar un intento de Jaime III por recuperar el reino con ayuda de Francia en 1349.

En cuanto a la isla de Cerdeña, Pedro quiso acabar con las continuas rebeliones antiaragonesas que alentaba Génova; para ello se alió con Venecia y venció a la flota genovesa en Constantinopla (1352) y Alguer (1353); luego desembarcó en Cerdeña, sometiendo a los rebeldes por la fuerza (1354-56).

También trató de recuperar Sicilia casándose con Leonor de Sicilia y convirtiéndose así en heredero de aquel reino (1349); la oposición del papa y de los Anjou le llevó a reforzar los derechos de la casa de Aragón mediante la boda de su nieto Martín con la reina María de Sicilia (1379).

Aquellos enlaces proporcionaron a sus descendientes no sólo el reino de Sicilia, sino también los ducados de ATENAS y NEOPATRIA cuyo dominio hizo efectivo una expedición enviada a Grecia por Pedro.

La alianza con Venecia -y con Francia- enturbió las relaciones con Castilla (apaciguadas desde los comienzos del reinado), ya que Pedro I de Castilla era aliado de Génova y de Inglaterra; estalló así la Guerra de los Dos Pedros (1356-69), que se superponía a la guerra civil castellana (pues Aragón apoyaba la candidatura al Trono de Enrique II de Trastámara) y a la Guerra de los Cien Años (que enfrentaba a ingleses y franceses por el dominio de las regiones occidentales de Francia).

Aquella guerra, en la que Castilla pretendía obtener la zona de Alicante y Aragón pretendía la de Murcia, se saldó sin variaciones territoriales, pero con un alto coste para los reinos aragoneses, azotados además en esas fechas por la PESTE NEGRA.

La inexistencia de descendientes varones de sus dos primeros matrimonios llevó a Pedro IV a declarar heredera a su hija Constanza, rompiendo la costumbre sucesoria de la Corona de Aragón y contrariando los derechos del hermano del rey; aquello desencadenó la rebelión de la nobleza en Aragón y en Valencia.

Pedro tuvo que hacer concesiones a los nobles en las Cortes de Zaragoza (1347) y de Valencia (1348), hasta que, apoyándose en Cataluña, consiguió imponerse militarmente a los rebeldes (batallas de Épila y Mislata) y castigar a sus cabecillas (1348).

En todo caso, el matrimonio con Leonor de Sicilia solucionó el problema sucesorio, con el nacimiento de los futuros reyes Juan I (1350) y Martín I (1356).

Pedro, el Ceremonioso, recibe ese sobrenombre por su afición al protocolo y las ceremonias, que reguló promulgando el Libro de las Ordenaciones de la Casa de Aragón.

FERNANDO I de Antequera (1412-1416)

vascos FERNANDO I de Antequera
Medina del Campo, 1380-Igualada, 1416) Rey de Aragón (1412-1416).

Regente de Castilla durante la minoridad de Juan II.

Proclamado rey de Aragón por el Compromiso de Caspe (1412), La decisión del Congreso de Caspe fué respetada por los competidores de Fernando I, a excepción de Don Jaime conde de Urgel, que se rebeló.

Fernando I logró sujetarle, le confisco todos sus bienes y le condenó a cárcel perpétua: este desdichado conde murió en el castillo de Játiva el día 1º de junio de 1435, asesinado por los infantes hermanos de Alfonso V, despues de veinte años de prisión y sufrimientos.

Don Fernando I se habia casado en Madrid el año de 1393 con su tía Doña Leonor Urraca de Castilla, llamada la rica hembra, y a sus títulos de señor de Lara, duque de Peñafiel y conde de Mayorga, añadio el de conde de Alburquerque, Ledesma y señor de Castro de Haro.

Despues de un reinado de cuatro años no cumplidos, Don Fernando I murió en Igualada el 2 de abril de 1416, y su cadáver fué llevado al monasterio de Santa María de Poblet.

ALFONSO V el Magnánimo (1416-1458)

vascos ALFONSO V
Rey de Aragón, Valencia (Alfonso III), Mallorca (Alfonso I), Sicilia (Alfonso I) y Cerdeña (Alfonso II), conde de Barcelona (Alfonso IV) (1416-1458) y rey de Nápoles (Alfonso I) (1442-1458).

Hijo primogénito del infante Fernando de Castilla y de Leonor de Alburquerque, se convirtió en heredero al trono de la Corona de Aragón cuando su padre fue proclamado rey, el 24 de junio de 1412, en el compromiso de Caspe, acuerdo que ponía fin al conflictivo interregno abierto en la Confederación catalano aragonesa a la muerte del soberano Martín I sin sucesor directo (1410).

El mismo día en que murió Don Fernando I, fué aclamado rey de Aragón, de Valencia, de Mallorca, de Sicilia y de Cerdeña, y conde de Barcelona, su hijo primogénito Don Alfonso V, nacido el año de 1394 en Medina del Campo.

La reina Doña Juana de Nápoles, sitiada en su capital por Luis III de Anjou, hizo ofrecer la sucesión al trono de Nápoles, reconociéndole como hijo y heredero suyo, a Don Alfonso V, el cual, pasando a Nápoles con una armada, obligó a los enemigos de Doña Juana a levantar el cerco.

La adopción de Don Alfonso, ratificada entonces por Doña Juana, fué confirmada por bula del Papa Martin V. En el año 1423 revocó públicamente aquella princesa su adopción, y la trasfirió a Luis de Anjou, al cual, juntamente con el duque de Milan y señor de Génova, obligó Don Alfonso a salir de Nápoles (octubre de 1423).

Antes de regresar a Cataluña Don Alfonso V, tomó y quemó Marsella, que pertenecia a su enemigo Luis de Anjou, apoderandose allí de las reliquias de San Luis, obispo de Tolosa, que depositó mas tarde en la catedral de Valencia.

Salió victorioso en una empresa que hizo en 1432 a africa contra el rey de Tunez.

En noviembre de 1434 murió Luis de Anjou, y el 2 de febrero de 1435 falleció también en Nápoles la reina doña Juana, despues de haber nombrado heredero de todos sus reinos a Renato, duque de Anjou y de Provenza, hermano de Luis, muerto sin hijos.

Alfonso sitió con su escuadra la plaza de Gaeta, pero cayó prisionero de los genoveses que acudieron a socorrerla, con sus dos hermanos y lo mas escogido de su nobleza.

Pronto logro su libertad por el duque de Milan, señor de Génova, con quien hizo alianza (1436).

Emprendió de nuevo la guerra de Nápoles, de cuya capital se apoderó el 2 de junio de 1442, sometió a su obediencia al Abruzzo, la Pulia y la Calabria, obligó al duque de Anjou a refugiarse en Florencia, y el 26 de febrero de 1443 entro triunfalmente en Nápoles, donde se hizo reconocer como heredero de aquella corona a Don Fernando, su hijo natural, que había sido antes reconocido por el Papa.

Murió en Nápoles el 28 de junio de 1458 a los sesenta y cuatro años de edad, sin dejar sucesión de su mujer Doña María, hija de Enrique III, con la cual se habia casado el 12 de junio de 1415. Esta princesa, nacida en Segovia el 14 de noviembre de 1401, sobrevivió dos meses a su marido, y falleció en Valencia el 7 de septiembre de 1458.

FERNANDO II el Católico (1479-1516)

vascos FERNANDO II
Rey de Castilla (1474-1504), junto con su esposa Isabel I, de Aragón (1479-1516), de Sicilia (1468-1516) y de Nápoles (1504-1516).

Hijo de Juan II de Aragón y de su segunda esposa Juana Enríquez, hija del almirante de Castilla. A la muerte de su hermanastro, Carlos de Viana (1461), pasó a ser el heredero de la corona aragonesa.
En 1462 fue nombrado lugarteniente general de Cataluña y, en 1468, rey de Sicilia.

Durante la guerra civil catalana (1462-1472), en la que tomó parte activa, se familiarizó con los negocios de Estado a instancias de su padre.

Al morir el infante Alfonso de Castilla (1468) y ser reconocida la infanta Isabel, hermana de Enrique IV, como heredera de Castilla, Juan II puso toda la habilidad posible para conseguir el matrimonio de Fernando con la princesa castellana, que se produjo en octubre de 1469.

Cuando murió Enrique IV de Castilla (1474), Isabel fue proclamada reina por sus seguidores, menospreciando los posibles derechos de la infanta Juana la Beltraneja, que era apoyada por Portugal.

Fernando, tras arduas discusiones con la recelosa nobleza castellana, consiguió ser reconocido rey con los mismos derechos que Isabel.

La guerra civil castellana fue prioritaria en las intenciones de Fernando, que contribuyó de una manera definitiva, sobre todo con la victoria de Paleagonzalo (1476), al éxito de la causa isabelina.

En 1479 fallecía Juan II, y Fernando heredaba el trono de Aragón.

En los años siguientes, Isabel y Fernando se dedicaron a afianzar su autoridad sobre sus reinos: de este modo en Castilla se institucionalizó la figura del corregidor (1480), se creó la Inquisición (1481), se sancionó a los nobles rebeldes y se reorganizó la hacienda real.

Fernando puso fin en sus Estados al problema de los remensas catalanes mediante la abolición de los malos usos y la consolidación de los contratos de enfiteusis (sentencia arbitral de Guadalupe, 1486).

Lograda la paz interior, dedicó sus esfuerzos a completar la Reconquista, con la mirada puesta en la unificación política de todos los reinos bajo la dirección de Castilla. En este empeño emprendió una larga guerra contra el reino nazarí de Granada (1481-1492), que acabó con su integración a la corona castellana.

Logró la unidad religiosa del reino con la expulsión de los judíos (1492) y la conversión forzosa de los moriscos (1503).

Abrió unas insospechables puertas con el descubrimiento de América (1492).

Libró el Rosellón de la influencia francesa e intervino en las guerras de Italia, que dieron como resultado la conquista del reino de Nápoles (1503).

Casado en segundas nupcias con Germana de Foix (1505) y regente de Castilla (1507), tomó parte en la Liga de Cambrai contra Venecia (1511). A su muerte designó heredera del reino de Aragón a su hija Juana y gobernador a su nieto Carlos.
vascos LAS BARRAS DE ARAGON
LAS BARRAS DE ARAGÓN


En la corona de Aragón, que en realidad era una inestable confe­deración de aragoneses, catalanes, valencianos, vascos en varios periodos, cada cual con sus costumbres y su humor, por más que Jaime II los declarara indisolubles, también se produjo el pulso entre reyes y nobles privilegiados que había en Castilla, sólo que aquí lo per­dieron los reyes.

Ya desde Jaime I los nobles tenían derecho a su propio juez o justicia pero no contentos con ello aprovecharon que Pedro III estaba ocupadísimo conquistando Sicilia para re­belarse contra su autoridad y obligado a aceptar, además, Cortes anuales y fiscalización del gobierno.

En el siglo XIV incluso nació una comisión permanente que controlaba los impuestos reales, origen de la Generalitat que, con el tiempo, se convertiría en sím­bolo de las libertades catalanas frente al absolutismo real.

Ya vemos que los reyes aragoneses estuvieron bastante supe­ditados a sus magnates y a sus ciudades. Naturalmente estas tra­bas los dejaron en inferioridad de condiciones respecto a sus ve­cinos, castellanos o franceses.

La próspera Barcelona, actuando virtualmente como CIUDAD-ESTADO, no inferior en pujanza e ini­ciativa a las repúblicas italianas, se gobernó por cinco concejales y un Consell de cent.

Hacia el final de la Edad Media, la vocación mediterránea de Aragón dio lugar a la incorporación más o menos permanente de Sicilia, Cerdeña, Mallorca y hasta la mitad sur de Italia, el rei­no de Nápoles.

La cosa empezó cuando Pedro III reclamó los de­rechos de su mujer, a Ná­poles y Sicilia contra el rey de Frncia Carlos de Anjou, al que el Papa había entregado la isla graciosamente.

Por entonces unos oficiales franceses registraron de modo inconveniente a una novia siciliana que iba a bodas y la afrenta desencadenó una subleva­ción popular contra los ocupantes.

Aprovechando la coyuntura, el aragonés desembarcó, ocupó la isla en un paseo militar y fue aclamado rey por los sicilianos.

El Papa lo excomulgó y hasta organizó una cruzada contra él, pero la convocatoria fue escasa, que ya no estaba Europa para cruzadas.

Hasta tiempos relativamente recientes, los pontífices no se molestaron en disimular sus ambiciones mundanas y sus marrullerías polí­ticas a las que frecuentemente supeditaban sus obligaciones como vicarios de Cristo.

Eran testarudos aquellos aragoneses.

Pedro III no se amila­nó porque el Papa lo excomulgara y sus sucesores mantuvieron el tipo igualmente y prosiguieron la lucha contra el Papa y con­tra los franceses. A la postre ganaron la partida, puesto que el Va­ticano acabó cediendo Cerdeña y Sicilia.

Por cierto, los almogá­vares o mercenarios aragoneses que habían luchado en Sicilia (como antaño los mercenarios iberos a sueldo de griegos y car­tagineses) cuando la isla quedó pacificada fueron contratados por el emperador de Bizancio para luchar contra los turcos que amenazaban Constantinopla.

La conquista de Sicilia había exten­dido por todo el Mediterráneo la fama de invencibles de aquellos montañeses.

Las Grandes Compañías Catalanas de almogávares consti­tuían una infantería tan temible como hoy la de los mercenarios gurkas.

En reposo puede que se parecieran más a una turba de desaliñados salteadores que a un cuerpo militar, pues iban ves­tidos de pieles y apenas protegidos por un pequeño escudo y una red de hierro que les cubría la cabeza, y tan sucintamente arma­dos (con dos venablos, un cuchillo carnicero y un breve chuzo) que no impresionaban a nadie.

Pero cuando, antes de entrar en combate, golpeaban la herrada contera del chuzo arrancando chispas de las piedras y gritaban "¡Desperta ferro!" infundían es­panto al más bragado enemigo. Metidos en harina se conducían con proverbial ferocidad, sin dar ni esperar cuartel.

El caudillo que los mandaba era un aventurero llamado Ro­ger de Flor, al que el taimado emperador de Bizancio nombró me­gaduque y casó con una de sus sobrinas, que tenía muchas para tales casos.

Mientras los almogávares derrotaron a los turcos y pacificaron las fronteras, los bizantinos los adoraron pero en cuanto dejaron de necesitarles pareció que aquella horda salvaje desentonaba en la armonía y la belleza de sus ciudades.

Además, a Roger de Flor se le habían subido los humos a la ca­beza y aspiraba a recibir un reino como recompensa por su ac­tuación.

El emperador fingió estar de acuerdo pero lo atrajo a una trampa, junto con ciento treinta de sus capitanes y oficiales, y los hizo asesinar a todos.

La trampa fue un banquete. ¡Siempre esa obsesión hispánica por comer de balde que tantos disgustos nos acarrea.

Cuando la chusma almogávar supo lo ocunido a sus oficiales, su reacción fue tan violenta que todavía por aquellas costas se habla de la "venganza catalana".

Los almogávares entraron a san­gre y fuego por pueblos y aldeas sin dejar títere con cabeza has­ta que, algo más calmados y cansados de ir de un lado para otro, decidieron sentar cabeza y fundaron un reino que duraría casi un siglo (el ducado de Atenas).

A la expansión política y militar de Aragón se correspondía una paralela expansión comercial.

La potente marina mercante catalana se sumó al activo comercio mediterráneo en compe­tencia, a menudo armada, con genoveses y pisanos.

Su prestigio era tal que el Llibre del consulat del mar, especie de código de de­recho marítimo catalán, era aceptado casi unánimemente por las otras marinas de Europa.

Con hipérbole patriótica se llegó a decir que para navegar por el antiguo Mare Nostrum, hasta los peces tenían que lucir las barras de la enseña aragonesa.

En 1412, el rey de Aragón murió sin sucesor. Después de muy tortuosas negociaciones en las que no faltaron violencia y sobornos, los nobles catalanes, aragoneses y valencianos reuni­ dos en Caspe acordaron entregar el trono a Fernando el de An­tequera, hermano del rey de Castilla.

El hijo y sucesor de éste, Alfonso V el Magnánimo, conquistó Nápoles y se consagró por entero a aquel reino donde lo dejaban mandar como le daba la gana desentendiéndose de Aragón, donde para cualquier cosa ha­bía que pedir permiso a unas Cortes cada día más quisquillosas.

Aragón ganaba territorios en la península italiana pero los perdía más cerca.

Los franceses ocuparon las comarcas catalanas del Rosellón y la Cerdaña, aprovechando el conflicto entre Juan II,hermano y heredero de Alfonso V, y su hijo Carlos de Viana.

Es un contencioso que traería mucha cola.
imagen
JAVIER AROCENA


: