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CONQUISTA ARABE y VASCOS
Hacia el 708 Vitiza asoció al trono a su hijo Aquila, cosa que desagradó a una parte de los nobles. Los opositores, como se había hecho en ocasiones anteriores, buscaron el apoyo externo para tomar el poder.
Uno de los principales conjurados, RODRIGO, que debía ser dux de la Bética, se alió a los árabes que estaban a las puertas de Ceuta, ciudad bajo soberanía visigoda pero gobernada por un jefe local beréber llamado Olbán o Urbán (conocido en la historia como el conde Don Julián), al que Vitiza proveía de lo necesario para hacer frente a los árabes.

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Rodrigo, según era costumbre, prometió al caudillo musulmán del Magreb una parte del tesoro visigodo si le ayudaban a colocarse en el trono.

Historia vascos caballo y soldado árabes
     
INDICE DE ESTA PÁGINA
Antecedentes de la invasión arabe
Tarik cruza el Estrecho
Emires y Califas de Córdoba
Guerras entre moros y cristianos
Las denominaciones vascas en el Sur
Sevillanos con ancestros vascos


ANTECEDENTES DE LA CONQUISTA ARABE

La administración visigoda en Navarra se extendió a casi todo el territorio, probablemente delimitado por Iaca (Jaca) al Norte, Pamplona en el centro, y el río Ebro al Sur.

De las antiguas ciudades romanas, excluidas las mansiones, algunas habían quedado despobladas o habían perdido su importancia y se habían convertido en pequeñas aldeas.
Solo en Calagurris y Cascantum, primero, y después en Pamplona, se localizan obispados, y las dos primeras se sitúan al Sur del Ebro.

Algunas ciudades del Valle del Ebro (Vareia, Calagurris, Curnonium, Ergavia y Graccuris), del centro y Oeste (Andelos, Tarraga y Araceli) y del Este del país (Iluberri, Cara) debieron subsistir, aunque habían perdido su importancia y debían depender administrativamente de otras ciudades (tal vez Tarazona, donde sabemos que había Obispo, las de la zona del Valle del Ebro; las demás dependerían de Pamplona, o estarían en poder de los vascones libres). Al Este se situaban Iaca y Seguia, cuyo carácter vascón estaba en regresión.

Ya hemos visto las incursiones que realizaban los vascones, enumerándolas y comentándolas detalladamente. A pesar de ello la pobreza estaba muy extendida.

En la década entre el 680 y el 690 se produjo una hambruna en Hispania, cuyas consecuencias en Navarra y Zona costera Vasca son desconocidas, pero, dado que los vascones vivían en parte de los saqueos de otras tierras, no sería de extrañar que la falta de botín se dejara sentir de forma importante y acelerara la degradación de las condiciones de vida.

Es posible también que el hambre empujara a miles de esclavos a la huida (ya hemos mencionado que a en los últimos años del siglo VII las huidas de esclavos parecen haber aumentado, y hasta podrían haberse generalizado) y que algunos de ellos se escondieran en tierras vasconas, contribuyendo al empeoramiento de la situación económica.

La mayoría de las tribus vasconas pudieron incrementar su composición numérica, aumentado su poder a nivel local, y derivando hacia la unión con otras tribus, aunque siempre en forma insuficiente para poder hacer frente con éxito a la maquinaria bélica del enemigo.

Tras el destronamiento de Wamba, su sucesor Ervigio, inició una política de concesiones a la nobleza y a los obispos. Para dar satisfacción a la nobleza de las provincias Tarraconense(de la que dependían vascones y navarros) y Narbonense, que habían apoyado la rebelión de Paulus, muchos magnates que tomaron parte en la revuelta fueron rehabilitados y restablecidos en sus cargos y posesiones.

Además se rehabilitó a otros rebeldes, desde los tiempos de Chintila, buena parte de los cuales parecen haber tenido sus raíces en las citadas provincias (pues en ellas habían actuado básicamente los refugae) Seguramente estas dos provincias apoyaron a Ervigio.

La situación cambio con su sucesor Egica, yerno de Ervigio, pero presunto sobrino de Wamba, que fue contrario a los intereses de los magnates que habían apoyado a su suegro, y rehabilitó a los que se habían opuesto a éste (probablemente nobles que en su día apoyaron a Wamba), devolviéndoles sus bienes.

Los nobles que habían participado en el destronamiento de Wamba (presuntamente los que luego apoyaron a Ervigio) fueron expropiados, aunque la medida no parece haber afectado esencialmente a los nobles rehabilitados seguidores de Paulus o miembros del grupo de los Refugae.

Se supone que fueron los seguidores de Ervigio quienes, de acuerdo con el arzobispo de Toledo Siseberto, llevaron a cabo el golpe de estado que llevó al trono a Sunifredo, un noble palatino; pero los conjurados planeaban el asesinato del rey, y no pudieron llevarlo a cabo; aunque debieron dominar algún tiempo Toledo, fueron vencidos y castigados (Siseberto fue secularizado y excomulgado y enviado al destierro, y sus bienes fueron confiscados; otros conspiradores fueron destituidos y excomulgados, y sus bienes igualmente confiscados, convirtiéndose muchos de ellos en esclavos del Tesoro).

Se cree que, a pesar de haber preservado a los nobles rehabilitados por Ervigio de represalias, Egica no tuvo el pleno apoyo de las provincias Narbonense y Tarraconense; los obispos de la Narbonense no se desplazaron al XVI Concilio toledano, hecho que se ha interpretado a menudo como un síntoma de sorda hostilidad, al menos del clero; pero lo cierto es que la razón alegada para la ausencia, una epidemia, no fue una mera excusa, pues tal epidemia existió y costo la vida a miles de personas.
Seguramente ambas provincias hubieran preferido a Ervigio, pero cualquier desafección a Egica debía deberse más a un incipiente regionalismo que a una hostilidad directa al rey.

En todo caso, su hijo y sucesor, Vitiza, perdonó a los desterrados por su padre devolviéndoles sus bienes, y obtuvo a cambio el apoyo mayoritario de todo el reino, y en especial de las dos provincias.



Sabemos que la Tarraconense y la Narbonense (provincias romanas, ahora visigodas) apoyaron a Vitiza y a sus hijos. A falta de testimonios contemporáneos hemos de convenir en que los apoyos del los reyes no están claros, pero vemos que aunque Egica (fundador de la dinastía vitiziana) hubiera tenido la oposición inicial de las dos provincias (lo cual no es seguro), las asperezas quedaron limadas con su hijo y sucesor Vitiza, quien parece haber conseguido el apoyo general del reino.

Al final de su reinado la oposición a Vitiza surge del Sur, haciendo pensar que, en un movimiento pendular, Vitiza se había decantado hacia las provincias nororientales, quizás para compensar los errores de su padre o quizás porque de ellas recibía mayores apoyos, mientras en otras provincias su entusiasmo se fue apagando.
Es evidente que surgieron nuevos opositores, pero las causas del descontento no han llegado hasta nosotros.

A falta de informaciones contemporáneas, se ha especulado con los motivos del surgimiento de una nueva facción nobiliaria opuesta al rey:

a) Vitiza asoció al trono a su hijo Aquila, lo que quizás desagradó a los nobles, a quienes podía no gustar el príncipe, o podían desear elegir otro rey.

b) Posibles persecuciones a algunos nobles, por oscuras causas.

c) Posible relajamiento de las normas contra los judíos.

d) Enfrentamiento con el dux de la Bética Teudefredo, por causas inciertas.

En primer lugar no está clara la fecha de la muerte de Vitiza. Sabemos que había muerto el 710, pero es difícil situar su muerte, pues de los datos que se poseen pudo haber ocurrido entre el 708 y el 710. La causa de la muerte tampoco está clara, pues según algunas informaciones murió de muerte natural, mientras que según otras fue asesinado por algunos nobles, logrando huir su hijo Aquila hacia la Tarraconense, donde tenía muchos partidarios.

Parece que la Tarraconense, la Narbonense y tal vez Galicia (de donde Vitiza había sido dux cuando estaba asociado al trono de su padre) se decantaron por el príncipe.
La Bética y Lusitania se decantaron por los sublevados, que dominaban además en Toledo, y que debieron lograr imponerse en toda la Cartaginense.

Los rebeldes proclamaron rey a Roderik, presunto dux de la Bética. El usurpador reunió un ejército para combatir a su rival, y a finales del 710, o más probablemente en la primavera del 711 se encontraba combatiendo en la zona del Valle del Ebro, asegurándose incluso que estaba sitiando PAMPLONA, en tal caso seguramente después de someter Zaragoza.

Un desarrollo lógico sugiere la siguiente secuencia de hechos: hacia el 708 Vitiza asoció al trono a su hijo Aquila, cosa que desagradó a una parte de los nobles. Los opositores, como se había hecho en ocasiones anteriores, buscaron el apoyo externo para tomar el poder.
Uno de los principales conjurados, RODRIGO, que debía ser dux de la Bética, se alió a los árabes que estaban a las puertas de Ceuta, ciudad bajo soberanía visigoda pero gobernada por un jefe local beréber llamado Olbán o Urbán (conocido en la historia como el conde Don Julián), al que Vitiza proveía de lo necesario para hacer frente a los árabes.
Rodrigo, según era costumbre, prometió al caudillo musulmán del Magreb una parte del tesoro visigodo si le ayudaban a colocarse en el trono.

Historia vascos Mezquita
En el 711 Tarik cruza EL ESTRECHO

El clero y la nobleza vitiziana se encontraron dueños de Toledo y proclamaron rey a Aquila (aunque parece que éste no acudió a la ciudad), mientras, seguramente en Mérida, los nobles rodriguistas (en el supuesto de la muerte del rey) proclamaron a un nuevo soberano, que aparentemente no llegó a ser consagrado .

El líder de la resistencia en Lusitania, bien fuera Rodrigo o su sucesor desconocido, debió morir en un combate contra Musa, el superior jerárquico de Tarik, a fines del 712 o en el 713.

Tras la batalla de La Janda (conocida como batalla del Guadalete) los vitizianos entraron en contacto con los árabes, directamente o a través de Olbán.
Anteriormente Aquila(el rey godo) habría buscado el apoyo de Francos, Aquitanos o Vascones, pues los árabes eran los aliados de su rival.

Pero ahora las tornas habían cambiado. Sin duda los vitizianos esperaban que una vez con Aquila en el trono, regresarían a Africa, a cambio, evidentemente, de alguna compensación material.

Tarik pudo entrar en Toledo donde el hermano de Vitiza, Oppas, ya se encontraba, y que hay que suponer dominada por su facción.

Seguramente Tarik entraba en la ciudad (711) fingiéndose un aliado de Aquila, al que se suponía iba a proclamar, y del que sus fuerzas se esperaba que servirían para combatir a los rodriguistas rebeldes (si la ciudad seguía en manos de Rodrigo, difícilmente hubiera podido fingirse aliado de éste para combatir a Aquila, después de que Rodrigo hubiera llamado a un ejército de resistencia nacional).

Es evidente que la alianza de Rodrigo y los árabes se había roto, pues de no haber sido así no se habría dado la batalla de La Janda( Guadalete). Por tanto es impensable que Toledo le esperara para combatir a los vitizianos pues en el 711 debía saberse que Tarik no favorecía al partido rodriguista.

En cambio, Tarik, una vez en la ciudad, traiciono a sus supuestos aliados, seguramente por la ambición de apoderarse de todo el tesoro real godo. La toma del poder por los vitizianos en Toledo debió producirse por tanto en Julio del 711, cuando la mayoría de los nobles rodriguistas salieron hacia la Bética, y los vitizianos y el clero aprovecharon la situación.

¿Que sabemos con exactitud?. Emisarios de un partido visigodo se dirigieron al gobernador árabe del Magreb para pedirle ayuda. Pero ignoramos si se trataba de los rodriguistas o de los vitizianos.

La tradición presenta a Rodrigo como el defensor de la fe y de la patria, y acusa a Vitiza, con una base de poder periférica, de apoyar a los judíos, tolerar el paganismo y pactar con el enemigo extranjero. Pero nada apoya estas tesis.

Rodrigo en su día fue considerado un usurpador por el clero y el reinado de Vitiza fue considerado una época de prosperidad y bondad.

Como la demanda de ayuda fue hecha hacia el 709 es más probable que fueran los rodriguistas quienes pidieran apoyo a los árabes, pues en tal año se supone a los vitizianos en el poder.
El hecho de que fuerzas de ambos partidos estuvieran presentes en la batalla decisiva del 711 no permite ser concluyente. Cabe la posibilidad de que Rodrigo ya hubiera llegado al poder el 709 y que fuera Aquila quien pidiera el apoyo árabe en este mismo año, aunque siendo la base de su poder las provincias nororientales no deja de ser sorprendente que acudiera a buscar aliados tan lejanos.

El gobernador árabe del Magreb, Musa, consultó el tema con el califa omeya Al Wal§d, quien según la tradición contestó: “guárdate de arriesgar a los musulmanes a través de los peligros de un mar de violentas tempestades”.

A pesar de la supuesta respuesta del Califa, Musa desobedeció. ¿Que pudo impulsarle a una actitud tan sorprendente, dada la época y el rango de su soberano?. Solamente la tentación del tesoro real visigodo (una parte del cual le fue prometido por los emisarios godos) pudo ser un anzuelo suficiente que le impulsara a actuar por su cuenta contra las ordenes del Califa.

En Julio del 710 una reducida expedición al mando de un oficial beréber, cruzó el Estrecho. Se acusa al gobernador ceutí Olbán o Julián, aliado de Vitiza, de haber favorecido el paso, para ayudar a Vitiza o a su hijo a combatir la rebelión de Rodrigo.
Pero el hecho de que fueran muy pocas naves las que efectuaron la incursión no permite sacar conclusiones definitivas, pues Ceuta, que debía estar en contacto con los visigodos, debían tener a su disposición bastantes naves para asegurar los suministros, con las cuales las fuerzas musulmanas hubieran podido cruzar el Estrecho y asegurar el triunfo de su protegido.

A pesar del escaso número de fuerzas desembarcadas, éstas pudieron tener un efecto decisivo, pues poco después ya encontramos a Rodrigo en el trono. Acaso al conocerse la noticia de un desembarco de fuerzas árabes los nobles que apoyaban a Vitiza le abandonaron (como había ocurrido en ocasión de la rebelión de Sisenando años antes) y murió asesinado (o de muerte natural).

¿Acaso Vitiza fue derrocado aprovechando la confusión que debió seguir a la noticia del desembarco?. Pero en primer lugar aun habría que preguntarse ¿Era rey todavía Vitiza?.

Tal vez ya había muerto y reinaba Rodrigo y efectivamente los árabes acudían en apoyo de Aquila, y contaban con la ayuda de Olbán. Si tal es el caso ¿por qué no consta que Rodrigo reinara en Toledo antes de fines del 710?.

Tampoco consta que reinara Aquila, por lo cual hay que suponer que aun seguía reinando Vitiza, pero ello no es muy seguro. Aun cabe hacer otra pregunta. Si los musulmanes que cruzaron el Estrecho lo hacían en apoyo de Rodrigo ¿Traicionó en tal caso Olbán(conde Don Julián) a Vitiza o Aquila, al contrario de lo que tradicionalmente se supone?. Los enigmas que plantea la situación son, como se ve, numerosos, y por ahorra irresolubles.

A finales del 710 Musa fue informado de que era fácil cruzar el Estrecho, y envió a su liberto Tarik o Tarif, valí de Tánger, al mando de una nueva expedición.

Se reunieron tropas entre la tribu beréber cristiana de los gomeras, y el gobernador de Ceuta, Olbán o Julián, tal vez por las razones antes expuestas, prometió paso franco. ¿Acudían los árabes en ayuda de Rodrigo, que llegó al trono por los mismos días?.

Es posible que Olbán enterado de la ayuda que los musulmanes iban a prestar a Rodrigo, cambiara de bando, y ofreciera su apoyo a cambio de conservar el gobierno, pero parece más probable que Olbán siguiera leal a Aquila, y que ya se conociera el triunfo de Rodrigo en Toledo.
En tal caso hay que pensar en que los árabes acudían en ayuda de Aquila ¿Había sido siempre así? ¿Se había producido un nuevo ofrecimiento del partido vitiziano? ¿Se había producido una rotura entre los árabes y los rodriguistas?.

Musa jugó con las palabras del Califa para poder alegar que no había desobediencia: puesto que le prohibía involucrar a musulmanes en el cruce del Estrecho, confiaba la tarea a beréberes cristianos. Por otra parte podía comunicar que el mar de las violentas tempestades podía ser cruzado sin peligro.

La flota africana llego en la primavera del 711 a un promontorio que Tarik llamó Djebel Tarik (Monte de Tarik) y que actualmente se llama Gibraltar, y estableció su base en la actual Algeciras. ¿Sabían que Rodrigo ocupaba el trono?.

Aunque pueda suponerse que no, no deja de ser sorprendente que estuvieran tan mal informados. No obstante se supone que, puesto que Rodrigo, aunque ya gobernaba en Toledo, no había consolidado su posición, se había abstenido de notificar ningún cambio, y esperaba la ayuda musulmana para dar el golpe definitivo a su enemigo.


Tarik disponía de siete mil hombres, pero enterado de la situación solicitó refuerzos. Musa no tardó en enviarle otros cinco mil beréberes.

El choque entre ambos ejércitos tuvo lugar entre el 19 y el 26 de Julio en la Laguna de la Janda. Las primeras escaramuzas se dieron el 19 de Julio, y los combates, con algunas treguas, siguieron hasta el día 26 de Julio.

Parece ser que en un determinado momento los vitizianos cambiaron de bando, lo que debería atribuirse a una promesa de Tarik de apoyar su causa, o a la intervención de un noble vitiziano en el que confiaran (seguramente Olbán) que aseguró el apoyo de Musa al bando de Aquila. La defección de los vitizianos provocó la derrota rodriguista, y la muerte de la mayoría de los nobles.

Tarik actuó entonces inesperadamente. Los rodriguistas huían, y era probable (o al menos así debía pensarlo Tarik) que se llevaran con ellos el tesoro real. Por tanto salió a marchas forzadas hacia Toledo, a donde llegó a finales de Julio, antes que los nobles rodriguistas. La ciudad por tanto aun no conocía la derrota. Parece probable que una revuelta o conjura local hubiera permitido a los vitizianos tomar el control de la ciudad, pero los rodriguistas debían ignorarlo.

En todo caso Tarik llegó antes que ellos, y pudo entrar en la ciudad porque evidentemente se le abrieron las puertas al considerársele un aliado.

Historia vascos combatiente moro
GUERRAS DE MOROS Y CRISTIANOS


La entrada de los almoravides norteafricanos, sus victorias sobre Alfonso VI (Sagrajas, 1086; Consuegrra, 1097; Uclés, 1108) y su dominio político en al-Andalus, frenaron la expansión y el hegemonismo castellano-leones tanto como la crisis del reino a la muerte de Alfonso VI, al tiempo que los reyes de Aragón y Navarra, Pedro I y Alfonso I (1104-1134) conseguían ampliar su reino en el valle medio del Ebro (conquistas de Huesca, 1096, y Zaragoza, 1118), y Ramón Berenguer III lanzaba una primera expedición contra Mallorca y conquistaba Tarragona entre 1118 y 1126.

La decadencia del poder almoravide permitió un nuevo avance cristiano pero el equilibrio político entre los reinos comenzaba a modificarse: Alfonso VII de Castilla y León (1126-1157) mantuvo el titulo de "emperador" y una hegemonía política sobre otros reyes y poderes cristianos y musulmanes basada en pactos vasalláticos, pero NAVARRA volvió a tener rey propio desde 1134, aunque perdió definitivamente la frontera con al-Andalus, mientras que Aragón y Cataluña se unieron bajo Ramón Berenguer IV desde 1137 y el condado de Portugal pasó a ser reino independiente desde 1139-1143.

A la muerte de Alfonso VII, León y Castilla se separaron, hasta 1230, de modo que aquella época de la reconquista estuvo protagonizada por la colaboración y la competencia entre los cinco reinos.

En la gran ofensiva de los años cuarenta, Alfonso VII tomó Coria (1142), completó el dominio de la cuenca del Tajo en su sector castellano, y conquistó por unos años Baeza y Almería (1147), mientras que Alfonso I de Portugal tomaba Lisboa (1147) y Ramón Berenguer IV Tortosa, Lérida y Fraga, y establecía con Alfonso VII el tratado de Tudillén (1151) asegurando su espacio de futuras conquistas en Valencia y Denia.

En la segunda mitad del siglo XII, las combinaciones de alianzas y guerras entre los reinos cristianos y la presión creciente de los almohades -que acaban hacia 1172 con todos los poderes independientes andalusíes- frenaron parcialmente el avance conquistador y obligaron a nuevos esfuerzos de organización militar (expansión de las órdenes militares; importancia de las huestes de los concejos).

Alfonso II de ARAGÓN conquistó Teruel (1171), ayudó a Alfonso VIII de Castilla en la toma de Cuenca (1177) y en 1179 ambos firmaron el tratado de Cazorla, que delimitaba las fronteras de ambos reinos y sus zonas de expansión futura.

En 1186, Alfonso VIII fundó Plasencia frente a los almohades, que mantenían la línea del Tajo, en la actual Extremadura, y lanzaron varias ofensivas que culminan en su victoria de Alarcos (1195), muy dañina para los avances castellanos en La Mancha.
La reacción cristiana tardó en llegar: en julio de 1212 Alfonso VIII, con apoyo de otros reyes peninsulares y de cruzados europeos, obtuvo una gran victoria en Las Navas de Tolosa.

Poco después se iniciaba el desmoronamiento del Imperio almohade, tanto en el Magreb como en al-Andalus, y las divisiones internas de los musulmanes facilitaban el rápido avance conquistador de los cristianos.

PORTUGAL, después del tratado de Sabugal (1231) con Castilla y León sobre zonas de expansión, completó la conquista del Alentejo (Serpa, Moura, 1232) y la del Algarbe al Este del Guadiana (Ayamonte, 1239). Después de 1249 sólo hubo algunos reajustes fronterizos con Castilla y León que, desde 1232, había puesto bajo su protección al reino taifa de Niebla pare evitar la posible conquista por los portugueses.

En el ámbito LEONÉS, el avance prosiguió por la actual Extremadura, zona de máxima resistencia militar musulmana: Valencia de Alcántara (1221), Cáceres (1229), Mérida y Badajoz (1230), Trujillo (1232). Mientras tanto, se progresaba en la otra gran línea de avance, específicamente castellana, a partir de La Mancha y alto Guadalquivir: Alcaraz (1215), Quesada y Cazorla (1224), Baeza (1232) y Córdoba (1236).

Por entonces, desde 1230, Castilla y León habían vuelto a unirse en una misma Corona, bajo Fernando III (m. 1252), lo que aumentó su capacidad ofensiva justamente cuando desaparecían los últimos restos del poder almohade en al-Andalus.

La caída de Córdoba, que era un símbolo del pasado esplendor de al-Andalus, permitió el rápido dominio de la campiña del Guadalquivir; mucho más difícil fue la tome de Jaén (1246), conseguida por pacto, a cambio de reconocer la existencia del emirato de Granada, como vasallo de Castilla, en las zonas montañosas de la Andalucía oriental.

Dos años antes, el infante Alfonso, hijo y heredero de Fernando III, había sujetado a protectorado militar el reino taifa de Murcia, y alcanzado con Jaime I de Aragón (1214-1276) el tratado de Almizra (1244), que señalaba los límites de su expansión hacia el sur: en efecto, el rey de Aragón había llevado a cabo ya la conquista de su zona de influencia; tomó Mallorca e Ibiza entre 1229 y 1235 y, en la península, ocupó entre 1232 (conquista de Morella) y 1246 (Denia) todo lo que sería el nuevo reino de Valencia, cuya capital cayó en 1238.

La culminación de las conquistas ocurrió cuando Fernando III entró en Sevilla, antigua capital andalusí de los almohades (1248). Unos años más tarde, en 1262-1263, Alfonso X (1252-1284) incorporó por completo las sierras de la baja Andalucía sujetas hasta entonces sólo a protectorado y control militar: Cádiz y Niebla (1262).

La revuelta de los musulmanes MUDÉJARES andaluces y murcianos en 1264, con apoyo del emirato de Granada, y su derrota, consumó los efectos de las conquistas anteriores:
Alfonso X expulsó a casi todos los musulmanes de la Andalucía cristiana y, con ayuda de Jaime I, completó el dominio de Murcia, cosa imprescindible pare el rey aragonés tanto para asegurar su victoria sobre los mudéjares valencianos, que produjeron revueltas parciales hasta 1276, como para señalar sus pretensiones más allá de los límites fijados en Almizra: años después, Jaime II, tras una guerra con Castilla, anexionó a Valencia la parte norte del reino de Murcia en 1304.

El cambio general de circunstancias políticas y económicas y la dificultad para completar la colonización de las tierras conquistadas pusieron fin al avance de los reyes cristianos en el último tercio del siglo XIII.
A ello se unió la fuerte capacidad defensiva del emirato de Granada y el apoyo que recibió de los meriníes norteafricanos entre 1275 y 1350.



Historia vascos caballo árabe de Enguix
LAS DENOMINACIONES VASCAS EN EL SUR
LA REPOBLACIÓN
Junto con el secular enfrentamiento bélico con el Islam, el fenómeno de la repoblación fue el rasgo más peculiar del medioevo español en comparación con el resto del occidente europeo.

Tras el paulatino avance de los soldados cristianos hacia el Sur, había que ir habitando las tierras que quedaban abandonadas por los musulmanes, fenómeno que acabaría configurando a España y los españoles tal y como hoy los conocemos.

España es un país humanamente muy uniforme debido a la fusión de sus pobladores causada por la Historia común que ha conformado nuestra nación.

El fenómeno de la reconquista y la subsiguiente repoblación desde los núcleos cristianos del Norte ha sido único en los países de Europa por haber sido España el único territorio en el que se dio la ocupación estable y el enfrentamiento con el Islam.

De modo que mientras que en otros países de Europa la fijación de las poblaciones pudo haber estado mucho más justificada, en España la homogeneización de la población vino forzada por las circunstancias históricas; puede afirmarse, pues, que en España todo el mundo proviene de pobladores NORTEÑOS que en un momento u otro de la Edad Media encaminaron sus pasos hacia el Sur.

Este proceso repoblador comenzó a las pocas décadas de establecidos los primeros núcleos de resistencia cristiana en las cordilleras del Norte de la península.

Aunque se ha constatado documentalmente el comienzo de tareas repobladoras en lugares del extremo Nordeste de la meseta en fecha tan temprana como 759, bajo el reinado de Fruela I, no será hasta casi medio siglo después, en los primeros años del siglo IX, cuando empiece a efectuarse un TRASVASE importante de la población cristiana concentrada al Norte de la cordillera para efectuar la repoblación de las tierras que acabarían denominándose Castilla —y que recibían en un primer momento el significativo nombre de Vardulia— a cargo de pobladores provenientes de tierras cántabras y vascas.

El torrente repoblador desde territorio vascongado se deslizó por los valle de Mena y Losa y se prolongó principalmente en dirección al Ebro y a Norte de las actuales provincias de Burgos y Palencia.

De Cantabria lo repobladores se vertieron por rutas aún hoy conocidas (la de los Foramontanos), principalmente a las actuales provincias de Burgos Palencia y Valladolid.

De Asturias se dirige a lo que acto seguido se con formaría como reino de León.

De Galicia asimismo hacia León y e actual Portugal.

Del reino de Navarra partió una esencial aportación la repoblación del reino de Aragón, aunque los navarros participaron también grandemente en la de lugares tan distantes como Castilla, la Mancha o Mallorca.

Según avanzaba el empuje militar hacia el Sur, la tarea repoblación le secundaba.

En los siglos Xl y XII la repoblación de Salamanca, Zamora y sus comarcas se llevó a cabo principalmente con pobladores provenientes del Norte del Duero, como palentinos, burgaleses, cántabros asturianos, VASCOS y riojanos, e incluso de otros reinos, como navarros aragoneses.

En las crónicas de repoblación de Segovia y Ávila también se especifica el origen norteño de los pobladores, de Galicia a Aragón sobresaliendo entre todos el sector oriental de la primitiva Castilla, e decir, Norte de Burgos, Cantabria, Logroño y Vascongadas.

Simplemente echando un vistazo a los topónimos de repoblación comprobaremos la dimensión de la inmigración norteña en el resto de la península.

Atendiendo a la inmigración vasca nos encontramos en la provincia de Palencia con Báscones d Ebro, Báscones de Valdivia, Báscones de Ojeda y Cascón de la Nava; en Burgos, con Villabáscones de Bezana, Villabáscones, Bascuñuelo, Basconcillos del Tozo, Basconcillos, Báscones de Zamanzas, Bascuñan y Vizcaínos; en Asturias, Báscones; en Cuenca, Bascuñana de San Pedrc y Gascueña; en Álava, Bascuñuelas; en Lugo, Bascós; en Orense Bascojs y Bascos; en Soria, Bascones; en Cáceres, El Gasco; en Guadalajara, Gascueña de Bornova; en Madrid, Gascones; en Toledo, Vascos; en Sevilla, Loma del Gascón; y en Portugal, Vascóes y Vasconcellos.

En cuanto a los navarros, esos supuestos vascos irredentos, nos podemos encontrar con: en la provincia de Salamanca, Narros de Matalayegu~ Naharros de Valdunciel, Naharros Nuevo y Narrillos; en Cuenca, Naharro y Garcinarro; en Valladolid, Gomeznarro; en Soria, Narros y Valdenarro en Guadalajara, Naharros; en Segovia, Narros de Cuéllar y Gomeznarro; en Ávila, Narros del Castillo, Narros del Puerto, Narros de Saldueña, Los Narros, Narrillos del Álamo, Narrillos del Rebollar y Narrillos de San Leonardo; en Valencia, Navarrés; en Zaragoza, Herrera de los Navarros y Villar de los Navarros; en Huesca, Navarri; en Álava, Navaridas, Navarrete, Nafarrate y Napardi; en Vizcaya, Nafarrena; en La Rioja, Navarrete; en Teruel, Navarrete del Río; en Almería, Los Navarretes y Los Navarros; en Murcia, Los Navarros y Los Navarros Bajos; en Madrid, Navarrosillos; y en Portugal, Navarros y Nafarros.

Parecida cantidad de topónimos dejaron los pobladores gallegos en las cuatro esquinas de la península, conformando junto con vascos y navarros los tres orígenes territoriales que más constancia han dejado en la toponimia, fácilmente comprobable en cualquier atlas de España.

Esto por lo que se refiere a los topónimos evidentes, puesto que en otras muchas ocasiones los inmigrantes poblaron lugares ya bautizados o que lo serían según otros criterios, lo cual puede dar una idea de la magnitud que hubo de tener la INMIGRACIÓN VASCA y NAVARRA en toda la península durante siglos.

Han llegado hasta nosotros numerosas fuentes documentales que nos permiten conocer con bastante detalle el proceso repoblador llevado a cabo en las tierras meridionales, sobre todo a partir de la batalla de las Navas de Tolosa, durante los siglos XIII y XIV.

Los más importantes son los libros de repartimiento, en los que se consignaban los repartos de bienes inmuebles (tierras, edificios) que se efectuaban entre los que habían participado en la conquista de un territorio o los que acudían a repoblarlo.

Otro tipo de documentos son las nóminas de pobladores, en las que se recogían los nombres de los que acudían a repoblar las nuevas tierras.

Finalmente, las cartas pueblas, aparte de establecer los fueros y libertades de los participantes en la repoblación de un lugar, organizaban la repartición de tierras entre ellos.

En las zonas de Valencia y Murcia, por ejemplo, gracias a los Libros de Repartimiento se conocen los lugares de procedencia de los pobladores así como los que iban a ocupar. La aportación repobladora navarra en el levante se extendió por decenas de localidades.

En VALENCIA:
Albaida, Albalat, Albalat deis Sorells, Alcudia, Alfafar, Bairen, Barchell, Beniamen, Benioral, Bocairente, Bixquert, Campanar, Carcagente, Castellón de Albufera, Chinqueir, Cocentaina, Coscollar, Gandía,Garuvel, Gatova, Godella, Godelleta, Gorga, Játiva, Liria, Lullen,Marchelenes, Marines, Masamagrell, Muro, Onteniente, Patraix, Polop, Roteros, Rizafa, Segorbe, Turch y Valencia.

En Murcia: Alguazar, Alquerías, Cotillas y Tiñosa.

Los pobladores norteños desempeñaron asimismo el papel esencial en la repoblación de las lejanas tierras andaluzas, las últimas en ser conquistadas.

Un ejemplo de no pequeña magnitud es el de las zonas de España que mayor porcentaje de pobladores aportaron a Sevilla y otras importantes localidades andaluzas: la cornisa cantábrica y la zona central castellana principalmente los burgaleses, los montañeses y los vizcaínos.

Los pobladores de Jerez de la Frontera fueron en su mayor parte castellanos leoneses, participando asimismo numerosos contingentes de aragoneses, catalanes y navarros.

Otro ejemplo es el de Cádiz y su entorno, fue poblado por castellanos, leoneses y catalanes.

La repoblación fue una ingente tarea que abarcó varios siglos y en la que se involucraron todos los territorios de España sin que la fragmentación regnícola la afectase.

Al igual que en la tarea bélica, todos los reinos peninsulares participaron conjuntamente en la labor de volver a dar vida humana a las tierras arrebatadas a los moros. Esta labor común fue uno de los motivos que más peso tendrían, con el paso de los siglos, en la configuración de la concepción de España como comunidad humana unitaria por encima de divisiones territoriales, con adelanto a muchas otras naciones europeas.

Por razones obvias cada reino se ocupó principalmente de poblar sus espacios naturales de expansión —Castilla el centro y Sur peninsulares, Navarra y Aragón el Valle del Ebro, Cataluña el Mediterráneo—, pero también participaron indistintamente en toda aquella nueva tierra que necesitase aportación de hombres. Los navarros, como hemos visto, se extendieron por TODA LA PENÍNSULA.

A la repoblación del reino de Toledo acudieron junto con los castellanos del Norte numerosos aragoneses y catalanes. En la carta-puebla de Coria del Río (Sevilla), Alfonso X el Sabio otorgó dicha localidad a 150 omes de Catalunna.

En la repoblación de Valladolid también participó un importante número de catalanes. Estos últimos y los valencianos representaron, lógicamente, el contingente más importante de repobladores de las Islas Baleares, pero se vieron acompañados en su labor por multitud de aragoneses, navarros y castellanos, además de italianos y franceses.

De este modo se fundaron y poblaron, por ejemplo, en el siglo XIV Elgueta, Monreal, Eibar, Villanueva de Marquina o Zumaya, a la vez que Diego López de Haro fundaba Bilbao otorgando a los nuevos moradores el fuero de Logroño.

Del mismo modo que NO quedan etruscos, volscos y samnitas en Italia, ni burgundios Francia, en España, con mucha mayor razón, hoy no hay vascos, cántabros, ni turmogos, ni vacceos, ni autrigones, ni ilergetes, ni nos, ni vettones.

Lo que hoy hay son los descendientes de aquellos habitantes y de Otros que, como godos y romanos, vinieron a conquistar para acabar fundiéndose con ellos.

Pero los vascos no descienden sólo de vascones.

España y los españoles somos la culminación de la evolución que ha conducido a dichos pueblos a través de los siglos a formar la sociedad que hoy formamos, sociedad notablemente homogénea si la comparamos con otras europeas.

SEVILLANOS CON ANCESTROS NORTEÑOS (1250)
Historia vascos Sevillana de ancestros vascos
Con Murcia en manos de Castilla y los portugueses en Ayamonte (1238), sólo quedaba para concluir la Reconquista la toma de los reinos de Granada y Sevilla.

El propósito de Fernando III era continuar en dirección a Granada y, efectivamente, tras tomar Arjona, Caztalla, Begijar y Carchena, inició el asedio de Jaén en 1246. Pero se produjo entonces un acontecimiento de enorme trascendencia que, con seguridad, implicó el retraso de la Reconquista.

Viendo que el final de su reino se cernía sobre el horizonte, Abu Abd Allah Muhammad ben Nasr al-Ahmar, antiguo señor de Arjona y a la sazón rey de Granada, se presentó en el campamento castellano y comunicó su voluntad de someterse como vasallo a Fernando III.

El rey cristiano aceptó el ofrecimiento que vino acompañado de la entrega de Jaén, del compromiso de pagar un tributo y de la obligación de asistir a las cortes castellanas cuando las hubiera y de prestar ayuda militar.

De esta manera, gracias a la generosidad castellana, se consagró la existencia de un ESTADO musulmán que iba de Tarifa a las cercanías de Almería y desde la proximidad de Jaén a las costas del Mediterráneo.

Durante las décadas siguientes, Castilla procedió a la repoblación de las tierras reconquistadas. Reviste este capítulo especial importancia por las repercusiones políticas que llegan hasta el momento actual.

Sabida es la insistencia de algunos políticos andaluces por hacer remontar sus antepasados hasta alguna familia musulmana.

Semejante eventualidad es más que altamente improbable, prácticamente imposible.

Al igual que Córdoba, Sevilla se vio vaciada de sus habitantes musulmanes que prefirieron optar por no vivir bajo el gobierno de un rey cristiano y fueron REPOBLADAS por gentes venidas del norte. Ciertamente, si alguien pudiera trazar con seguridad su genealogía hasta algún antepasado cordobés o sevillano de la segunda mitad del siglo XIII se encontraría con seguridad con un castellano, un leonés o incluso un "VIZCAINO" pero no con un andalusí.
Por Carlos Herrera


vascon barra
JAVIER AROCENA

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