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Historia vascos DURANGO
FORALISMO y VASCOS
Los fueros aseguraban el derecho a la autonomía de los territorios vascos, pero no del País Vasco como una comunidad política unitaria. Estos garantizaban UNAS EXENCIONES FISCALES y MILITARES, dentro del régimen cómun que aún distinguía Hidalgos de los Pecheros. Y las provincias vascas, en razón a su adhesión a Castilla gozaban de HIDALGUÍA UNIVERSAL. Cuando se habla de derechos históricos se está reconociendo implícitamente la pluralidad de los mismos. El intento de manipular la voluntad popular y de constituir una Euskadi conjunta con un estatuto de autonomía viene de 1933.

vascos CANOVAS

CÁNOVAS

INDICE DE ESTA PÁGINA

Siglos XIII y XIV :Foralismo por razón de adhesión de Villas
La verdad sobre el Foralismo Vasco
Destinatarios de los FUEROS
Municipios guipuzcoanos en el S. XIII
Resumen cronológico desde el XVI al XIX
Abolición de los Fueros Vascos en 1.878

FORALISMO: Por razón de adhesión de la Villas.

(Siglos XIII en adelante)

Salvando la excepcionalidad de la fundación de San Sebastián, única fundación guipuzcoana del rey navarro Sancho VI "el Sabio", que data de 1180, y fue debida al deseo del rey navarro de asegurarse una salida al mar, hoy podemos afirmar que el proceso de FUNDACIÓN DE VILLAS GUIPUZCOANAS durante el s.XIII, impulsado a partir de su definitiva incorporación a Castilla en 1200, se debió al deseo de los reyes castellanos de asegurar políticamente un territorio frontero a Navarra, que unía Castilla a sus territorios ultrapirenaicos de GASCUÑA, e incorporar a la Corona un territorio clave para su comunicación con el Cantábrico a través del cual exportar sus productos por el Atlántico, especialmente la lana de la meseta y el propio hierro del Norte.

Y ese interés de los reyes castellanos por el dominio y desarrollo de las poblaciones costeras se materializará, especialmente, en la confirmación en 1202 del fuero a San Sebastián y en la creación de nuevas villas en la costa, tales como Fuenterrabía (1203), Guetaria y Motrico (1209), y Zarauz (1237), ampliando la fundación de villas costeras en el s.XIV con el otorgamiento de fueros a las nuevas villas de Rentería (1320), Deva (1343), Zumaya (1347) y Orio (1379).

Frente al creciente poder de la nobleza, la monarquía castellana buscó el apoyo de los MUNICIPIOS, que habían adquirido conciencia de su fuerza, de forma que en las Cortes comienzan a participar, además del clero y de la nobleza, representantes de este nuevo poder.
Con las nuevas formas de vida y de economía ( la de los comerciantes y artesanos frente al mundo y poderío rural) surgen nuevas órdenes religiosas (franciscanos), en estrecho contacto con el pueblo y que está siempre más favor del monarca que de la nobleza. Y con la creación de villas surge el reconocimiento de DETERMINADOS DERECHOS O FUEROS.

De ahí el interés por la creación de villas en el interior, algo más tardío, y que se inicia en Guipúzcoa con las villas de Tolosa, Segura, Villafranca y, posiblemente, Hernani en 1256, siendo seguidas por Mondragón (1260), Vergara (1268), Azpeitia (1310), Azcoitia (1324), Salinas (1331), Elgueta (1335), Placencia (1343), Eibar y Elgoibar (1346), Usúrbil (1371), Cestona y Villarreal (1383).

Así, tras la fundación de estas 25 villas de entre 1180 a 1383, a fines del s.XIV se cerró el proceso de avillazgamiento en Guipúzcoa. Lo mismo sucedió en Alava tras la fundación de las 21 villas medievales de 1140 a 1338 (1), y otra tantas en Vizcaya de 1199 a 1376 (2).

En adelante, las ventajas fiscales y de todo tipo que ofrecían sus respectivos derechos forales se irán extendiendo a otras localidades circunvecinas vinculadas a través de contratos de vecindad suscritas con las villas llamadas "cabeza de jurisdicción".

Las villas se constituyen así en un mecanismo de organización del territorio por el cual los pequeños núcleos y términos rurales quedan vinculados a un núcleo principal que concentra la jurisdicción concejil y asume en sí la representación del conjunto de su jurisdicción enviando sus procuradores a las Juntas de Hermandad.

Los privilegios de los FUEROS fueron otorgados por Fernando IV de Castilla y Alfonso XI y Don Pedro I sucesivamente, a los señores vizcainos Don Diego Lopez de Haro, y Don Juan Núñez de Lara en los años 1300, 1335, 1341 y 1350.

Pero el desarrollo urbano de las villas traía aparejado algunos importantes inconvenientes. Por una parte, el hecho de convertirse en foco de atracción para población foránea y de "segundones" de los caseríos de su jurisdicción, que habrán de buscar otros medios de vida distintos a los hasta entonces practicados, hará que las villas pronto se muestren proclives a cambiar sus costumbres ancestrales, su tradición y su derecho consuetudinario en aras a una "modernidad" que favoreciese más sus nuevas actividades económicas (artesanales, comerciales e industriales) al tener que romper poco a poco con el medio tradicional de vida, que sigue siendo la practicada en el mundo rural donde preferentemente se ubican las casas y caseríos solares.

Ello provocará las importantes diferencias entre el mundo rural y urbano, los KALEKOAK y BASERRIKOAK, que subyacen, sin duda, en las propias luchas de bandos.

Por otra parte, el propio espacio rural se verá dominado poco a poco por las villas, pues será controlado por ellas, se las hará partícipes de sus derramas, pechos y obligaciones, pero se les obstaculizará, en ocasiones abiertamente, su participación en los grupos de poder a los que sólo accederán si, como en Vergara, consiguen arrancar de la villa conciertos que regulen la participación conjunta en el gobierno municipal.

Pero más grave es, sin duda, para el mantenimiento del mundo tradicional, el propio cambio de mentalidad que poco a poco va operando en los habitantes del mundo rural.

Muchos de sus hijos van participando en actividades ajenas al caserío (ferrerías, comercio, etc.), ya sea compatibilizando las mismas con sus actividades rurales o de forma exclusiva, o se dedican al estudio de Gramática o Derecho en las crecientes Universidades, y vuelven a sus casas con un bagaje uniformador y distinto que pondrá en peligro en ocasiones sus propias señas de identidad.

El posterior ejercicio de su profesión en los núcleos urbanos y el propio alejamiento físico y espiritual del solar cada vez más notable explican, en parte, el creciente proceso de aprobación de hidalguías a que asistimos especialmente a partir del s.XVI.

Guipúzcoa intentará controlar la influencia de estos universitarios, al menos en lo que respecta a la influencia jurídica, prohibiéndoles asistir a las Juntas de Hermandad hasta mediados del s.XIX.
Historia vascos POBLACION VASCA
LA VERDAD DEL FORALISMO

Los fueros aseguraban el derecho a la autonomía de los territorios vascos, pero no del País Vasco como una comunidad política unitaria. Estos garantizaban UNAS EXENCIONES FISCALES y MILITARES, dentro del régimen cómun que aún distinguía HIDALGOS de los PECHEROS. Y las provincias vascas, en razón a su adhesión a Castilla gozaban de HIDALGUÍA UNIVERSAL.

Cuando se habla de derechos históricos se está reconociendo implícitamente la pluralidad de los mismos.
El intento de manipular la voluntad popular y de constituir una Euskadi conjunta con un estatuto de autonomía viene de 1933, cuando fue aprobada por referéndum, pero rechazada tal posibilidad en Navarra.

El carlismo fue el movimiento político que mejor supo aunar en su ideología la defensa de estas peculiaridades forales.
Sin embargo, en la primera guerra carlista cuando se firma el Convenio de Vergara que establece la paz en el territorio vasconavarro bajo dominio carlista, se puede realizar por el compromiso de los carlistas vascos, pero no así de los navarros, cuyos principales dirigentes fueron fusilados unos días antes en el Santuario del Puy de Estella, por orden del general Maroto.
Posteriormente, Navarra llegaría a un acuerdo con el gobierno mediante la ley paccionada de 1841, en la cual se establecía de forma definitiva la compatibilidad del régimen foral con el gobierno constitucional.

Navarra aceptaba acomodar su sistema a la unidad constitucional. Con arreglo al art. 2 de la ley de 1839, negoció con el gobierno y concluyó el 10 de diciembre de 1840 un acuerdo, que fue sometido a la ratificación del parlamento y promulgado mediante ley del 16 de agosto de 1841.

La diputación liberal de Navarra llegó a la conclusión de que no se podía mantener la estructura constitucional transformando la soberanía política en autonomía foral.
Y aceptan los navarros la desaparición de las las Cortes, el virrey, el consejo real, aduanas, diputación del reino, pero manteniendo una amplia autonomía regida por una diputación foral, que ha pasado en la actualidad a denominarse gobierno foral.

La distinción viene de que los territorios vascos disfrutaban de un régimen foral dentro de la soberanía indiscutible de Castilla. El caso navarro era diferente, porque disponía de la organización política de un Estado semi-soberano, sometido a Castilla desde 1515.
Navarra hasta 1839, constituyó un reino con leyes, jurisdicción y gobierno propios, sin poseer órganos comunes con Castilla, excepto la figura del monarca común que era representado por su Virrey, y sometido a la Corona de España.

Resumiendo : La situación de equilibrio político e institucional comienza a deteriorarse en la segunda mitad del siglo XVIII, con la política centralizadora de los Borbones, que provocará una tensión creciente que estallará en 1833 con la Primera Guerra Carlista.

El conflicto militar concluirá en 1839, con el armisticio de los carlistas, y desde el punto de vista institucional y político tendrá su plasmación en 1841 en la llamada Ley Paccionada, en virtud de la cual el secular Reino de Navarra se integra, con el rango de provincia, en el estado liberal, al tiempo que mantiene todavía instituciones y leyes de su secular régimen foral, el sistema privativo de los navarros como reino independiente y, a partir de 1512, como reino incorporado a la corona española.

Esta situación peculiar se mantuvo durante la Restauración, la II República y el franquismo.

Con la democracia, tras la Constitución española de 1978, el régimen foral de Navarra se integra en el nuevo sistema institucional merced a la Ley Orgánica de Reintegración




vascos TOLOSA
DESTINATARIOS DE LOS FUEROS

También está fuera de toda duda que el 15 de Julio de 1300 cuando Don Diego Lopez de Haro fundó Bilbao, la zona estaba deshabitada; que los privilegios de los fueros no fueron otorgados ni a los vascones, ni por los vascones, sino por Fernando IV de Castilla y Alfonso XI y Don Pedro I sucesivamente, a los señores vizcaínos Don Diego Lopez de Haro, y Don Juan Núñez de Lara en los años 1300, 1335, 1341 y 1350.

Que en 1181, fue el rey Sancho de Navarra quién fundó la ciudad de Vitoria, ciudad que conserva desde entonces en sus calles sus nombres medievales castellanos de los gremios Zapateria, Tintorería, Herrería, los de sus iglesias, Santa Maria, San Pedro, San Miguel, San Vicente, el de la patrona de Vitoria, la Virgen Blanca, los de sus palacios renacentistas, Escoriaza, Esquivel, Bendaña, Montehermoso o Villa Suso, El Portalon, la Casa del Cordón, estos últimos del S XV, todo ello profundamente castellano y sin el menor vestigio de cultura o participación vasca.

Fueron los marinos cántabros de Vizcaya y Guipuzcoa quienes en el S XIV llegaron a Brujas donde se presentaron de "nacion española" para instalar su Hansa o Hermandad de la marisma, comenzando a fabricar sus barcos en los astilleros. Como emblema tomaron los lobos, que es lo que significa Lopez, del linaje de Don Diego Lopez de Haro, a quien la Corona otorgó en régimen de herencia el gobierno de uno de los dominios mas apreciados para restaurar la Hispania rota despues del 711 a causa de la invasion islámica.
Los lobos del emblema los plantaron delante del Arbol de Guernica, signo de identidad de sus ancestros.
Poco despues, barcos catalanes y valencianos se unieron a la flota que dos veces al año cruzaba el Golfo de Vizcaya rumbo a Brujas para participar el aquel comercio, pues Pedro "El Ceremonioso" Rey de Aragón, recordó a su yerno Juan de Castilla que tambien sus subditos eran españoles.


vascos SAN SEBASTIAN de MUNOA
MUNICIPIOS GUIPUZCOANOS EN EL S. XIII

La conquista de Alfonso VIII de Guipúzcoa en la campaña de 1200, tras la muerte de Ricardo Corazón de León el 6 de abril de 1199, con notable pérdida para su cuñado y rey de Navarra Sancho VII el fuerte, da pie para un estudio de los núcleos de poblaciones de Guipúzcoa.

Según Ximénez de Rada, Alfonso VIII ganó San Sebastián, Fuenterrabía, Beloagam (castillo Veloaga en el valle de Oyarzun) , Zequiategui, Aizcorroz (en el valle de Léniz, en el monte Aitzorroz) , Arlucea, Azprocia, Vitoria la Vieja, Marañón, Elousa, Athavit, Irurita, San Vicente de Atana y Santa Cruz (1).

José Luis Banús y Aguirre da una interpretación toponímica de estos lugares identificando Athavit con Ataun siguiendo en esto a Gorosábel, Elosua con Elousa, en el barrio de San Andrés de Vergara, entre ésta y Azcoitia, en la divisoria entre el Urola y el Deva; más aun, siguiendo las crónicas de la época y otros testimonios, amplía el número y los nombres de los castillos guipuzcoanos, organizándolos de la siguiente manera:

a) Un grupo de tres castillos sobre la costa entre el Urumea y el Bidasoa: San Sebastián, Fuenterrabía y Veloaga.
b) Otro grupo de tres en la cuenca alta del Oria en las líneas naturales de penetración desde Navarra a Guipúzcoa y en concreto al valle del Urola: Ataun, Asua, Mendicute.
c) Otro grupo de tres castillos en el valle alto del Deva: Aizcorroz, Arrasate y Elosua .

" Históricamente, sigue Banús, tenemos un documento que testifica cuál era la división de Guipúzcoa en Universidades, antes de que apareciera-el municipio propiamente dicho, es decir, en la etapa pre-municipal.

Guipúzcoa estaba dividida en las universidades síguientes: Oyarzun, Hernani, Be!ástegui, Olue, Areria, Goyal, Régil, Sayal, Iraurgui, Iliar, Marquina, Vergara, Léniz y el valle de Oñate bajo señorío particular y no de realengo.

Si queremos completar la visión guipuzcoana y su división territorial previa a la vida municipal, S. de Insausti, completando a J. L. Banús, aporta el concepto histórico de VALLES.
Mientras que la Universidad es la reunión de varios barrios o auzos que forman una parroquia, colación o ANTEIGLESIA, el valle es el conjunto de universidades agrupadas.

Según este autor, Guipúzcoa estaba dividida en los valles siguientes:

1º Valle de OYARZUN con los territorios de Irún, Fuenterrabía, Lezo Pasajes de San Juan, Oyarzun y Rentería.

2º Valle del Urumea o HERNANI con los territorios entre el Urumea y el Oria como San Sebastián, Hernani, Urnieta, Lasarte, Usúrbil, Orio.

3º Valle de MARQUINA: con términos de Elgóibar, Placencia y Eibar. Valle que se disolvió con el nacimiento de las villas.

4º Valle de IRAURGUI con los términos de Azcoitia y Azpeitia.

5º Valle de LÉNIZ con los términos de Mondragón, Salinas, Arechavaleta y Escoriaza.

6º Valle de SAYAZ, extendido desde la orilla izquierda del Oria (esto es la Universidad de Aya) hasta el límite occidental en Zumaya, y con los territorios de Aya-Laurgain, Zarauz, Guetaria-Azquizu, Zumaya, Oiquina, Cestona, Aizarna y Aizarnazábal, y como probables Régil, Vidania, Goyaz, Beizama, Albístur (que más tarde formarán la alcaldía de Sayaz).

7º Valle de ICIARr con Motrico, Deva y Mendaro.

8º Valle de BOZUE mayor y menor. El mayor con los territorios de Amézqueta, Abalcisqueta, Orendain, Icazteguieta, Baliarrain. y Bozue menor con Villafranca, Alzaga, Arama, Ataun, Beasain, Gainza, Isasondo, Lazcano, Legorreta, Zaldivia.

9º Parzonería de ALZANIA con Segura, Cegama, Idiazábal, Ursuarán, Legazpia, Cerain y la arcaldía de Arería (Zumárraga, Villarreal, Ormáiztegui, Ezquioga, Ichaso y Mutiloa) .

10º ZUMABAZARREA: se extendía a Tolosa ya los pueblos del entorno como Berástegui, Eldua, Elduayen, Berrobi, Ibarra, Gaztelu, Leaburu, Oreja, Lizarza y Belaunsa.

11º ERNIOBEA con el territorio entre Tolosa y Hernani y con Anoeta, Hernialde, Irura, Amasa-Villabona, Cizúrquil, Alquiza, Larraul, Asteasu, Aduna, Soravilla-Andoain, Urnieta y parte de Astigarraga.

12º Entre los valles de Léniz y Marquina con los territorios de Vergara, Anzuola-Usarraga, San Prudencio, Mártires, Elgueta y Anquiózar .
Historia vascos ALDEANAS VASCAS
RESUMEN CRONOLOGICO DE LOS SIGLOS XVI-XVII-XIII Y XIX

1500: La población guipuzcoana ronda las 60.000 personas.
Estelas funerarias en la iglesia de Etxalar (Nafarroa)

1510: Se prohibe que persona alguna de linaje moro, judío, agote, gitano, o no
hidalgo se avecine en Guipúzcoa. Con ello se pretende mantener la hidalguía del
guipuzcoano.

1634: Los ingleses invaden Fuenterrabia, Oyarzun y Rentería.

S. XVII: Introducción y difusión del maíz, originario de América, en el campo
guipuzcoano, lo que unido al uso de la laia (laya), el tratamiento con cal y el
abonado, supone un profundo cambio de la estructura agrícola.

S. XVII: Crisis de la industria y del comercio. El hierro guipuzcoano pierde
competitividad en Europa.

1700 - 1714: Guerra de Sucesión para la Corona de España, a la muerte de Carlos II Austria.

1706: Levantamiento general en Guipúzcoa.

1718: Primera matxinada.

1764: Fundación de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País, por la necesidad urgente de introducir una serie de cambios en la agricultura y la industria.

1766: Crisis agrícola. La expansión iniciada con el maíz ha llegado a una situación límite. La necesidad de más producción obliga a iniciar una serie de roturaciones, que pondrán en peligro los pastos y por tanto la ganadería. A finales de siglo el cultivo de la patata será un nuevo balón de oxigeno para el campesinado.

1766: Segunda matxinada, por la carestía y alto precio del grano. Estalló en Azpeitia el 14 de abril.

1767: Expulsión de los jesuitas.

1771: La Real Sociedad Vascongada de Amigos del País (Los Ilustrados) crea un centro docente, el Real Seminario de Vergara, que educó a los miembros de una elite culta y amante del progreso.

1794: Guerra de la Convención. Los ejércitos franceses entraron en Guipúzcoa tomando Irún, Fuenterrabia, Pasajes, Lezo y Hernani. San Sebastián se entregará voluntariamente.

1800: La provincia cuenta con 106.552 habitantes.

1800 - 1841: Decadencia comercial e industrial de la provincia.
1807: Guerra de la Independencia. Las tropas de Napoleón entran por Irún ocupando el País Vasco y el resto de la península.
1815 - 1817: Disposiciones que recortan el Régimen Foral.
1817: Primera fábrica de papel a mano, en Tolosa.
1833: Comienza la Primera Guerra Carlista.
1839: Terminación de la Guerra Carlista. Convenio de Vergara firmado entre Espartero y Maroto. Ley de las Cortes Españolas confirmando los Fueros , pero ordenando su modificación. Duro golpe a la autonomía vasca.
1841 - 1900: Se inicia la primera fase del proceso de industrialización de Guipúzcoa.
1842: Primera fábrica de papel continuo del estado, en Tolosa.
1845: Incorporación del Señorío de Oñate a Guipúzcoa.
1846 - 1848 a 1858 - 1860: Segunda Guerra Carlista en varias fases.
1860: El 53% de la población activa son agricultores.
1861: Se instala, en Beasain, el primer Alto Horno.
1862: Se crea el Obispado de Vitoria. Guipúzcoa pasará a pertenecer al mismo.
1872 - 1876: Tercera Guerra Carlista

1876: Con el Proyecto de Ley de Cánovas del Castillo, desaparecen los últimos vestigios del Régimen Foral, la autonomía fiscal y la exención del servicio militar.

1878: La abolición de los Fueros plantea los Conciertos Económicos (acuerdos entre las Diputaciones y la Hacienda estatal).

1891: Agrupaciones socialistas en San Sebastián y Tolosa.
1895: Sabino Arana funda el Partido Nacionalista Vasco.
1900: La Provincia cuenta con 195.850 habitantes.
1900 -1930: Periodo de consolidación de la industria guipuzcoana.



LA ABOLICIÓN DE LOS FUEROS VASCOS. (1878)


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Desde el punto de vista bélico, el carlismo tuvo su gran oportunidad en 1873. Mientras la guerra de Cuba seguía extendiéndose, la proclamación de la República trituró los restos de la coalición revolucionaria, las desavenencias entre los propios republicanos condujeron a la sublevación cantonal y la indisciplina hizo mella en el Ejército hasta tal punto que muchos oficiales fueron destituidos por sus propios subordinados.

Semejante estado de cosas no podía durar indefinidamente. Con ayuda de los militares más conservadores, SERRANO, a comienzos de 1874, impuso una férrea dictadura como único medio para restablecer el orden tras los casi seis años de confusión que habían esterilizado dos proyectos políticos distintos: la monarquía democrática y la experiencia republicana.

Desvanecidas las posibilidades del régimen demo-liberal, la mayor parte de las fuerzas políticas que sobrevivieron a la resaca revolucionaria secundaron los planes de Antonio Cánovas del Castillo: sólo la restauración de una monarquía constitucional y borbónica podía garantizar la estabilidad.

La proclamación de Alfonso XII, en diciembre de aquel mismo año, tuvo efectos no por esperados menos sorprendentes. El restablecimiento de la disciplina se complementó con una mejor coordinación del esfuerzo bélico y las tropas carlistas, que una vez más se hicieron fuertes en el territorio VASCO-NAVARRO, se vieron desbordadas por la contraofensiva lanzada en el verano de 1875.

A los triunfos militares se añadieron los políticos. El sesgo moderado y conservador del régimen canovista atrajo a los antiguos isabelinos comprometidos con don Carlos, que cambiaron de bando.
El término de la guerra civil era cuestión de tiempo. Los liberales vascos lo sabían. Como sabían también que la cuestión foral pendía del desenlace del conflicto, pues no en vano Alfonso XII había prometido en Peralta la continuidad de los fueros a cambio del cese de hostilidades.

Sin embargo, los carlistas rechazaron cualquier tipo de negociación y decidieron jugarse el todo por el todo. Abatido y resignado por la total derrota de sus tropas, Don Carlos cruzó la frontera francesa el 28 de febrero de 1876.

Nada más terminada la contienda, Cánovas citó a los representantes de las Diputaciones vascas. El presidente del consejo de ministros estaba resuelto a introducir, acogiéndose a lo dispuesto en el artículo II de la ley del 39, las modificaciones necesarias para ACOMODAR LOS FUEROS a la "unidad constitucional".
Al igual que entonces, prestigiosos liberales asumieron la defensa del país y acudieron a la reunión fijada para el día 1 de mayo.
Las posibilidades de alcanzar un acuerdo se disiparon pronto. Si la credibilidad del proyecto político canovista era incompatible con la EXENCION FISCAL y MILITAR de las provincias vascas, los representantes de las Diputaciones no estaban dispuestos a renunciar a uno de los fundamentos del régimen foral.

Tampoco en unas Cortes predispuestas en su contra, los parlamentarios vascos obtuvieron mayor apoyo. El sentido discurso de Moraza -que terminó con un emocionado «a la sombra de los fueros nacimos y a la sombra de los fueros quisiéramos morir»- pudo conmover al presidente del gobierno, pero no torció su voluntad.

Con una cómoda mayoría parlamentaria, con las garantías constitucionales suspendidas y con el País todavía ocupado por el grueso del Ejército, Cánovas comprendía que difícilmente volvería a presentarse una coyuntura tan favorable para llevar adelante sus planes. Toda resistencia estaba condenada al fracaso.

El artículo primero de la ley de 21 de julio de 1876 extendía: «Los deberes que la Constitución política ha impuesto a todos los españoles de acudir al servicio de las armas cuando la ley les llame, y de contribuir en proporción de sus haberes a los gastos del Estado, a los habitantes de las Provincias de VIZCAYA, GUIPUZCOA y ALAVA, del mismo modo que a los demás de la Nación».

Pudiera pensarse que la intención de Cánovas no era tanto acabar con la autonomía administrativa de las provincias vascas cuanto asentarla sobre unos fundamentos jurídicos distintos a los que habían regulado hasta entonces su relación con el Estado.

Sin embargo, la pertinaz oposición de las autoridades forales cerró cualquier posibilidad de transacción. Es más, solicitaron conjuntamente la mediación de la Corona, aunque sin éxito.
Irritado por tan unánime y frontal rechazo, Cánovas cambió de estrategia. Cuando fracasó la vía de la persuasión, cursó órdenes estrictas a los gobernadores civiles para que intervinieran las tesorerías provinciales y activaran el alistamiento militar.

Tantas presiones dieron, al fin, su fruto. AbrumadoS por las enormes responsabilidades que teníaN ante sí, LOS DIPUTADOS GENERALES convocaron, previo consentimiento del gobernador civil, a las juntas Generales extraordinarias para explicar las normas dell gobierno central: desde la aplicación de las leyes desamortizadoras a la prohibición que pesaba sobre las Diputaciónes para usar el título de foral en sus documentos oficiales.

Sin embargo, la negociación no prospero. Cánovas no tenía ningún interés en entenderse con los vascos mientras vizcaínos y guipuzcoanos se mantuviesen hostiles.
Al sentirse burlada, la comisión varió radicalmente de actitud: en el informe presentado al pleno el 21 de noviembre se mostró contraria a cualquier transacción que recortara los derechos.
Pero ya era tarde. Los gobernadores disolvieron las juntas, que ya no volverían a reunirse más, alegando la improcedencia de la propuesta. Se acababa de clausurar una institución con más de cuatrocientos años de historia.

La "unanimidad" de la sociedad vasca en torno a las instituciones forales, que no había existido en el primer tercio de la centuria, no sólo explica la enorme frustración generada por la ley del 76. También fue la causa de la posterior concesión de un régimen particular, concertado por R.D. de 28 de febrero de 1878.

El régimen CONCERTADO, tardía reparación ideada por Cánovas para congraciarse con un pueblo que veía amenazada su identidad y violentadas sus más profundas convicciones, suponía un implícito reconocimiento de la personalidad histórica vasca. Pero esa ya es otra historia.


JAVIER AROCENA

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