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JUDIOS VASCOS
Vivían entonces en España alrededor de seiscientos mil judíos, el diez por ciento de la población. Una tercera parte cayó asesinada. Otra tercera parte fue convertida a la fuerza. El resto, pese a permanecer en su fe, logró salvarse.



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INDICE DE ESTA PÁGINA
Sefarad
Historia de judios en Vasconia


S E F A R A D

En general los reyes, los obispos y los grandes nobles favo­recían a los judíos y éstos seguían siendo funcionarios de la teso­rería, arrendadores y recaudadores de impuestos, contribuyendo al desarrollo racional de la administración del Estado.

Crecía, en cambio, el odio popular. Cualquier interregno -la muerte de un rey, la minoría de edad de un sucesor, una revuelta contra el trono, una crisis económica podía dar eco a las fulminantes pisadas de la Muerte y entonces, ay entonces, en las aljamas se oía dlento guadañar de su acero...

La historia es terrible, pero ocurrió y acaso contiene el refle­jo oculto, ensangrentado, de las tensiones religiosas que, alcan­zado el siglo XIV, atravesahan la España de las tres religiones.

Leemos: en 1450 la peste negra rindió la vida del gran Alfon­so XI; el pueblo, fortalecido por la opinión de conocidos inte­lectuales, vió en los judíos a los sembradores de la funesta epide­mia; y la guerra civil y fratricida que conmovió Castilla a la muerte del gran monarca trajo el terror antiguo a las aljamas del reino, trajo la voz: ¡Vienen, llegan!, y el tumulto que se precipita y arrasa cuanto encuentra en un instante.

La encanallada turba que resuella azacaneada, que lanza exclamaciones de codicia y, a ratos, queda en un silencio increíble.

Ocurrió así. Los asaltos contra las juderías fueron los pri­meros síntomas de lo que más tarde se convirtió en una larga y cruenta guerra entre las tropas de don Enrique y las de su her­manastro, el rey legítimo, Pedro el Cruel.

En marcha el levanta­miento encabezado por los bastardos de Alfonso XI, la protec­ción real a los financieros e intelectuales judíos sirvió a los rebeldes para ganarse a las masas cristianas.

Decían: Castilla está en manos de israelitas, que se elevan a costa de los cristianos.

De­cían: los males de los últimos tiempos obedecen a las perversas actividades de los judíos.

Decían: el rey favorece a los enemigos de la comunidad cristiana, enseñoreándolos, acrecentándolos y enriqueciéndolos.
Había en esta propaganda una arma podero­sa, pues bastaba esgrimirla para que ciudades y villas se alzaran contra don Pedro.

La campaña de Enrique de Trastámara adquirió así el aire fanático de una cruzada, destinada, superficialmente, a liberar al reino de Castilla de un monarca enemigo de los cristianos y de­fensor de los infieles y DEICIDAS JUDIOS; en realidad, a ganar el tro­no para don Enrique.

En la primavera de 1355 las tropas rebel­des entraron en Toledo y saquearon la judería menor de la ciudad, dando muerte, según López de Ayala, a más de MIL judíos.

Los años más terribles llegarían, no obstante, después de que En­rique buscara refugio en Francia y allí reclutase mercenarios para su lucha.

Cuando el año 1366 regresa a Castilla al frente de un ejército formado por los guerreros franceses de Bertrand du Guesclin, los tumultos, los saqueos, las destrucciones y matanzas se multiplican. Briviesca, Valladolid, Burgos. Toledo...

Tampo­co los mercenarios ingleses del rey don Pedro frenan sus bárba­ras efusiones. Detrás de varias y abundantes violencias está In­glaterra y los jinetes y arqueros del príncipe de Gales, el príncipe Negro: Villadiego, Aguilar de Campoo...

Trasfigurado por la guerra, aquel furor incontenible también alcanzó al rey, que acu­sado por su rival de protector de los semitas tomó, sin embargo, fieras medidas contra aquellos súbditos suyos, "los míos judíos", que se decía: y así, para compensar a los musulmanes de Grana­da, que tan valiosa colaboración armada le brindaban en la lucha civil, les permitió que tomaran cautivos a los judíos de Jaén y los vendieran como esclavos.

Unas trescientas familias quedaron así libradas de la libertad, de su tierra, del aire, de la esperanza, de la misericordia, de ellas mismas.
vascos Muro Lamentaciones en Jerusalem
Jerusalen : Oración en el Muro del Templo

Establecida finalmente la paz, muerto don Pedro en el pu­ñal de su hermanastro (1369), Enrique II volvió a la política tradicional con los judíos. Los tomó bajo su protección y les confirmó en sus frágiles derechos.

Tal y como había ocurrido durante los reinados que precedieron al suyo, intelectuales y fi­nancieros judíos intervinieron en la burocracia del Estado, pero ahora en un paisaje más tenebroso, más violento y exasperado.

Memorias y relatos dan testimonio del creciente clima anti­semita al declinar el siglo XIV.

Memorias y relatos refieren cómo esta agitación encuentra eficaces colaboradores en algunos con­versos, que en sus polémicos manuscritos niegan el aire a las gen­tes de la Torá y predican la persecución sangrienta e incitan a los reyes a favorecer con las armas la conversión.

Gritan: "con pala­bras no se corrige a un esclavo, aunque las comprende no se avie­ne a ellas" y "al sabio, un guiño, al necio, un puñetazo"...

Curas ardorosos y fanáticos multiplican en campos y ciudades estas vo­ces. Es ahora cuando por las claras callejuelas de Sevilla camina ferozmente iluminado el arcediano Ferrand Martínez.

Sus ser­mones destilan violencia. Llaman al vulgo a demoler sinagogas y a encerrar a los judíos en sus barrios. Llaman al saqueo, exaltan­do lo criminal hasta la historia. Toda esta avalancha de inflamable fanatismo dio su amargo y horrible.

Cuentan que los asaltos se iniciaron el verano de 1391 en Sevi­lla, extendiéndose vertiginosamente por todas las tierras de An­dalucía y por Castilla. Luego los alborotos llegaron al reino de Aragón, a Valencia, a Barcelona, a Mallorca...

En las cifras que manejan los especialistas tiembla la barbarie a la que se entrega­ron las puebladas cristianas. "¡Que viene el arcediano! -gritan frente a la aljama de Valencia unos chiquillos- ¡Para los judíos, bautismo o muerte!".

Vivían entonces en España alrededor de seiscientos mil judíos, el diez por ciento de la población. Una tercera parte cayó asesinada. Otra tercera parte fue convertida a la fuerza. El resto, pese a permanecer en su fe, logró salvarse.

¿Existía refugio en el destierro?: francamente así lo creyeron muchos. De Barcelona salieron judíos catalanes rumbo a Alejan­dría y Beirut. Judíos castellanos cruzaban tierras de Aragón para embarcarse en el puerto de Valencia. Entre los conversos que desde Mallorca emigran ahora a Palestina, se encuentra el ancia­no astrónomo Isaac Nifoci.

¿Existía refugio en Sefarad? Conocemos la respuesta de los Reyes Católicos en 1492: NO.

Converso o desterrado. De los que permanecieron en Sefarad muchos recordarían luego las adver­tencias: ¡ay, pesada es la servidumbre que lleva dentro el cristia­nismo para el converso! Serán esclavas las palabras, esclavos los gestos, esclavas las miradas, esclavos los sueños.

Llena de odios y desengaños, había quedado la vida del cristiano nuevo después de 1.391. Llena de Inquisidores quedará la existencia del que decida quedarse en SEFARAD el año de 1.492.

Por Fernando García de Cortazar (Historiador)
     
Historia vascos Rabino vasco
Historia de los JUDIOS EN VASCONIA


Datos aportados por don MARIANO AGIRITA Y LASA en el año 1904, y respetando su grafía original:

Los testimonios aducidos por los historiadores para justificar la existencia de la raza hebrea en el pueblo hispano en el siglo III de la Era cristiana, no se armonizan con los que se ocupan de la implantación de dicha raza en el país vasco, á la que asignan una época muy posterior, en lo que atañe á documentos fehacientes.

Es cierto que un escritor del pasado siglo, el más perito acaso en estudiar la manera de ser de los vascos, describió la vida de la grey israelita en nuestro suelo constituyendo un estado completo, con su aljama y sus ritos, con vida independiente y con no pequeña influencia entre los cristianos en los comienzos en los comienzos del siglo VIII y principio del reino pirenaico ; pero es de creer que, en este punto, se dejó guiar el escritor de referencia más por las alas de su imaginación fecundísima que por los senderos de una crítica imparcial.
Los hijos de Judáh no empiezan á dar señales de vida en el país vasco hasta el año 905, cuando derrocado por completo el imperio del Islam, y definidos con mayor fijeza los atributos de la autoridad real por mano de Sancho Abarca, se abría camino la raza hebrea para demostrar su incesante actividad en la precisión de repoblar las ciudades llanas, nuevamente redimidas; y á esta época parece deber su origen la primera sinagoga, fundada en la Navarrería de Pamplona con número no insignificante de judíos, que más tarde tanto había de influir en las discordias civiles en la capital.

Verificóse algunos años después, en 958, un acontecimiento de gran importancia para los hijos de Judáh, cual fué la venida que rabbi Abu Joseph Aben Nasdai, renombrado físico del califa de Córdoba Abd er Rahman III, hizo á Iruña, á petición de la Reina de Navarra D.ª TOTA, con el motivo que diremos luego.
Todos aquellos agasajos que, según relatan los historiadores se hicieron al famoso médico, de quien esperaban no sólo la curación del rey D. Sancho el Gordo de León, sino el auxilio eficacísimo de que tanto necesitaba para recuperar su trono, es de creer redundarían en pro de la grey israelita; porque es cosa por demás averiguada, que el judío, cualquiera que sea la situación en que se encuentre, no olvida jamás lo que debe á su raza; y rabbi Abu Joseph Aben-Nasdai, que tanto había hecho por los suyos, merced á su valimiento con el califa cordobés, en las llanuras de Andalucía, no dejaría de aprovecharse de su influencia con la Reina de Navarra para favorecer á sus hermanos de Vasconia.

Ello es que, á principios de la siguiente centuria, no en Pamplona solamente sino en Tudela y otros puntos, donde los hijos de Judáh aparecen por documentos fehacientes entregado de lleno al negocio que más cautivaba sus corazones, cual era manejar dinero y hacer fortuna, en lo que fueron siempre maestros.

Figuran en 1033 los hermanos Juseph y Albofazan, de Tudela, comprando de Galín Ciprián una algolecha; recibiendo en 1042 la donación que D. Juan Díaz les hizo de varias piezas en Mosquera y el agua de la fuente del Mallolo, donación que debemos suponer no se haría por puro cariño, sino por temor de algo grave que no dice el documento; adquiriendo en el mismo año de D.ª Alvira Martínez de Almansa una algolecha en el propio término de Tudela; ó prestando dinero so fianza de un terreno á Guillermo Tort, con todas las seguridads que podían proporcionase.

Y en los años sucesivos vemos á los dichos Juseph y Albofazan, secundados por D. Muza, hijo del primero, otorgando escrituras de empeños de fincas para responder de módicas cantidades de dinero, con que aparentaban favorecer á los cristianos de EESTELLA y TUDELA, CASCANTE, MONTEAGUDO, VALTIERRA, ABLITAS, FONTELLAS y hasta de lugares tan míseros como ARAZURI.

De esta manera se iban haciendo lugar entre los cristianos, aprovechándose de sus necesidades, no menos que de la benignidad de los Reyes que les abrían la puerta para que entrasen á poblar distintas localidades, si ya no fomentaban su engrandecimiento concediéndoles fueros especiales, como veremos al estudiar su influencia política, igualando sus condiciones personales con las de los cristianos y permitiéndoles alternar con éstos, no obstante las prohibiciones de los concilios toledanos, y especialmente la del cuarto de Letrán, celebrado en 1215, cuyo capítulo LXVII prohibía severamente á los cristianos andar en comercio con los judíos, que les agobiaban con usuras inmoderadas, y excitaban el celo de los príncipes cristianos par aque protegiesen á sus súbditos contra la avaricia de los israelitas.

Y como tal disposición no tuviese efecto en el país vasco, el Papa Gregorio IX, por su bula dada en Letrán á 7 de Junio de 1233 y séptimo de su pontificado, llamó la atención del Rey D. Sancho VIII de Navarra, significándole el gran escándalo que resultaba de que anduviesen confundidos cristianos y judíos, y el peligro que con ello tenían de mezclarse aquéllos con mujeres judías y éstos con cristianas.
Y concluía amonestando á dicho Monarca para que obligase á los israelitas á llevar vestido distinto del de los cristianos, á fin de que pudieran ser siempre conocidos

Esta disposición envolvía gran trascendencia, puesto que tendía á establecer un valladar entre las dos razas, y á mantener vivo y perenne el antagonismo que originaba la diferencia de religión y de categoría social, muy en armonía con la idea que los cristianos tenían de los hijos de Judáh.

Consistía la distinción de vestidos, según disposición expresa del Pontífice, en un RUEDO DE FIELTRO ó de paño de color de azafrán, de cuatro dedos de ancho en su circunferencia, COSIDO sobre el vestido en el pecho y en la espalda.
Igual solicitud mostró Gregorio IX respecto á los reinos de Castilla y Portugal; pero si en dichas regiones fué obedecida la disposición pontificia, no sucedió otro tanto en Navarra; como que al siguiente año volvió el mismo Papa á dirigir otra bula al primero de los Teobaldos, apretándole sobre las mencionadas divisas de los judíos.

No consta que este Monarca cumpliera el mandato de Roma, y hay motivo para creer que siguiera la misma conducta su sucesor Teobaldo II, á quien vemos en 1256, no sólo no mortificando á los hijos de Judáh en modo alguno, sino andando en tratos con ellos, como lo prueba una escritura otorgada por Lope Ortiz, baile de Tudela, cambiando una viña del Rey, y en nombre de éste, sita en el término de Albates, por otra que , judío tudelano, tenía en la fuente de Juan Díaz, con todas las seguridades y fianzas que eran de rigor, como si se tratase de un particular cualquiera, porque los judíos no guardaban mayores consideraciones á los reyes que á los demás mortales, en tratando de dineros ó de bienes.

El Rey D. Teobaldo II, que antes apenas había hecho caso de las amonestaciones pontificias, fué ahora precisamente quien acudió á la Sede Apostólica en demanda de auxilio, y el Papa Alejandro IV, pro su bula dada en Viterbo á 5 de Octubre de 1527 y tercero de su pontificado, le autorizó para QUITAR á los judíos TODOS LOS BIENES que constase legítimamente habían hecho por medio de la usura, y devolverlos á sus legítimos dueños si pudieran ser hallados éstos, y, en caso contrario, para invertirlos en usos piadosos.


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Historia vascos Auto de Fé o proceso a judios

JUDIOS EN PAIS VASCO y NAVARRA II

Este fué un golpe terrible para los israelitas vascos, puesto que patentizaba el fin que les movía al relacionarse con los cristianos y estimulaba á éstos á no fiarse de tan interesados vecinos.
Es cierto que no había otros medios de comunicación social entre los individuos de ambas razas; porque, ENCERRADOS los judíos EN SUS ALJAMAS cercadas de altos muros, no hacían pública su manera de vivir en cuanto á las interioridades domésticas, practicando sus ritos mosaicos y ejerciendo la poligamia, no obstante la prohibición señalada en el libro sagrado del Levítico, de contraer matrimonio dentro de los grados de parentesco prescritos en el mismo; pero podían tener cuantas mujeres pudiesen gobernar, no pudiendo desamparar á ninguna sin desamparar á todas; conservaba el padre dentro del hogar doméstico su extremada autoridad, á tenor de la memoria que guardaban de las costumbres patriarcales; autoridad que obtenía el hijo cuando contraía matrimonio, si bien no quedaba del todo emancipado de la paterna, respetada hasta la tumba.
Al cumplir los veinte años cobraba el varón respecto de la aljama los privilegios de la mayoridad, y en tal concepto figuraba ya en la capitación, considerado desde aquel momento como vasallo, ora del Rey, ora de los maestres, prelados y magnates, para todo linaje de servicios.

Tales condiciones hacían que la raza hebrea se acrecentase extraordinariamente y creciesen por lo tanto los tributos que había de pagar á sus señores; pero no mejoraba por este concepto su situación social en medio de un pueblo que veía con malos ojos la multiplicación de la raza deicida.

Séanos lícito traer aquí á colación un documento curiosísimo, que indica del modo más expresivo el concepto que el israelita merecía á sus cohabitantes, en materia de honradez y fidelidad. Tal es el famoso Juramento del Judío, que aparece en el Fuero general de Navarra (Lib. II, tit. VII, cap. III), publicado en la segunda mitad del siglo XIII, y que, cualquiera que sea su compilador, no puede negarse que demostró cumplidamente el concepto que merecían á los cristianos los hijos de Israel y el grado de estimación social que éstos se habían granjeado.
Al verificarse un juicio entre dos individuos de ambas razas, al cristiano le bastaba jurar sencillamente según la fórmula establecida en los casos respectivos, pero al judío se le obligaba á jurar según la ignominiosa y degradante fórmula que copiamos á continuación:

"Di tu, Iudio, ¿cómo has nompne?.
"-Iuras a tu este Xpiano que dizes verdat, o dreito por aqueilla demanda que eill te fizo, tu disist de non?

-Iuro.
"-Iuras por el Domino Dios Padre poderosso, que fizo Cielo, tierras, Mar, abismos, Angeles, Arcangeles, Tronos, Dominaciones, Principatus, Potestates, Cherubin, Seraphin, todas las Virtudes qui hi son?-

Iuro.

Historia vascos Judios en Vasconia
JUDIOS VASCONIA -III

Esta humillación, por la que se hacía pasar á los judíos en cualquier juicio que tuvieran con cristianos tenía que engendrar en ellos un odio á muerte, que disimulaban hasta que llegase la ocasión de traducirlo en hechos positivos.

Y la ocasión se presentó, aunque no con los síntomas favorables que ellos apetecían.

Al morir en 1274 el Rey D. Enrique, el Gordo, sucesor de D. Teobaldo II, su hermano, estallaron las discordias que de antiguo dividían, más que los muros, á los ciudadanos de la Navarrería de Pamplona y á los moradores del Burgo de San Cernín y San Nicolás, obligando á la Reina viuda D.ª BLANCA á buscar asilo en la corte del Rey Don Felipe de Francia, bajo cuya protección puso á su tierna hija D.ª Juana.

En aquella terrible sublevación, que tan cara costó al gobernador D. Pedro Sanchiz de Montagut y tan de relieve puso las excelentes cualidades del caballero francés Eustaquio de Bellamarca, los hijos de Judáh, unidos á los de la Navarrería, cometieron toda suerte de violencias y desafueros, llevando más de una vez el robo, el incendio y la muerte al Burgo de San Cernín, sin perdonar en su destructor enojo las viñas y heredades.

No conocieron en esta ocasión los judíos el terreno que pisaban. Traidores y felones, falsos y glotones, según los apellida el poeta Guillermo de Aneliers, no pensaron más que en la ganancia que podían sacar del río revuelto de los cristianos, sin discurrir que al voltear la rueda de la fortuna podían caer sobre ellos mayores calamidades.

Sitiada la Navarrería en 1276 por un poderoso ejército al mando de Bellamarca, fué entrada á saco con horrible carnicería, dominaron en ella el incendio y la muerte, y la judería fué víctima del más espantoso exterminio, en que pereció con su sinagoga, sus sacerdotes y sus riquezas casi toda la generación hebrea.

La judería de Pamplona no fue reconstruida hasta el año 1336, pero durante este largo espacio de tiempo no permanecieron inactivas las demás aljamas del país vasco, y lo que no podía hacer la sinagoga capital, lo suplieron con ventaja las de Estella, Tudela, Viana, Funes y otras de menor importancia, no obstante los apremios que adoptaron los monarcas de la casa de Francia para esterilizar la actividad de los hebreos y quebrantar sus riquezas.

Solamente D. Luis Hutin se mostró más favorable á los judíos, llegando á declarar en un documento público que los tomaba bajo su protección y haciéndoles varias concesiones; de cuya actitud se valieron los hijos de Judáh para seguir su camino de atesorar dineros y de inmiscuirse en los negocios de sus convecinos por medio de préstamos en moneda y trigo, de compras y donaciones en su favor.

Caballeros é infanzones, clérigos y seglares, hombres y mujeres caían á porfía en las garras de los judíos y judías para obtener dineros.
En 1276 apenas quedó un judío en Pamplona; en 1329 fueron destruidos en su mayor parte los de las otras merinddes; en 1368 alcanzan ya solamente en Navarra mil cabezas de familia, que pagan al Rey una pecha anual de 12.000 florines.

Y es de observar que en lo restante del territorio vasco apenas se nota la existencia de los israelitas, ni se conservan documentos para estudiar su condición social entre los cristianos.
Así se ve que, fuera de las juderías de Vitoria y Villabuena, cuya capitación en 1294 acusaba una menguada existencia, no sólo en las regiones de Guipúzcoa, Alava y Vizcaya, sino en territorio del mismo reino de Navarra, como el Baztán, Bertizarana, Aézcoa, y, en general, toda la Montaña, apenas se nota más paso de judíos que el de los encargados de recoger las pechas y tributos reales,lo cual sabían hacer á maravilla; pero no resultan documentos de préstamos ni de exacciones usurarias en los valles referidos, porque no se prestaban á ello, ó por su carácter natural ó por su desahogada posición, de menos exigencias que los pueblos próximos á la mansión real; y en regiones como Vitoria, por la natural ojeriza que guardaban á los hijos de Judáh, contra quienes pedían y obtenían del Rey D. Alfonso el Onceno, en 1332, "que los de Vitgoria ovieron de uso e costumbre de luego tiempo, seyendoles siempre goardado, que los judíos que morasen en la villa ni en otro logar, que non fagan cartas de debdas sobre los cristianos vecinos dende, et que si las fiçíeren que no valan".

Así se explica que ni en tiempos de prosperidad ni en circunstancias azarosas adelantaran en intimidad las relaciones sociales de cristianos y judíos en el país vasco.


Historia vascos Sinagoga


JUDIOS EN VASCONIA-IV

Sin embargo, no tardó la ocasión de demostrar la enemiga que los vascos guardaban á los hijos de Judáh, en el terreno religioso.

La famosa Guerra de los pastores, especie de remedo de las gloriosas hazañas de las Cruzadas, iniciada en 1321 allende el Pirineo, que tan horrorosos estragos produjo en la Francia meridional sobre los descendientes de Israel, no obstante los clamores y amenazas de la Sede Apostólica, movió sus terribles hordas contra los judíos vascos de aquende, y capitaneados por el benigno D. Alfonso, hijo de D. Jaime II.

Pero la mecha estaba ya encendida y sólo faltaba quien la aplicase á la leña. Tocóle hacer este oficio á un religioso del convento de los Menores de Pamplona, llamdo Fr. Pedro de OLLOCOYEN, quien empezó á predicar, pro aris et focis, contra los judíos, concitando con sus sermones y consejos el odio de los cristianos, que no necesitaban mucho estímulo para estallar contra la grey proscrita.

Tudela, Funes, San Adrián, Marcilla, Viana y Estella presenciaron escenas horribles, muros y puertas derribados, la sangre corriendo por las calles, miles de judíos degollados en horrenda carnicería, y sus casas y aljamas dominadas por el incendio y saqueadas bárbaramente.

Y en medio de aquella espantosa hecatombe, sobresaliendo la exaltada figura del fraile franciscano aguijando á los cristianos al pillaje y matanza de los israelitas. ¡Escándalo abominable en una persona que por su condición y estado debía recomendar la mansedumbre y la caridad de Jesucristo y de su Iglesia, que no quieren la muerte de nadie! ¿quién diría que luego se había de ver el tal religioso envuelto en un proceso por causa de lo mismo que él predicaba á los cristianos?

El concejo de Estella, donde mayores habían sido la carnicería y el estrago, fué condenado á pagar diez mil libras de multa, y el de Viana doscientas, por la parte que habían tomado en la ruina de los hijos de Judáh.

Con este lamentable acontecimiento quedó muy mermada la raza judiega en nuestro suelo, pero no por eso ganó el sentimiento religioso de nuestros mayores.

Pasados aquellos momentos de efervescencia, que sólo tenía de religiosa la apariencia, los judíos van rehaciéndose paulatinamente merced a su actividad prodigiosa, y antes de concluir aquella centuria se les ve ascender á puestos de consideración que antes no habían obtenido.

Los Reyes D. Felipe y D.ª Juana, D. Carlos II y D.Carlos III les llenan de mercedes, les hacen donaciones ó remisiones de importancia, permítenles, si ya no les ayudan, á reconstruir las juderías, reconócenles sus fueros y privilegios, y confíanles, por último, tales oficios que les obligan á comunicarse con frecuencia con obispos y clérigos, con religiosos y religiosas.

Y con todo esto no se altera el orden religioso en el país vasco. Los judíos persisten en su obstinación sin hacer un solo prosélito, antes al contrario, presenciando conversiones como la de luis, el ahijado del Infante don Luis, hermano de Carlos II, y las de los dos que se bautizaron solemnemente en Olite el día de Navidad de 1392, en cuyo acto desplegó el real padrino toda su acostumbrada esplendidez; pero no se encuentra un documento que demuestre que ningún cristiano vasco renegara de su fe para pasarse al judaísmo; y si algún valor tuviera la leyenda de Orsini, de Cáseda, según la cual fué acusada de judaizante aquella joven hebrea bautizada, únicamente probaría que no había sido sincera su conversión, y que guardaba cierta consecuencia en el obrar la que renegó de la fe de Dios para renegar luego con infame adulterio la fe debida á su esposo.

Por donde se ve que no tuvo influencia alguna la existencia semítica en el pueblo vasco, en el terreno religioso, ni perjudicó en modo alguno al triunfo de la Cruz redentora que nuestros mayores llevaron siempre sobre su corazón y sobre su cabeza, poniéndola en la frente de sus hijos al nacer, escudándolos con ella durante su paso por el mundo y coronando su humilde sepultura en el término de su jornada.

A más especial mención se han hecho acreedores en el terreno literario, aunque los frutos de la erudición judaica en nuestro suelo afecten más á la literatura en general que á la euskara.
Figuró ya en el siglo XII el famoso rabbi BENJAMIN Ben Jonah, natural de TUDELA, sujeto de gran discreción, muy erudito en Sagrada Escritura, en historia, en ciencias y artes, VIAJERO por las tres parte del mundo, Europa, Asia y África, cuyas descripciones consignó en su renombrado Itinerario, que no obstante la diversidad de opiniones que merecio á los eruditos acerca de la veracidad de sus asertos, tiene el honor de haber ocupado las prensas tipográficas para diez y siete ediciones en distintas lenguas, en menos de dos siglos.

En el XIII aparece otro hebreo, natural de la misma ciudad de Tudela, llamado rabbi Chaiim Bar Samuel, discípulo de Rabbi Selomoh Ben Adereth, gran filósofo, cabalista y poeta, autor de las obras Hacecito de la vida, ó comentario de las dos pates de la doctrina de la Cábala, y Hacecito de plata, ó tratado de filosofía moral.

Rabbi David Destiliiah, nació en Estella en 1306; fué jurista, expositor y predicador ó doctrinero de los judíos, y dejó escritos los libros siguientes: Libro de la Torre de David, ó colección de sermones doctrinales: Casa de Dios, ó exposición de los preceptos de la Ley de Moyses: y Ciudad del Libro, ó recopilación de los preceptos ó instituciones rituales de los judíos, según la doctrina de sus maestros: de todas estas obras parece ser que sólo ha sido impresa la Torre de David.

En Estella nacieron también el insigne teólogo , y su hijo Menahem Aben Seraq, triste narrador de las matanzas de 1328, que en la catástrofe de Estella tuvo el fatal privilegio de ver degollar á su padre, á su madre y á sus cuatro hermanos.
Debió su salvación á la piedad de un soldado que le amparó cuando había sido dejado por muerto. Acogido Menahem Aben Seraq á Castilla, encontró asilo en la ciudad de Toledo, donde su ciencia le elevó al rabinato de aquella principal sinagoga, mereciendo que su nombre figure dignamente en la historia científica y literaria del siglo XIV.

¿Cómo no mencionar aquí el nombre de rabbi Selomoh Halevi, el famoso judío converso, llamado desde su bautismo D. Pablo de Santa María?
Nació en Burgos el año 1350, de noble y esclarecida familia de Navarra, y sus hechos gloriosos no pueden ser expuestos en esta pequeña noticia.

Del mismo siglo XIV es otro escritor hebreo llamado rabbi , natural de Tudela, médico, filósofo y talmudista célebre y gran enemigo de los cristianos, autor de la Piedra de toque sobre las profecías y el Evangelio; del Huerto de las Granadas, ó explicación de las alegorías del Talmud; del Descubridor del secreto, ó exposición de los Comentarios de Aben-Hezra al Pentateuco; y pasa además por traductor de las obras De Anima y Physica auscultatione de Aristóteles, y del Libro de Medicinas de Almanzor.

Pasemos ahora á estudiar otro punto no menos importante, ó sea la influencia política del pueblo hebreo en el país vasco.




JUDIOS EN VASCONIA- V

Corría el año 958 de la Era Cristina, cuando llegó á las puetas de la hermosa ciudad de Córdoba numerosa y brillante cohorte de caballeros, que llevaban á Abd-er-Rahman III la más peregrina embajada de parte de la Reina de Navarra D.ª TODA AZNARIZ, viuda de D. Sancho García II y madre de D. García Sánchez IV.

Admitidos á presencia del Califa, exponíanle en efecto los embajadores que la indicada Reina solicitaba de su magnanimidad que, olvidando antiguos agravios, le facilitase uno de los sabios físicos de su corte para curar la enfermedad de gordura al Rey D. Sancho de León, nieto de dicha Reina.

Oyó el Califa la petición y despachó luego á los caballeros, prometiendo enviar uno de sus gualíes para tratar con D. Sancho de la curación de su enfermedad y auxiliarle en la recuperación del trono, de que había sido despojado por Ordoño IV, el Malo.

Vino en efecto á Navarra, enviado por Abd-er-Rahman III, el famoso médico judío Rabbi Abu Joseph Aben Hasdai, siendo recibido en Pamplona con toda suerte de agasajos; quien, más atento á los intereses del Califa su amo, que á la necesidad del gordo monarca, prometió la curación de éste y su reposición en el trono lenonés, pero exigiendo que la Reina y su nieto se trasladasen a Córdoba para verificar lo primero, y que en recompensa de lo segundo se habían de entregar al Califa hasta diez castillos.

Todo se hizo á gusto del judío. El Rey D. Sancho se vió curado de su enfermedad y restituido por un poderoso ejército sarraceno en el trono de Ramiro II.

Ahora bien: todos aquellos obsequios que Rabbi Abu Joseph Aben Hasdai recogió en su paso por Pamplona, y las albricias que obtuvo por la curación de D. Sancho y su reposición en el trono, debían reflejarse directamente sobre sus hermanos del país vasco, y hacerles menos repugnantes ó más agradables á los monarcas navarros, en lo cual podía influir el famoso rabino, dada su preponderancia en el califato de Córdoba, á quien el trono de Vasconia no podía menos de guardar ciertas consideraciones.

Ya fuese por su extraordinario crecimiento, ya por los servicios que hacían á los reyes, se observa que en los fueros y cartas-pueblas se van ensanchando á los israelitas los derechos que antes se les habían negado ó escatimado, y corriendo el tiempo se les va IGUALANDO en la estimación y seguridad personal á los demás pobladores.

En los fueros concedidos por D. Sancho el Mayor y Don García á los moradores de Nájera, se iguala á los judíos con los monges é infanzones en cuanto á la pena que debían pagar por homicidio ó por heridas, y con los vasallos cristianos, así nobles como plebeyos, en los derechos relativos á la propiedad; en los cuales fueron confirmados por el Rey Alonso VI en 1076.

Casi igual benignidad se nota en el renombrado fuero de Jaca, concedido en el año 1090 por el Rey D. Sancho Ramírez de Aragón y Navarra, al cual fueron después aforadas tantas ciudades, villas y lugares de Vasconia.

En él fueron igualados los judíos y los vendedores de pan, si bien se hizo á uno y otros de peor condición que á los demás vecinos, prohibiéndoles ir al molino que quisieran, sin duda por tener en Jaca algún molino propio de la ciudad, á donde deberían ir los judíos y vendedores de pan y pagar alguna cantidad; pero no se hizo más excepción de ellos en cuanto á la administración de justicia en lo civil ni en lo criminal, quedando por ende sujetos á dicho fuero como los demás vecinos.

Este recuerdo, que los monarcas navarros, castellanos y aragoneses hacían de los hijos de Judáh en sus fueros y cartas-pueblas, no significaba solamente una tolerancia política, sino cierto afán de ganarse el afecto y estimación de la raza proscrita, no sólo para impedir que se marchasen los que vivían en el país, sino para que vinieran á él los que estaban fuera.

Y como los judíos no necesitaban mucho de tales estímulos, llegan muy pronto á constituir en cada localidad una especie de república, y consiguen del Emperador D. Alfonso, en 1150, un fuero especial para la aljama de Tudela, á raíz de la conquista de dicha ciudad, en que se les da toda suerte de seguridades, se les afora al fuero de Nájera, se les libra á perpetuo de pagar portático en los mercados y se les faculta para vender y comprar libremente, sin pagar calonias, ni homicidios, sino según el dicho fuero de Nájera.

Semejantes concesiones obtienen al poco tiempo los de Cáseda, Carcastillo y Peña, del mismo Emperador, quien les afora á los fueros de Soria y de Daroca, en que se les iguala á los demás pobladores; llegan á constituir en Estella una población aislada é independiente, llamada Olgacena, sobre la iglesia del Santo Sepulcro, que después viene a ser propiedad de los barones, por donación del Rey D. García Ramírez VII en 1135.
Y á tanto llega la parte activa, aunque secundaria, que los hijos de Israel van alcanzando enla suerte de los estados cristianos, que logran incorporarse temporalmente en los ejércitos reales, y el Rey D. Sancho Garcés el Sabio, de Navarra, no contento con permitir gozar de su fuero propio á los judíos de Tudela, pone bajo su guarda el fuerte castillo de dicha ciudad y los de Funes, Estella y Marañón, ampliando á los primeros con notables inmunidades y franquicias.

El documento original que poseemos, dado en Tudela en Julio de 1170, pone de manifiesto la importancia de tamaños privilegios.

Consistían éstos principalmente, además de la facultad de vender y comprar con libertad absoluta todo género de heredades y fincas urbanas, situadas dentro de la judería, en la exención del impuesto conocido con el nombre de lezta en toda Navarra, equivalente al moderno de consumos; en la autorización, harto preciosa por cierto en aquellos días, tratándose la grey mosaica, para defenderse de todo linaje de agresiones dentro del expresado castilo, cuya custodia, á excepción de la torre mayor, ponía á su exclusivo cuidado; en darles por juez un merino real, al cual acudiesen con sus quejas los cristianos, y en otras no menos estimables inmunidades, relativas á la forma de los juicios y del juramento; todo lo cual era evidente muestra de lo estimable del servicio que el mencionado Rey D. Sancho esperaba en Tudela de la gente israelita.
Finalmente, les señalaba fuera de la ciudad un lugar á propósito para cementerio, lo cual contribuía á asegurar su permanencia en aquella población de la Ribera. Iguales privilegios concedió al año siguiente á los judíos de Funes.

Esta benignidad del Rey Sabio de Navarra tenía que producir sus frutos naturales en provecho de la raza proscripta y en beneficio de la cultura pirenaica.

Constituidos los judíos vascos en un estado político, aunque dentro siempre de la órbita general cristiana, desarrolalban su actividad prodigiosa en la industris de sus distintos oficios y manufacturas; ensanchaban el círculo de sus operaciones mercantiles, ingiriendo nueva savia al comercio, y producían hombres de tan elevada cultura como Rabbi Benjamín Aben Jonah, que en sus peregrinos viajes por Europa, África y Asia iba dando testimonio de la prosperidad á que habían llegado sus hermanos de Vasconia, cuya largueza le permitía tales expansiones.


Historia vascos Fray Ferrer o quemador de libros
Fray Ferrer quemando libros

JUDIOS EN VASCONIA-VI

Imitador de la conducta de su padre y abuelo, muéstrase favorable á los hijos de Judáh el héroe de las Navas de Tolosa, D. Sancho VII el Fuerte, quien en Marzo de 1211 confirma á la aljama de Tudela, con ánimo agradable y espontánea voluntad, los fueros que les concedieran sus predecesores; y esto á sabiendas y con expreso consentimiento del Obispo de Pamplona y de los seniores del Reino, que suscriben el documento, apreciando sin duda con el Monarca el beneficio que podía reportar al mismo la adhesión de la grey judiega, ya muy numerosa por este tiempo, de las que necesitaban el Rey y los grandes para sus empresas guerreras y hasta para sus necesidades domésticas.

Es cierto que á raíz de las matanzas de 1328 los representantes de la autoridad real simularon algún acto de justicia, imponieno las multas mencionadas á los concejos de Estella y Viana, procesando á Fr. Fedro de Ollogoyen, por haber dado "consejo y favor al pillaje", y aparentando oir las quejas de los oprimidos israelitas; pero con todo esto no se dió satisfacción á sus lamentos, no consta que produjera efecto el proceso formado al fraile franciscano, era levantada la multa impuesta a la ciudad de Viana por la matanza de los judíos, y el rey D. Felipe III se apropiaba sin escrúpulos de los bienes de los israelitas muertos ó fugitivos, á quienes no se reconocían herederos, al mismo tiempo que esquilmaba á las arruinadas aljamas de todo el Reino, exigiendo la suma de quince mil libras pra las fiestas de su advenimiento y coronación.

¿Cómo se explica esta conducta y cómo se armoniza este proceder en un monarca que al dictar el Amejoramiento del fuero general, que ilustra su nombre, se acuerda del estado lastimoso de los judíos, á quienes declara cosa suya propia, y en cuyo favor da por nulas las Ordenanzas de San Luis, introducidas por Felipe el Hermoso?

Esta contradicción demuestra el concepto que D. Felipe III tenía de su situación. Veía por un lado la animosidad que el pueblo cristiano guardaba á los judíos, animosidad difícil de acallar, dado el carácter de ambas razas, y por otro conocía la utilidad que en todos tiempos habían obtenido las rentas reales con la administración judiega; y estimaba prudente equilibrar estos dos puntos y sacar todo el partido posible de su situación aparentando oprimir á los hebreos mientras ponía todas las rentas reales al cuidado de D. Ezmel de Ablitas, judío riquísimo de Tudela.

Permitía que fuese reedificada la sinagoga de Pamplona y hacía la vista gorda cuando los jueces cristianos aplicaban la ley á los judíos de la manera más absurda.

En 1333 el juez de Tudela condenaba á Rismado, el Mozo, y á Jento, vecinos de aquella judería, á ser ahorcado por el hurto de una borrica, mandando enterrar viva á Pechera, hebrea cómplice de este delito, é imponía la pena de ser sofocado á Puntas, judío, que movido á piedad de sus hermanos, los descolgó de la horca; desorejaba en Fustiñana al hebreo Jacob, por hurto de dos panes; y en 1342 era ahorcado en Pamplona Don Azach, por haber falsificado una carta de pago. Todo lo cual se hacía á sabiendas del Rey y de su corte.

Por donde se ve que al mediar el siglo XIV era poco apetecible para la generación hebraica la hospitalidad que le ofrecía Navarra, lo cual fué causa de que muchos judíos buscasen abrigo en otros reinos; y si á esto se añade la gran mortandad que la peste negra causó en la raza proscrita, en la cual se cebó con especialidad, no obstante las prescripciones higiénico-litúrgicas del Talmud, se comprende que quedaran desiertas no pocas juderías, cuyos moradores huían aterrados por tan dolorosa calamidad, dándose prisa á vender sus ya mermadas heredades, en virtud del Amejoramiento de D. Felipe, y amenzando con una expatriación total del pueblo israelita.

Y entonces se cambiaron los papeles. Carlos II, que en 1349 había sucedido á su madre D.ª Juana, comprnediendo el peligro que amenazaba á la población de su reino y el perjuicio que se notaría en las arcas reales con la salida de los hebreos, pone todo su empeño en acariciarles para retenerlos.

Distingue con donaciones á su físico el Maestro Salamón de Tudela, confirma ampliamente á la aljama de dicha ciudad sus fueros y privilegios, autorizándoles para usar su ley de judíos en cuanto á procedimientos judiciales, admite á los judíos á ciertos cargos de la Casa Real, comisiona para hacer las provisiones de su hostal por todo el Reino á , con ocho sueldos diarios, pone al frente del Castillo de Tiebas á su amado Salamon de Polvorot, en premio de sus buenos servicios, se solaza con Bonafox su juglar, á quien señala una pensión vitalicia, y autoriza á la aljama de Tudela para que haga las Ordenanzas necesarias para su gobierno; logrando con este procede evitar algún tanto aquella expatriación que arruinaba su Estado, pero viendo con asombro que á pesar d etoda su magnanimidad á favor de la grey hebrea, ésta, que tan numerosa había sido en los años anteriroes á la invasión de lapeste negra, en 1366 sólo figura en el padrón del Reino con la suma escasa de 423 hogares ó vecinos judíos.
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JUDIOS EN VASCONIA-VII

Esta política de atracción, no obstante sus intermitencias y la merma que en las aljamas judiegas produjeran las epidemias mortíferas que asolaron nuestro país en el primer tercio del siglo XV, produjo algún efecto benéfico para la población hebrea, que en los primeros años del reinado de D. Juan y D.ª Blanca experimentó cierta reacción, especialmente en la Ribera.

Imitando estos monarcas la conducta del Rey Noble, no ponían obstáculo á la inmigración de los judíos de otros países, sino que por su cédula de 22 de Enero de 1435 aliviaban á los de Tudela las cargas que no podían pagar, para que los que eran absentados tornaran á vivir á su regno, volvían á encomendarles el castillo de dicha ciudad y les hacían toda clase de halagos para traerles á sus dominios.

Pero esta reacción no podía ser positiva, porque faltaba á la raza judiega del país vasco la principal armadura para sotenerse en su terreno.

Mermada por las causas enunciadas y pobre en demasía para ejercer su industria, volvía á experimentar la enemiga que siempre le había guardado el pueblo cristiano, enemiga que sólo se había contenido ante el amparo que los reyes habían concedido á los hebreos y la utilidad que éstos prestaban á señores y siervos.

La noticia que había circulado de la muerte que los de Tolosa habían dado á Don Gaon, judío de Vitoria y recibidor de todo el territorio de Guipúzcoa, cuando fué á cobrar la imposición real á dicha villa, repercutía en toda la Vasconia, amenazando concluir para siempre con los hebreos.

Colocados éstos, por lo que atañe á Navarra, en medio de aquel foco encendido á raíz de la muerte de la reina D.ª Blanca, merced á la conducta de su viudo, los que nunca habían medrado con las guerras civiles tenían que sufrir dura suerte, víctimas sucesivas de agramonteses y beaumonteses.

Era en vano que la gobernadora D.ª Leonor procurase conservarlos en su dominio, mandando en 1469 que se reedificase la judería de Pamplona y se obligase á los judíos á vivir dentro de sus muros, por el gran perjuicio que se seguía al Real Patrimonio de la destrucción de aquella aljama; ni durante el gobierno y breve reinado de D.ª Leonor y el de su nieto D. Francisco Febo podían sustraerse los hebreos á la general desconfianza que se había apoderado de su raza; perdida ya la esperanza del medro entre los cristianos, reducidos á gran pobreza, disminuido en gran número el contingente de sus aljamas, sin horizonte para animarse á nuevos trabajos, obligados de nuevo á llevar el DISTINTIVO que los separaba y hacía odiosos á los cristianos (1466) en virtud de constituciones sinodales, hostigados por sus propios hermanos los conversos, empezaron á desertar de nuevo de las villas, abandonando sus juderías, en busca de otra hospitalidad, recordando dolorosos las épocas de prosperidad que antes habían alcanzado en el país vasco.

Con el advenimiento de D. Juan de Labrit y D.ª Catalina al solio de los Garcías y de los Sanchos, la raza judiega tiene ya en el país vasco una historia, común con la de España.

En Guipúzcoa, Alava y Vizcaya, por su dependencia del Rey Católico; en Navarra, por la influencia del mismo, que miraba ya como propio aquello que todavía no había usurpado.
Es cierto que el Tribunal del Santo Oficio no había podido echar raíces en Navarra á pesar de dicha influencia, como lo prueba la acogida que Tudela dió á los asesinos del maestro Epila, por lo cual eran severamente amenazados por el Rey Católico, como si ya no hubiera rey en Navarra; pero no lo es menos que su influjo se dejaba sentir tan eficazmente como si ya hubiera sido admitido, merced á la sumisión de nuestros últimos reyes á la voluntad de D. Fernando.

En Vitoria no sólo se acordaba por el Consejo, en 28 de Mayo de 1482, rehabilitar la antiguas ordenanzas, que vedaban á toda mujer cristiana la entrada en la judería, acuedo que agravaba en 24 de Julio del mismo año, añadiendo que ninguna persona cristiana fuese osada en día de sábado "á façer fuego, nin guisar en casa de judío para judío alguno", sino que, ya en 16 de Junio de 1486 mandaba pregonar por calles y plazas ciertos artículos acordados por el alcalde, regidores y diputados, en que invocando el servicio de Dios y de los Reyes y el "aumento de la fe católica" disponían:

1.º Que nadie entrara en la Judería á vender hortalizas ni vianda alguna, limitándose á expenderla del lado afuera de su pueta.
2.º Que ninguna moza ni mujer casada entrase en la expresada Judería, bajo ningún pretexto, sin la compañía de un home lego, que la vigilara y guardara hasta su salida.
3.º Que ningún judío recibiese en su casa á mujer cristiana, de cualquier estado ó condición que fuese.
4.º Que ninguna mujer ni moza cristiana "se alquilara á jornal" á judío ni judía; todo bajo penas aflictivas y pecuniarias.

Con tales Ordenanzas, agravadas cinco años más tarde con nuevas restricciones, se cerraba la puerta á toda negociación entre los individuos de ambas razas; extendíase la atmósfera de aversión que el país vasco profesaba á los hebreos, renunciando hasta á darles la hospitalidad que por tantos años habían disfrutado.

La villa de Tafalla convenía en 1492 con la ciudad de Tudela en no recibir en ambos pueblos á los judíos expulsados de Castilla que intentaban entrar en Navarra, por creerlos ser en total perdición de las repúblicas de este regno.

Así que al reproducirse el edicto de expulsión, librado por los Reyes Católicos en 1492, eran relativamente muy pocos los judíos existentes en el país vasco.

De Alava, Guipúzcoa y Vizcaya salieron bastantes á raíz del mismo para embarcarse en Santader y Laredo; de Navarra, para la Provenza y Francia; pero, al menos en Navarra, fueron más los que se quedaron, convirtiéndose á la Fe de Jesucristo y renunciando sinceramente á la mosaica.
JAVIER AROCENA

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